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PANC
Publicado: Viernes, 07 de abril de 2006

A mi hija Alicia Martha C.

Parafraseando Preámbulos y Ausencias


Dicen que el capitán de un barco se hunde con su nave, o sale a flote con todos los pasajeros y la tripulación. Tú y yo supimos dirigir bien el timón y salimos en alta mar con la frente en alto y triunfadora. Por eso, escribo esta carta como símbolo de triunfo y arañe corazones en el momento que suenen los acordes.
Tantas noches han aterrizado a mi techo plateado y los búhos murmuran que te quiero hasta el infinito. Que eres el aire que entra a mis pulmones y la estrella de mi vida. Tantos días han nacido en un charco elíptico y el sol desencapuchado ríe locamente en mi ventana. Soy alfarero de tus travesuras, mensajero de melodías que animan mis sentidos, eterno amador de tus canciones y travalenguas.

Cuando empecé a escribir poemas, claravidentes y doncellas de cuarto menguante me contaron de la pintura celeste de tu cuarto, de tus muñecas que juegan con la luna y de las gaviotas que tragan ausencia.
Algo se diluyó en mi pecho y camino descalzo por brasas que encienden mi esqueleto. Mis ojos son fuego. Mis pómulos invencibles viajan como estampillas; y mi barba se arrebata en este mundo equivocado. El cartero ya sabe tu nombre de muñequita porcelana. Además, soy león a chorro, militante del universo y rujo como trueno enfurecido cuando tratan de alejarte de mi entorno. Pero nadie sabe que ando con un enorme radar en el bolsillo, para detectar a los que se encuentran en el otro lado.

Ayer es hoy día, y sigo con el reloj que llevaba en el momento que corté el cordón umbilical. Desde entonces crujen mis brazos con los tuyos. Suspiro profundamente así como el bosque cuando juega con el viento en pleno otoño. Soy en realidad, tu eterna sombra para dar el zarpazo inalámbrico en el momento justo y necesario.

Hace un momento escribí una carta con pluma pisada por un colibrí y tinta china que salía de mi corazón. Tú y yo somos pobladores de este rincón, cañón lado a lado contra los malhechores. Guerreros somos para forjar nuestro destino y hemos decidido darle cara a la batalla.

Me acusan que soy ateo. Además; dicen los criticones, que soy un canalla porque no me doblego ante la corrupción. Los mariposones, que quieren volar teniendo cola de reptil, aseguran que soy irrespetuoso con los ortodoxos. Los figurones atrevidos, se empeñan en decir que las matemáticas me han vuelto un demente. Lo único que deseo es que existan diccionarios que contengan la palabra justicia. Anhelo un techo que proteja a cada mortal, leyes que protejan a los niños, acuerdos que aniquilen el odio entre los pueblos, una mesa popular, un sol que levante alegría en cada hogar y muchas otras cosas más.
En mi Patria, ha empezado la Tercera Guerra Mundial. Los quechuas, aymaras y guaraníes están empezando a saldar cuentas con los culpables del saqueo a la negra. El cóndor Mallku esta sumamente enojado. Vuela que vuela por los alrededores discurseando como Marcelo Quiroga. Quieren romper en mil pedazos la ley tributaria y la capitalización. El pueblo decidirá sobre el petróleo y el gas. Los minerales ya no se torcerán jamás. Las piedras preciosas brillarán bajo el cielo de los pobres. Los verdosos no formarán parte de la torta. Los mineros, comerciantes, transportistas, cocaleros, estudiantes y campesinos andan con el puño en alto. El Evo, con su nariz aguileña, anda olfateando a los vendepatrias. Èl y su gobierno están dispuestos a luchar contra los que tienen cara de Coca-Cola y tratan de imponer la McDonalización.

En fin, parece que se va a re-edificar el obelisco de La Paz y desde allí se lanzarán semillas de justicia hacia los nueve departamentos. Los poetas saldrán entonces vociferando alegrías del Palacio Quemado. Tomarán la palabra en la Plaza Murillo y gritarán, a los cuatro vientos, que el mundo debe girar con una gravitación más exacta. Y que ahora, el viejo Antonio ha resucitado para dar honor al pueblo que lucha por la causa. Las golondrinas cantarán que Alicia llegó al mundo como rocío de madreselva. Y que el poema cenicienta se convertirá en patrimonio de la humanidad.

Mi querida hija, tú sabes muy bien que estoy viajando en un oscuro fotón a mil kilómetros por hora. Mañana saldré a luz como espiga en el trigal y con mi pulso adornaré a los rebeldes con causa. Nosotros somos ciudadanos de cuarta dimensión, sabemos cortar la piedra, sembrar yuca y arar nuestros campos con bueyes. Tenemos las manos arrugadas por el cincel. El corazón doblado por convulsión y las piernas con catarátas. Somos de verdad, ciudadanos con metralleta al hombro cuando nos quieren arrebatar el gas y el petróleo. Por experiencia, no podemos canjear injusticias por falsos documentos. Ni podemos vender objetos con etiquetas doble cara.
Nuestro sindicato abarca a miles de hombres y mujeres. Y como tal, no podrán atacarnos por flancos construidos a medias tintas. A nosotros no nos torean por la espalda, porque somos tigres con dientes filudos. Los de camisa blanca y derechistas del gobierno, ya no podrán ocultar sus delitos bajo plumas de avestruz degollada. Es hora de proporcionar un megáfono rojo, para gritar democracia en tiempos de muñecos gatunos.

Hoy a las doce del día, los aceituneros de canastas verdes y negras, han anunciado que el pueblo está enfurecido. Los postes eléctricos serán levantados nuevamente. Los tractores y máquinas industriales serán devueltas a los trabajadores. Ya no habrá paro en las universidades. Ni huelgas que atrasan al país. Y lo más interesante, el coronel se pudrirá en sus botas negras de buitre hambriento. Te comparé entonces un sol de cobre para tu pelo, un traje de Blanca Nieves, un anillo de corales para que luzcas a plena luz del día.
Mi amada ratonita de peluche, debo despedirme por ahora. Pero antes de terminar esta carta, quiero confesarte que eres la sangre que se agita en las paredes de mi corazón. Eres mi bella poesía andando y la metáfora de mi vida.

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