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Publicado: Sábado, 27 de septiembre de 2003

Víctor Jara, el archivo extraviado

por Cristóbal Peña, 29 de marzo del 2001


Si hace tres décadas los sellos multinacionales evitaban a toda costa la canción que sonara a compromiso político, hoy uno de ellos está interesado en recuperar el tiempo perdido y anuncia para mañana la edición de la más completa discografía del asesinado compositor. La colección arranca con ocho álbumes originales y el agregado de valiosos y nutridos temas inéditos registrados en peñas, festivales y conciertos.

"La canción, de pronto, puede ser un arma terrible también. Y por eso que la industria de la canción, manejada por grandes empresas -ninguna de ellas latinoamericana por supuesto, pero con nombres en castellano-, viendo que surge una canción nueva que está al lado de la lucha del pueblo, la industrializa también y le da un título de protesta. Y ustedes pueden encontrar por ahí, por Venezuela, Perú, Colombia, Argentina, Chile... a muchos ídolos populares -o populacheros más bien- como cantantes de protesta. Nuestra canción no es una canción de protesta, es una canción popular, porque ella está unida íntimamente a la juventud y al pueblo, íntimamente en sus sentimientos más nobles en su deseo ferviente de ser libre y de vivir mejor. Por eso es popular".

Veintinueve años después del concierto de la Casa de las Américas en La Habana en que Víctor Jara enunciara la distinción entre canción de protesta y canción popular, sus palabras suenan proféticas al ser difundidas por una de las mismas industrias discográficas que fustigara el cantante. Pero la industria en cuestión no habla de canción de protesta ni de canción popular. Habla de patrimonio musical chileno, y bajo ese concepto presenta el hasta ahora concierto inédito Víctor Jara Habla y Canta, en Vivo en La Habana (1972), uno de los ocho discos del cantante que la multinacional Warner Music con sede en Chile publicará el viernes próximo como parte de un ambicioso plan de reedición del catálogo del cantautor.

La mayoría de los discos -con excepción del concierto en Cuba- ya han sido publicados en el país en diversos formatos, y seis de ellos fueron reeditados por el sello Alerce desde los años más duros del régimen militar. Pero esta nueva colección tiene un atractivo adicional que renueva el interés por el catálogo: más allá de un arte más atractivo y de la perfección del sonido, cada uno de los discos agrega temas inéditos o descatalogados desde su publicación original en acetato.

"Esta es la edición más completa y exhaustiva que se ha hecho sobre Víctor Jara", dice el productor general del proyecto, Carlos Fonseca, quien trabajó en representación de la viuda del cantante, Joan Jara, en la recopilación del material inédito. El proceso fue arduo y encontró varias fuentes. La primera de ellas fue directa, a partir de grabaciones que habían quedado inconclusas con músicos como Inti Illimani y el jazzista Mariano Casanova. Pero las piezas más valiosas y desconocidas fueron provistas por instituciones, coleccionistas y aficionados, quienes atesoraban grabaciones radiales y cintas registradas en directo en peñas, festivales y conciertos.

Carlos Fonseca reconoce que en algunos casos no fue posible identificar el origen de la grabación. Y por el contrario, en el proceso de investigación se descubrió que dos temas que originalmente habían sido incluidos en un disco en vivo registrado en México no pertenecían a ese concierto, sino que supuestamente fueron incluidos por quienes realizaron la grabación pirata. "Hay mucho trabajo invertido acá", agrega el productor. "Tratamos de buscar la mayor parte de las grabaciones disponibles y de ordenarlas cronológicamente. No creo que se encuentre mucho más".

Pena y Olvido

Más allá de los hallazgos con que suelen promocionarse las reediciones de músicos trascendentes, el grueso del catálogo de estudio de Víctor Jara que volverá a las disquerías bajo el patrocinio de una multinacional se basa en el repertorio heredado del desaparecido Dicap (Discoteca del Cantar Popular), el sello que el Partido Comunista fundó en 1967 y para el cual los grupos y solistas de la Nueva Canción Chilena publicaron sus obras más políticas.

