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Publicado: Miércoles, 07 de noviembre de 2007

Entrevista a Jorge Enrique Adoum, Premio Nacional de Literatura de Ecuador

Por Ivonne Zúñiga, desde Quito


Jorge Enrique Adoum, uno de los más importantes poetas de Ecuador, nació en Ambato en 1926. Realizó estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad Central del Ecuador y los terminó en la Universidad de Chile. En 1952 obtuvo el Premio Nacional de poesía de su país. En 1960 ganó el Premio Casa de las Américas de La Habana. Actualmente reside en Quito donde conversó en forma exclusiva para La Pata de Liebre, a través de nuestra corresponsal Ivonne Zúñiga.

En esta entrevista con Jorge Enrique Adoum la voz del escritor se remonta, en primer lugar, a los recuerdos de niñez y juventud. A los 18 años conoció a Pablo Neruda y trabajó como secretario suyo, teniendo como fondo el escenario social chileno de aquel momento. Luego de esos dos años de intensa experiencia junto a Neruda, de regreso al Ecuador, recorrió un camino propio, vasto y pleno de vitalidad poética. Trabajó en varios géneros literarios: poesía, teatro, novela, ensayo y asumió, en esa tarea incansable y maravillosa, su profundo compromiso con la Literatura y una posición lúcida en las encrucijadas del drama humano y social de nuestros pueblos. Poemas de largo aliento como: El amor desenterrado, Tras la pólvora Manuela, Sobre la inutilidad de la Semiología, revelan la maestría de Adoum, la fuerza luminosa de su palabra en la construcción de los versos. El viaje asombroso por el paisaje humano recorrido durante su vida trashumante nos aproxima al territorio del arte y de la historia cercana aún, en la lectura de su libro De cerca y de memoria. Jorge Enrique Adoum destaca no sólo por su producción poética sino por su magnífica obra narrativa. Entre Marx y una mujer desnuda, figura entre las novelas fundamentales latinoamericanas de ficción. La obra extensa y magistral de Jorge Enrique Adoum lo hace merecedor de un lugar excepcional entre los mayores exponentes de la Literatura en nuestro continente.

¿Cuál es el recuerdo más lejano de su niñez?
Tengo un recuerdo remoto de cuando tenía tres años... Estoy en Ambato, en casa de mi abuela, con mi madre, y ambas lloran desesperadamente porque un hermano mío se iba a los Estados Unidos; las veo, abrazadas, llorando, y a mi hermano con un abrigo negro al brazo, que baja las escaleras. Llegó a los Estados Unidos justo para la crisis del 29, y cuando lo fui a conocer, prácticamente, cuarenta años después, me dijo, que lo que le salvó la vida entonces fue la distribución de sopa a los pobres, ya que fue a parar a un hospital. Vivió mucho tiempo en ese país como si no existiera, porque estaba ilegalmente en él; mucho después una nuera suya, esposa de su hijo mayor, que combatió en Vietnam, ganó un proceso contra el estado de Nueva York, gracias a lo cual pudo circular normalmente. éramos siete hermanos: dos medio hermanos, hijos del primer matrimonio de mi madre, y cinco del segundo Y resulta que ya he enterrado a mis seis hermanos. Soy el segundo de los Adoum.

¿Su padre también fue escritor?
Mi padre fue un caso dramático de búsqueda y hallazgo de su destino. Era libanés y abandonó su patria cuando Líbano estaba dominado por los turcos y bajo un Protectorado francés. Como era nacionalista, llegó un momento en que le persiguieron las autoridades: turcas, francesas y libanesas. Poco hablaba de su vida: alguna vez cruzó el Sahara a pie y hablaba también sobre los asaltos en el desierto. Era costumbre, entonces, llevar el dinero en una bolsita en el pecho y quienes tenían experiencia solían cargar en el bolsillo una cebolla en lugar del dinero (¿vendrá de allí la frase ""la bolsa o la vida""?). En aquella aventura un ladrón le dijo a mi padre: ""Tírala, porque apesta"""". La cebolla tenía ocho perforaciones hechas sin que él se diera cuenta. Creo que tuvo un hermano, medio pirata o qué se yo, que había llegado al Ecuador por casualidad y, como si fuera un cronista español, le había dicho a mi padre que acá se encontraba el oro en el suelo. De este modo, obligado mi padre a exiliarse, vino a dar en Guayaquil. Tradujo, hacia los años treinta, a poco de llegado, Las alas rotas, de Khalil Gibrán, y alguna otra que no recuerdo, y poco a poco fue llegando a las ciencias ocultas. Llegó a ser gran maestro Masón y gran maestro Rosacruz. Fue entonces cuando empezó a escribir. Los primeros trabajos de revisión de estilo que he hecho en mi vida fueron sus obras. Escribía a mano, durante el día, en su consultorio y en la noche yo debía pasarlos a máquina, hasta que me fui de casa. Después, mucha gente me ha confundido con él, sobre todo en Brasil, donde fue muy admirado.

