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Publicado: Sábado, 06 de octubre de 2007

De tu baúl de misterios


Benjamín Chávez nació en Santa Cruz (Bolivia) en 1971. Es colaborador de la revista literaria "La mariposa mundial" y miembro del consejo editorial del suplemento literario "El duende" de la ciudad de Oruro. Ha publicado: "Prehistorias del androide" (Premio Luis Mendizábal Santa Cruz, Oruro, 1994), "Con la misma tijera" (1999), "Santo sin devoción" (2000), "Allá en lo alto un pedazo de cielo" (2003) y es el ganador del Premio Nacional de Poesía "Yolanda Bedregal" 2006 con su obra "Pequeña librería de viejo".

Benjamín Chávez es honesto con la poesía y comprometido con esos mundos que permiten divulgar emociones desde algún punto de su fuero interno. Este artesano de la palabra, va cargado de un bolígrafo y un cuaderno para apuntar sus versos donde le pille la inspiración. Los poemas que conforman "Pequeña librería de viejo" fueron creados en diferentes puntos geográficos de Bolivia y expresan vivencias muy personales. De ahí que se advierte en el prólogo: "... Este libro es testimonio de un tiempo y de una sola distancia fragmentada. Testimonio de hechos, personas, sitios, ideas y experiencias...". En efecto, el poeta pinta, en el papel, imágenes que han sido captadas durante un tiempo determinado de su vida. Y las estrofas van formando una casa poética con un pedazo de cielo limpio, donde Chávez manifiesta su estilo de expresión: "En un arrebato/ retomo las infusiones medicantes/ la dieta del ajo/ la abstinencia... /pero es inútil/ mis sendos colmillos muerden/ una y otra vez mi destino/ velar sueños ajenos es mi condena". Y en medio de tanto sueño poético, el autor se empeña en recalcar: "Una librería de viejo es un sitio inmóvil, como inmóvil es la eternidad, la quietud y el silencio de los lomos a los que alude Rainer María Rilke".

En su poemario "Y allá en lo alto un pedazo de cielo" lanza flechazos de amor a su amada y dice: "...y caiga yo/ una y otra vez/ en tus brazos/ y tú en los míos/ y así/ abandonados ya/ el uno en el otro/ crucemos triunfales/ ese umbral que sólo los dos conocemos/ y no diré aquí/ porque nací/ para guardarte los secretos".
Pues bien, para conocer más de cerca el universo interior de Benjamín Chávez, el poeta expone, en esta entrevista, sus criterios acerca de la poesía.

Javier Claure: ¿Qué es poesía para ti?

Benjamín Chávez: La poesía es una forma de conocimiento. Gracias a ella se accede a espacios y ámbitos negados para otros discursos y disciplinas.
La poesía ilumina vastos territorios que le son propios, como por ejemplo la musicalidad de las palabras o el re descubrimiento y conmoción de ciertos sentimientos. Pero al hacerlo, al iluminar ciertas áreas, la poesía también proyecta su luz sobre territorios adyacentes y confines inimaginados. Imágenes destellantes y luminosas explican, mejor que nada o nadie, aspectos de la realidad muchas veces velados o acaso apenas entrevistos desde otros abordajes y enfoques. Es también una cuestión de posición frente a la vida y el mundo. Creo que la poesía es una opción ética y estética.

J.C: Se dice que la poesía está en crisis. La gente no suele leer poesía. ¿Quiere decir esto que la poesía está destinada a morir?

B.C: De ningún modo. Si todo poema aspira a la eternidad, la poesía está destinada a ser la que más tiempo permanezca. De hecho, la poesía es la más vieja de las formas literarias. Y todo hace pensar que al final del habla, cuando el hombre haya enmudecido, si tal futuro es concebible, este género literario elevará todavía su voz como una pequeña flor que brota entre los escombros.
El hecho de que se lea poca poesía es una constante al parecer generalizada. En general se lee poco y ese espacio de lectura está copado, en lo que a literatura respecta, por la novela y el cuento. Lo cual no deja de ser llamativo en esta época en que la vertiginosidad de la vida cotidiana no deja mucho tiempo para leer.

