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PANC
Publicado: Lunes, 04 de septiembre de 2006

¡QUé!...


-¿Cómo? –Por qué? -Cuándo, sí, pero, -Quién, -Por qué, -¿ahora?, No sé…¿Importa? -Tal vez, cuál vez, -estás soñando? No me acuerdo? ¿Dónde estás? ¿Vendrá? ¿Quién? Cualquier, ¿cualquier? Para qué?...Ah!... Y si lo intentáramos…? –No hay nada que hacer- Erramos? Somos? ¿Cómo? Ya… vino… Volverá?... No me importa… Y si viene- Para qué? Seremos cuántos, por dónde, acaso, comes, qué, cómo, no sé. Entonces?...

"El punto es, ¿Quién eres tú? No por qué o cómo, ni siquiera qué. Tal vez puedo ver qué, con bastante nitidez. ¿Pero quién eres? No sirve de nada saber. Eso no tiene nada que ver conmigo. No es cosa mía. A veces creo que percibo algo de lo que eres, pero es nada más que un accidente." –Eso. –Quizás tuviste una visión. –Una visión. –Una alucinación. –Una ilusión. "Dependemos de estos accidentes, estos accidentes inventados para continuar. No tiene importancia entonces que sea conspiración o alucinación. Pero cómo vamos, -A dónde? ¿Cómo? Por qué? Uno es cero. Eres sincero? Qué? "¿Vamos?"

Esta glosa de "Esperando a Godot", de Samuel Beckett y ‘restos’ de "Los enanos", de Harold Pinter, se ha podido unir gracias al cordón invisible del teatro del absurdo.

Decimos que algo es un absurdo cuando no tiene sentido, cuando el sin sentido, de la vida, de las cosas, del tiempo, del lugar, de la acción, del pensamiento ocupan nuestra inteligencia y no hayamos la lógica, las coordenadas que lo expliquen a nuestro sano entendimiento. Pero acaso, desde la antigüedad los hombres hemos esperado a ese Godot, que no sabemos qué es, si es algo, o como los enanos de Pinter, finalmente descubrimos que somos bichos que se alimentan de la carroña que dejan otros, no importa quiénes ni por qué, sólo que ese alimento ya no está más. Alimento para el cuerpo o el alma. Hoy somos un ‘esclavo técnico’, como señaló en "La hora veinticinco", Virgil Gheorghiu. Todos pasamos la vida esperando un mensaje, cuál, no importa es una ocupación cuando no tenemos nada que hacer.

Ionesco planteó que estamos solos en el mundo moderno. O somos rinocerontes, paquidermos pesados. Obesos. La gente se echa al consumo y se harta, pero qué sentido tiene ir tras las cosas, los deseos inventados, la ‘realización’ artificial mediante el Vacío. No hay espíritu, por pobre que sea que no piense que se ha perdido el horizonte, las ideas ya parecen no bastar, ni la moral, ni la ética. Queremos olvidar, qué y por qué? La gran orgía es general. Nada importa, sólo olvidar. Olvidar que somos hombres y decir con Terencio "soy humano y todo lo humano me concierne".

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