Dejó el nido y se embarcó para Chile.
Yo me fui de casa a los dieciocho años. En una ocasión, durante el almuerzo, mi padre nos hizo callar, diciendo que en la mesa no se hablaba. Yo pegué un puñetazo y dije: ¡Ya estoy harto de esta disciplina de cuartel!. Este es el único momento en que estamos juntos, el único momento en que podemos saber a qué aspira cada uno, qué le duele, por qué sufre. ¡Estoy harto! Me contestó, simplemente: Si estás harto por qué no te largas. Irme, entonces, se convirtió, además, en una cuestión de amor propio. Esa tarde me encontré con el que llegó a ser el amigo de toda mi vida, más que un hermano, que con unos amigos estaba organizando un viaje a Chile. Del grupo, finalmente nos fuimos sólo él y yo.

Encuentro con Pablo Neruda
Tuve una amiga secretaria, o algo así, de la Alianza de Intelectuales de Chile, quien, en una sesión, me presentó a casi todos sus miembros: así conocí a Angel Cruchaga Santamaría, a Juvencio Valle, a Nicomedes Guzmán... En una ocasión asistió Neruda, luego nos vimos varias veces. Dado que para mí él era el primer monumento literario que conocía, y dada, además, la diferencia de edad -él tenía cerca de cuarenta años- el diálogo era, para mí, difícil. Solía reunirme con algunos escritores en las sesiones de la Alianza, o a propósito de la edición de su revista Araucaria, o en la librería Nascimento. Además, la pensión en que vivía quedaba a una cuadra de la sede del Partido Comunista, en cuya planta baja y sótano funcionaba la imprenta donde se editaba el diario El Siglo. Supongo que Pablo iba a algunas reuniones, ya que lo encontraba, con cierta frecuencia, en la esquina.

Neruda acompañó a Gabriel González Videla en su campaña electoral para la presidencia. Ya había publicado, entre otras prosas, ""Viaje al corazón de Quevedo"" y fruto de aquella gira fue su hermosa conferencia ""Viaje al Norte de Chile"", en la Universidad. Al comentar una reunión de los mineros del salitre con el candidato, Pablo suscitó un contrapunto insólito entre la realidad y la canción nacional chilena: ""Puro Chile es tu cielo azulado..."" y el peor castigo que tienen los mineros del salitre es el sol de ese cielo azul; ""Puras brisas te cruzan también..."", allí donde no hay brisa de mar ni de montaña; ""Y tu campo de flores bordado..."" donde no hay agua bordadora; ""Es la copia feliz del Edén"". A la salida el público se agolpó en el hall cuando Pablo salía con las autoridades de la Universidad. Cuando me acerqué para abrazarlo, me dijo: ¿Quieres hacerme de secretario? Y, al ver mi entusiasmo, agregó: Ven mañana a casa. Así comenzó un periodo en que estaba con Pablo casi todos los días, salvo sus giras y viajes. El trabajo tenía dos vertientes: la literaria y la política. Pablo escribía a mano, con su inevitable tinta verde, y yo tenía que pasar sus textos a máquina, hacer copias de poemas para periódicos o revistas a los que había ofrecido colaboración, y luego cartas y discursos como Senador de la República.

En el Ecuador trabajó con Benjamín Carrión, en la Casa de la Cultura.
A mi regreso de Chile pasé un tiempo, casi nueve meses, en Guayaquil y luego fui a Quito donde trabajé en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, llamado por Benjamín Carrión, y con Jorge Carrera Andrade, Alfredo Pareja Diezcanseco, Jorge Icaza. Cuando era director de la editorial, me fui a China por tres meses y, a mi regreso, Benjamín me integró a trabajar en el Diario del Ecuador que había fundado con Pareja Diezcanseco, en el que tenía una columna sobre cultura, cine, teatro, literatura. Teníamos también Letras del Ecuador, primero mensual, luego bimensual, y Carrera Andrade la convirtió, por poco tiempo, en quincenal. La actividad editorial fue intensa y yo tomé a mi cargo la corrección de pruebas de todo cuanto se publicaba.

¿Algunas personas hablaron sobre cierta influencia que pudo haber tenido de Neruda, en un comienzo?
Era absurdo escribir y, más aún publicar, cuando vivía veinticuatro horas al día en el universo de Neruda. Porque era su casa, su conversación, sus libros, mi trabajo con él. Claro que Ecuador amargo tiene influencia suya. Pero, aquí, lo de Jorge Adoum Nerudiano, era como si Nerudiano fuera el apellido de mi madre, o casi como un delito, como si los otros no tuvieran influencia de nadie, todos son originales; cada uno ha creado un sistema poético... Yo me digo, objetivamente: si una generación, y aun cuando un individuo de generación, no continúa, hasta cierto punto, lo hecho por la generación anterior, no habría una historia de la cultura (Beethoven, en sus primeras obras, sigue a Mozart), una historia de la literatura (a un periodista que le preguntó si no tenía influencia de Faulkner, Juan Carlos Onetti le contestó ""que lo copiaba""). Busqué ""antídotos"" contra Neruda: Whitman, Eliot, Maiacovsky, Vallejo, sobre todo. Si la poesía de Neruda puede compararse con un traje elegante, con encajes, brocados, bordados.., había que buscar una poesía más cercana al hueso.

