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PANC
Publicado: Lunes, 13 de octubre de 2003

La tolerancia es sabiduría


Vivir en el exilio no es fácil. Pero, evidentemente, la acomodación a ese estatus es individual aún cuando en un comienzo el colectivo sirva de gran apoyo. La gran mayoría sobrevive pero más de alguno, deja su vida en ese inténto.
La traba fundamental con la cuál se enfrenta el exiliádo, es la de integrárse al país que lo recibe, sin tener que renunciar voluntariamente a una parte de su identidad. Puesto que a pesar de sus buenas intenciones de adaptárse, existe un problema del cual no está conciente: su pesada carga cultural.

Y es que todo el abanico de reglas morales y éticas, de prejuicios, valoraciones, ideas, forma de accionar y reaccionar está impregnado por la interpretación de la realidad que hace, a través de sus "anteojos culturales" que "colan" la realidad que lo rodea, adaptándola a su propia y específica manera de ver las cosas. Y cuando las piezas del rompecabezas no calzan, se crean los conflictos, las malainterpretaciones, las frustraciones y por último el rechazo conciente al nuevo medio en que vive.

Los conflictos con los que un exiliado entra en la nueva sociedad en la que se desarrolla, son a menudo productos de lo anterior. Y la toma de conciencia del porqué de ésta situación, lo podrá tal vez ayudar a que el paso de una "normalidad" a otra, sea más fácil.

Los seres humanos tienen distintas fachadas exteriores. Algunos son negros, mientras que otros son blancos, morenos o amarillos. Algunos son bajos y otros altos. Unos son delgados y otros son gordos. Hablámos una cantidad nada despreciable de idiomas distintos y cuántas lenguas existen sobre el planeta, no está exáctamente definido. Pero se cree que son entre cinco o seis mil. Tenemos distintas manera de ver las cosas, adoptámos diferentes actitudes ante un mismo estimulo y nuestra manera de ser varía, según en que parte del planeta nos encontremos. Ordenámos nuestras vidas de distintas y variadas maneras, pero siempre de acuerdo a comportamientos sociales heredados. Algunos viven en zonas rurales, mientras que otros en ciudades. Algunos son ricos, mientras que la gran mayoría es pobre. Pero a pesar de todas éstas diferencias somos todos parte de una misma especie, el homo sapiens. Y a pesar también de que, el espeso humo de las ruínas de la democracia chilena mal parió un nuevo ente, el homo saurius, no es ese en absoluto significativo, ni menos aún representativo dentro de la antropología, sino una excepción. Vá de todas maneras este alcance, para constancia de generaciones venideras.

En resumidas cuentas, somos todos iguales pero también distintos. Todos tenemos sentimientos tales como la alegría, la tristeza y el dolor. Tenemos las mismas necesidades biológicas de alimentarnos, beber, dormir y fornicar. Y nuestras necesidades sociales de relacionarnos con otros o de sentir confianza y protección, son también comunes a todos los seres humanos.

Más, no todo es tan simple como asi pareciera y vamos a complicarlo todo, para poder entender porqué me gusta más el cebiche que ese pescado - ácido y de fuerte olor - tan típico sueco, el surströmming.

Como decía más arriba, cada uno de nosotros lleva sobre sus hombros una carga cultural, que recibimos a través de un proceso de "socialisación" de nuestra conducta. Socialisación que en éste caso significa, la crianza y posterior desarróllo en nuestra propia cultura.

Este bagaje cultural es como un iceberg, en donde su punta visible representa la parte de nuestra cultura de la cuales somos concientes, mientras que la parte que está bajo el agua, sería la parte de la cual no estamos concientes. Una buena parte de nuestro legado cultural está entonces escondido y a menudo, actuamos en forma instintiva y espontánea, pero en total concordancia con las reglas establecidas por esa carga cultural, de la cual no estamos concientes. Y ésto, sin que siquiera reflexionemos sobre el efecto que nuestro accionar pueda causar, ya que asi hemos actuado siempre. Qué podría tener eso de raro?

Pero como estámos por complicárlo todo, sigamos complicándo entonces.
De improviso todo lo que fue normal, ya no lo es más. Porque aparte del relativamente fácil proceso que es el aprendizaje de un nuevo idioma, nos encontramos con un nuevo problema: el de empezar a discernir sobre cuán evidentes o indudables son las normas establecidas por nuestra propia cultura, a la par que comenzamos también a reflexionar, sobre todas y cada una de las nuevas y "extrañas" cosas de la cultura a la cual intentámos integrárnos. En resumidas cuentas, todo aquello que para nosotros fue obvio, tal como maneras de pensar, de comportárse, de gesticular, de bromear, e incluso los conceptos abstractos de tiempo y espacio, etc. deja ya de serlo, haciendonos dudar. Pues bien, nos encontramos entonces en el umbral de lo que se ha dádo en llamar, una crisis de identidad.
Pero en fin; eso es tema de otra reflexión.

Ante un hecho cualquiera entonces, comienzan esos anteojos culturales a los que hacia alusión más arriba, a interpretárlo de acuerdo a reglas establecidas por siglos y siglos de comportamientos y relaciones. Y de acuerdo a esas interpretaciones, hay solamente una manera corrécta de ver la existencia, a saber la nuestra.

Fenómeno éste que se ha dado por llamár etnocentrísmo y cuya acervación puede tener consecuencias catastrofáles para la humanidad, ya que puede hacer florecer concepciones nocivas tales como el nacionalismo fanático, el chauvinismo irracional o el racismo y su expresión política más extrema, el nazismo.

Pero, pastelero a tus pasteles. Lo que es "corrécto" para unos es "errado" para otros y viceversa. Y por supuesto, que no nos podemos pasar toda la vida tratándo de "metérnos en la cabeza" de personas de otras culturas para saber que manera específica, tienen ellas de ver las cosas. En cambio, lo que si podemos hacer es estar concientes de que el concepto de etnocentrísmo existe y que de manera corriente, vemos a todas las otras culturas a través de nuestros anteojos culturales.

Y para muestra, un botón: en Italia, la gente no cierra la puerta de sus departamentos si escuchan que alguien viene subiendo las escalas. En mi primera visita a ese país, fui testigo de ese "extraño" comportamiento, que me llamó mucho la atención. Justo en el momento en que me encontraba a la entrada del departamento de un amigo italiano al cual habia ido a visitar, sentimos pasos que van subiendo escalas arriba. Por simple reflejo, cerré rápidamente la puerta tras mis espáldas, asi como estoy acostumbrado a hacerlo. Mi amigo italiano reaccionó de inmediato y algo ofuscado me dice que "aqui en Italia dejámos la puerta abierta cuando escuchamos que alguien viene subiendo las escaleras". Extrañado le pregunté que porqué, que a qué obedecía tal comportamiento y recibí como respuesta que "porque puede que el vecino tenga algo que decir".

Moral; cada vez que tengamos contácto o encuentro con alguien de otra cultura, es vital entender que nuestra manera de ser, es producto de nuestro pasado histórico-cultural y que la otra persona, es producto del suyo. Y si partimos por lo que tenemos en común, en vez de hacer lo contrario - como a menudo lo hacemos - de partir por lo qúe nos diferencia, habremos dado un gran paso en pro de la tolerancia y el entendimiento.

Dasfidánia!

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