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Publicado: Viernes, 03 de octubre de 2003

John Maxwell Coetzee, Nobel de Literatura 2003


El novelista es autor de complejas y desgarradoras novelas sobre la Suráfrica posterior al apartheid

El surafricano John Maxwell Coetzee ha ganado el Nobel de Literatura 2003 por exponer a lo largo de su obra "la complicidad desconcertante de la alienación", según ha anunciado a las 13.00 horas de hoy la Academia Sueca en un comunicado. Coetzee, nacido en Ciudad del Cabo en 1940, es el autor de complejas y desgarradoras novelas sobre la Suráfrica posterior al apartheid.

"Coetzee no aplica jamás la misma receta a dos novelas, lo que contribuye a la gran variación de su obra", destaca la Academia Sueca de este escritor, eterno candidato al galardón. "Su obra está fuertemente marcada por la época del apartheid lo que, lejos de darle carácter local, la convierte en universal", señala el comunicado.

Según la Academia sueca, Coetzee ha sido reconocido también por su "crítica sin piedad del racionalismo cruel y la moral cosmética de la civilización occidental", distanciándose siempre "del teatro fácil del remordimiento y la confesión". "Incluso cuando se transparentan sus propias convicciones -añade la Academia-, como en la defensa de los derechos de los animales, arroja luz sobre los fundamentos de esta convicción más que argumentar en su favor".

El jurado destaca que la obra de Coetzee se asemeja al famoso cuadro de Magritte en el que un hombre contempla su propia nuca en un espejo, con personajes que, en los momentos decisivos, se quedan "detrás de sí mismos, incapaces de asistir a sus actos". La pasividad se convierte de hecho en el último instrumento del que dispone el ser humano para desafiar un orden opresivo en el que se distingue a la perfección, aunque sea inútil, "lo que es justo de lo que no lo es".

1,1 millones de euros

Coetzeer ganó el Booker Prize, el galardón más importante de las letras británicas, por Vida y época de Michael K (1983), historia de un luchador por la libertad. También es el autor de las novelas Tierras en penumbra (1974), En el corazón del país (1977), Esperando a los bárbaros (1980) y Foe (1986). Además ha publicado varios libros de ensayos, como Doblando el cabo: Ensayos y entrevistas (1994). Su novela El señor de San Petersburgo (1994) explora nuevos horizontes narrativos, haciendo regresar a un Dostoievski ficticio al San Petersburgo de 1869 desde su autoexilio de Dresden. En 2002 se publicaron en España dos de sus obras, Juventud y La Edad de Hierro (escrita en 1990).

La ceremonia de entrega se celebrará en Estocolmo el próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte del científico sueco Alfred Nobel, que falleció en San Remo (Italia) en 1896. Nobel instituyó los premios que llevan su nombre en su testamento, otorgado en 1895. El 98º Nobel de Literatura está dotado con 10 millones de coronas suecas (1,11 millones de euros). El año pasado el galardón recayó en el húngaro Imre Kertész, mientras que V. S. Naipaul lo logró hace dos años y Gao Xingjian en 2000. Con el de Literatura comienza la semana de los Nobel. El 6 de octubre se conocerá el de Medicina, el 7 de octubre el de Física, y el Nobel de la Paz se anunciará el día 10.


Fragmento de ’La edad de Hierro’

La televisión. ¿Por qué la veo?
El desfile de políticos todas las noches: solamente tengo que ver esas caras toscas e inexpresivas, tan familiares desde la infancia, para sentir abatimiento y náuseas. Los matones de la última fila de pupitres de la clase, chavales torpes y huesudos, ya crecidos y ascendidos para gobernar la tierra. Con sus padres y sus madres, con sus tías y tíos, con sus hermanos y hermanas: una horda de langostas, una plaga de langostas negras infestando el país, masticando sin cesar, devorando vidas. ¿Por qué los sigo mirando, si me llenan de horror y de asco? ¿Por qué dejo que entren en la casa? ¿Tal vez porque el reinado de la familia de langostas es la verdad de Suráfrica, y la verdad es lo que me pone enferma? Ya no se molestan en arrogarse legitimidad. Se han sacudido de encima la razón. Lo que los absorbe es el poder y el estupor del poder. Comer y beber, masticar vidas, eructar. El parloteo lento y con la barriga llena. Sentados en círculo, deba tiendo pesadamente, emitiendo decretos como mazazos: muerte, muerte, muerte. Sin preocuparse por el hedor. Párpados pesados, ojos porcinos, iluminados por la astucia de generaciones de campesinos. Conspirando los unos contra los otros: lentas conspiraciones de campesinos que tardan décadas en madurar. Los nuevos africanos, hombres barrigones y de mejillas colgantes sentados en sillas de oficina: reyes Cetewayo y Dingaan con pieles blancas. Enormes testículos de toro apretados contra sus mujeres y sus hijos, apretando hasta que les quitan toda la chispa. Ya no queda ninguna chispa en sus propios corazones. Corazones lentos, pesados como pudines de sangre.

Y su mensaje estúpidamente invariable, siempre la misma estupidez. Su gesta, después de años de meditación etimológica sobre la palabra, es haber convertido la estupidez en virtud. Dejar estupefacto: despojar de sentimiento; aturdir, ofuscar; llenar de perplejidad. Estupor: insensibilidad, apatía, torpeza mental. Estúpido: con las facultades ofuscadas, indiferente, desprovisto de pensamiento o de sentimiento. De stupere, quedarse atónito o pasmado. Hay una relación de grado de estupor y estupefacción a estupidez, la esencia de la petrificación. El mensaje: que el mensaje no cambia nunca. Un mensaje que convierte a la gente en piedra.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net