J.C: ¿Cómo percibes la distancia entre la palabra y su referente cuando escribes poesía?

B.C: En poesía, la palabra es la cosa, o debería de serlo, pero en una dimensión distinta. Si mirar es acercarse, nombrar es, a la inversa, alejarse. Y si bien el viento no mecerá las ramas del árbol plantado en el poema, la rosa, parafraseando a Vicente Huidobro, deberá florecer en el poema, aunque no lo haga en el rosedal.

J.C: ¿Podrías contarme, a grandes rasgos, que temáticas refleja "Pequeña librería de viejo"?

B.C: Pequeña librería de viejo es un poemario dividido en tres partes que son: Saber desistir; Filiación y Balcón sobre Arcadia. Los poemas están agrupados según ciertos rasgos escriturales internos que aluden de modo digamos elíptico a ciertos centros gravitacionales de temáticas. De ahí sus tres partes, ya que en realidad, este libro no fue concebido desde su origen como tal. Se trata más bien de una acumulación selectiva hecha a lo largo de varios años (los poemas más viejos fueron escritos el año 2000). Entonces, a la hora de plantearse un corpus, la lectura y relectura de los poemas, permite entrever ciertos acercamientos entre algunos de ellos a fin de aglutinarlos en las partes constitutivas del libro.
Así, hay poemas a animales, a situaciones casi paisajísticas, poemas que intentan dialogar con concepciones filosóficas o retratos de personas y personajes en diversas situaciones.
Se trata de una colección de poemas con alta independencia entre sí.

J.C: Un poema tiene una multiplicidad de significados y puede provocar, en el mejor de los casos, procesos de sensibilidad en el lector. ¿Cómo se logra esto según tu opinión?

B.C: Creo que toda obra de arte posee multiplicidad de sentidos y la relación del arte con la sensibilidad es directa. Pues una obra de arte es también fuente de conocimiento y puede ser apreciada y valorada intelectualmente. De hecho sucede siempre así. Quizás el secreto o el misterio del arte radica en que es percibido, por el observador o lector, desde un punto de vista sensible o intelectual. En muchos casos, no se puede explicar claramente qué mecanismos se han puesto en marcha para que esto suceda.

J.C: ¿Te consideras un poeta contestatario?

B.C: Habría que preguntarse a qué se es o se cree ser contestatario. ¿Contestatario a la retórica? ¿Contestatario a la rima inútil y al verso fácil y sin sentido? ¿Al panfleto? No olvidemos que el más alto compromiso del poema es con el lenguaje.

J.C: En la estructura de un poema, suelen existir elementos que no siempre encajan en la realidad. Es decir, el poema es una representación no lineal. ¿Qué opinas de esto?

B.C: El poema no es una representación lineal porque no es ese su interés ni su propósito. La poesía es multiforme y la linealidad no es precisamente una figura que la seduzca. La imaginación, la libertad, caros valores poéticos insuflan su aire en el poema. Es allí donde se tensan las fuerzas, arrecian y amainan todas las tormentas, se construyen y destruyen universos. El poema es un mundo, otro mundo de realidad propia y desbordante.

J.C: Por último, ¿Cómo lo ves la situación actual de Bolivia?

B.C: Más allá de los avatares de la cotidianidad, Bolivia ha sabido construir una tradición literaria, donde la poesía es precisamente un referente fundamental, y es esa situación la que, como escritor, estoy obligado a considerar. La situación política y social de nuestro país es, qué duda cabe, la situación de un país pequeño, pobre y olvidado. Los periódicos se ocupan de la azarosa coyuntura y a veces parecería que las cosas cambian un poco, pero la ilusión no dura. Hecha de marchas y contramarchas, la vida de un país, como la de un individuo, manojo de contradicciones, debería al menos atesorar su pasado, sus lecturas como un capital de conocimiento, aún en la comprensible e ineludible limitación de lo perfectible de toda obra humana.

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