¿Cómo fue concebida la novela: Entre Marx y una mujer desnuda? ¿Por qué eligió ese título?
Fue el resultado de tres intentos. Tenía un proyecto de novela que no era digno ni siquiera de Corín Tellado. En Pekín no pude, al comienzo, escribir: tenía demasiada tranquilidad (me sucedió como a quienes no pueden dormir por haberse mudado de casa tras haber vivido algún tiempo cerca de una estación de ferrocarril). Comencé, entonces, como en un tratamiento de autoanálisis, a sacarme, sin ninguna intención literaria, ciertos problemas que estorbaban desde la infancia. Luego llegó un amigo que me recordó el viejo proyecto abandonado de una biografía novelada de Joaquín Gallegos Lara. Esos tres componente hicieron la novela. El título prentende significar un comportamiento o actitud equidistante entre la preocupación por los problemas colectivos y la intimidad individual. No había advertido la ambigüedad del título hasta que Ariel Dorfman me preguntó si era preciso escoger entre los dos personajes.

Háblenos de su poema: Tras la pólvora Manuela
Siempre he confesado mi amor por Manuela Sáenz, pero ante la imposibilidad real, que no puede salvar la poesía, hice un diálogo entre Manuela y Bolívar. Yo soy el que habla por Bolívar y tal fue la única manera de poder declararle mi amor, y mi resentimiento también. Hay tantas fábulas sobre Manuela...; este autor que ha publicado las cartas, publicó ya algunas de las que, por varias razones, se dice que son falsas: no sé si ha incluido las que publicó aparte como cartas ""inéditas"" o ""desconocidas""... Bueno, por la ortografía, puede ser que sean de ella.

¿Era para usted una necesidad escribir De cerca y de memoria?
Sí. Me parecía casi una obligación de quienes han tenido mi edad y una experiencia similar, dejar constancia de sucesos relativos a la literatura y a personajes a quienes no conocieron por lo menos dos generaciones.

En sus libros: Amores fugaces y Entre Marx y una mujer desnuda, hay momentos de intenso erotismo. ¿Cómo ve usted el erotismo en la Literatura?
Como un componente de ella, como cualquier otro sentimiento o actitud del ser humano, como el amor, el odio, la rebelión, la ternura o la venganza. Lo que detesto es la actitud de quienes creen haber descubierto el erotismo como tema único de su escritura y lo reducen a un catálogo de palabras groseras, vulgares, antiestéticas, de mal gusto y a veces repugnantes, con lo cual se destroza la literatura que es, esencialmente, el tratamiento del lenguaje.

Usted es una persona que siempre buscó el contacto con la gente ¿Qué significan esos momentos de estar solo consigo mismo, con la escritura y con la poesía?
Me gusta estar a solas conmigo: me hago una buena compañía. Y una de las razones es, precisamente, la posibilidad de volver por entero a la literatura que constituye un inventario y balance del mundo y de uno mismo. Y, contra lo que puede parecer, es en esos momentos de aislamiento cuando uno está más cerca de los otros. La poesía pretende hablar por ellos.

Ha sido testigo indirecto de guerras mundiales, de la bomba sobre Hiroshima, de la guerra de Vietnam y actualmente de la invasión a Iraq. ¿Qué piensa sobre el conflicto que está suscitando entre Oriente y Occidente este acontecimiento?
Creo que la situación actual, a partir de la invasión a Iraq, es la culminación intolerable del supuesto ""destino manifiesto"" desenmascarado por el propio gobierno de los Estados Unidos. Condenada por el mundo entero, es posible que solo una parte, al parecer mínima, del ejército estadounidense sea el único grupo humano que, de todos modos obligado, todavía apoye esa guerra que ya ha suscitado otras. A nadie le quedan dudas acerca de la vocación imperialista de EUA, que entra en donde le da la gana, destruyendo a patadas la geografía y la historia que encuentra a su paso, ni acerca de la necesidad de detener esa infamia, en nombre de la humanidad y del futuro.

¿Será posible que llegue a concretarse una alianza latinoamericana?
No es sólo posible sino que, al parecer, se están sentando ya las bases para ello, la más importante de las cuales es una conciencia generalizada de la necesidad de una alianza o unión de nuestros países, a fin de conformar un bloque capaz de defender sus culturas y sus derechos como pueblos, y de hacer frente a todas las agresiones, sean económicas, culturales o militares. Para ello será preciso establecer un diálogo basado en el derecho de cada uno a su soberanía y en el respeto a los diversos regímenes y sistemas de gobierno."

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