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PANC
Publicado: Miércoles, 24 de septiembre de 2003

Si el consumismo pudiese hablar, elogiaría a la sociedad capitalista actual


El verano está en sus útimos estertores y se aferra con dientes y garras a una pelea de por si, perdida. Y como las estaciones del año son repetitivas, no debería porqué estar tan empecinado entonces, podría uno pensar. Pero sin embargo lo está. Y como vivimos en una sociedad democrática, dejémoslo entonces que proteste cuanto le de la gana.

Poco a poco empieza gran parte de la naturaleza de éste país a preparase para un largo invernío y los matices colorados de los paisajes que nos rodean, se ven por todas partes. Es hermosisimo!

Y tanto es así que estoy convencido además que el otoño es mi estación favorita, desde el punto de vista estético: el sol cae suavemente y algo diagonal desde arriba, mostrandonos contrastes que no se ven sino en éste período. Arboles y arbustos mimetizan su piel con el concierto rojoamarillento otoñal, la cual combinada con los últimos contornos del temporal apagón de la luz veraniega, provocan un cuadro magnífico que ningún pincel de genio podría imitar.

El caer de las hojas de los árboles nos comienza a preparar el alma, antes de la caída del mantél blanco del invierno que nos cubrirá durante casi seis meses, sintonizándo nuestros sentidos y sentimientos a tal traspaso.

Pero, el paso del verano al otoño no es solo eso. Hay también otros signos que nos están alertándo también de tal zancada, dentro del los cuales se destácan el cartero y la publicidad.

La moda de otoño ha llegado! A través del correo recibimos a diario réclames, propaganda y ofrecimientos que nos están explicando en pocas palabras y con variadas fotos en colores (a nosotros, los idiotas...) que tal o cual tipo de pantalón nos viene de perillas y que, qué tendremos que usar para estar in o cuales son las mejores botas y parkas que nos ayudarán , no solamente a sobrevivir un invierno más, sino además con la moda adecuada!

La sociedad de consumo, necesita de clientes voraces y hambrientos para llenar su insaciable cavidad estomacal. Y la moda estacional, al igual que el anzuelo de un pescador experto que cuando te atrapa ya no te suelta, ha entoñado todos los poros de ésta nórdica monarquía de papel, con su lengua rugosa.

He llenado ya bolsas y bolsas de papel llenas de réclames en donde me explican detalladamente porqué tengo que comprar tal chaleco protector que soporta menos veinte grados de temperatura a la interperie o bufandas cálidas de colores exóticos y muy largas para estar a la altura de cualquier ser "normal". Las bolsas las tiro a la basura y me pregunto algo extrañado, cuando fue que mi vieja bufanda de color negro (que ya cumple casi treinta años de existencia) perdió su capacidad generosa de otorgarle calor a mi cuello?

Hace poco nos llegó la noticia de "la fiebre del lujo" desde Londres. Se trata simplemente de personas cuyo necesidad de consumir ha llegado a niveles de enfermedad crónica. Pero en éste caso no se trata de comprar alimentos o botas invernales, sino por ejemplo de un refrigerador de tres llamativos colores o algo parecido, por el precio cercano a los diez mil dólares! Y si no lo logran, compran cualquier cosa de menos valor (algo asi como de cinco mil dólares...) para saciar su sed. Igual que un alcohólico o un drogadicto. Los entusiastas del globalismo salvaje y consumidor, nos quieren hacer creer que éste fenómeno no es más que la muestra de como la parte más conciente de la sociedad toma su responsabilidad para salvar el Incremento del Consumo, piedra de toque del capitalismo! El pequeño gran problemas es solamente que, ese Incremento por el cual pretenden que nos juguemos la vida, nos exige que consumamos cada vez más y más cosas que no necesitamos y las cuales no tenemos - además - como pagárlas, si no es con deuda vitalicia.

Un correcto y conciente ciudadano de ésta sociedad, debería estar dispuesto entonces ha marchar cada vez más erguido en su estúpido orgullo de estar haciendo algo por la patria , cuando ésta nos pide que "hay que aumentar el consumo privado para salvar la democracia".

Mi pregunta inmediata es, con qué medios...?
Si después de pagado el alquiler, la cuenta de la luz y la guardería infantil apenas si nos queda para pagar la locomoción colectiva que nos mal transporta de un lado a otro, para comprar comida en los negocios más baratos de la ciudad.

Desde Estocolmo.

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