"Chile era un mundo aparte en esos años, y sólo aquí pudo darse una situación en la que un sello le daba permiso a uno de sus artistas para que grabara en otro su obra más política", recuerda Rubén Nouzeilles, quien en ese entonces dirigía el departamento artístico de Odeón y dejó en libertad de acción a Víctor Jara, Quilapayún e Inti Illimani para que editaran en el sello del partido. Y aunque Nouzeilles es sumamente crítico respecto de la obra propagandística de los cantantes de izquierda, reconoce que así como una parte de lo grabado para Dicap tiene un gran valor artístico, también una fracción nada despreciable del repertorio de contenido político y social quedó en manos de la Odeón por decisión propia. Hoy el archivo de ese sello alcanza a los 38 temas en solitario y en compañía de Quilapayún y Cuncumén, y están disponibles al público parcialmente en el formato de discos compilatorios.

La misma suerte habían corrido las primeras canciones que el músico publicó para el sello del productor Camilo Fernández. Editado originalmente en 1966, el primer elepé homónimo de Víctor Jara pasó a propiedad de la Fundación el mes pasado.

"Después de 35 años que exploté ese material estimé que era oportuno cederlo", dice Camilo Fernández, aludiendo al disco donde aparecen las primeras versiones de estudio de "El arado", "El cigarrito", "La cocinerita" y "Paloma quiero contarte", entre otros. No es primera vez Fernández hacía algo semejante. Antes hizo lo propio cuando cedió dos discos a Illapu y, ante las presiones de Isabel Parra, terminó por entregar la propiedad de los fonogramas a los hijos de Violeta Parra.

Pero mucho más complicado que lo anterior fue convencer a Joan Jara de que no renovara el contrato con Alerce, el sello que a mediados de los setenta fundara Ricardo García. Turner no sólo tenía un vínculo afectivo con el hombre que fue amigo de su esposo y que lo defendió públicamente cuando éste fue censurado a fines de los sesenta por la canción "La beata", sino también sentía una suerte de deuda histórica con él. Sorteando la censura y arriesgando su propia vida, García publicó en 1978 un cassette de Víctor Jara con canciones románticas e instrumentales para amortiguar el impacto del tema inicial, "Manifiesto". Y no se detuvo ahí. En adelante, García fue reponiendo una buena parte del catálogo de Jara y de sus pares de la Nueva Canción Chilena.

"Para mi padre la muerte de Víctor Jara fue uno de los hechos más crueles que ocurrieron en dictadura, y ese sentimiento de injusticia lo motivó a acercarse bastante a Joan Jara para ayudarle a resguardar los intereses patrimoniales de la familia", cuenta la hija de García, Viviana Larrea, quien se hizo cargo del sello Alerce tras la muerte de su padre en 1991 y continuó desarrollando la labor de rescate patrimonial emprendida por éste. Pero en democracia las condiciones no eran las mismas que bajo régimen castrense, y en los últimos años el sello vio cómo se catálogo histórico era diezmado a manos de empresas multinacionales.

Primero fue Inti Illimani y le siguió Quilapayún, Violeta Parra y sus hijos Angel e Isabel. Pero ninguna partida le dolió tanto a Alerce como la de Víctor Jara. Era el más simbólico de sus artistas y el momento, el más inoportuno. La mañana del 11 de septiembre del 2000, Joan Jara anunció en una conferencia de prensa que el contrato con Alerce llegaba a su fin.

Prueba de amor

Si Carlos Fonseca fue el principal gestor de la colección que será editada mañana, también fue el instigador para que la viuda de Víctor Jara decidiera trabajar con una multinacional. "No me siento para nada el malo de la película", dice el productor y actual manager de Inti Illimani. "Que hayamos llegado a una multinacional es completamente fortuito, lo que determinó la decisión fue la calidad que había demostrado Warner con las ediciones de Quilapayún, la Violeta (Parra) y sus hijos. Víctor Jara se merece ese tratamiento y la oportunidad de ser publicado con ediciones más cuidadas en otras partes del mundo. Siempre me parecieron pobres las ediciones de Alerce".

Un acto de buena que terminó por convencer a la heredera del autor de El arado fue que la multinacional ofreciera un contrato de tres años. "Eso demuestra que están confiados en hacer un buen trabajo para poder renovarlo", apunta Fonseca, dando cuenta de que no hay marcha atrás en el proceso. Llámese canción de protesta o canción popular. Víctor Jara tenía razón. La gran industria andaba detrás de su canto.

Fuente: www.nuevacancion.net/victor

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