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Publicado: Domingo, 19 de octubre de 2003

Historia de una dama distinguida


Mi suegra, es una distinguída dama de la clase media alta sueca. Es delgáda, muy erguida, más no muy alta. Tiene 60 años y hasta hace unos cuántos años atrás, se teñía el pelo con tintes rojos, tenues y muy discretos. Pero con el corrér del tiempo no tuvo más que aceptar sus años viejos y también el color blanquecino del cabello, que hoy día cubre su confundida testa. Producto de la unión entre una mujer de ideas conservativas, su madre, y un activo miembro del ex-partido comunista sueco, su padre, se situó al medio de ese conflicto ideológico-familiar, y para no tener que tomar parte ni por uno ni por otro, optó por lo más sano: ser socialdemócrata. Lo cuál mirado con ojos escandinávos, es totalmente normal y bien aceptádo. No te vas a ningún extremo, sino que estás siempre en un armónico balance, que te ofrece el más amplio horizonte de opiniones. Cómodo, no?

Mi suegra, es una distinguída dama de la clase media alta sueca. Es delgáda, muy erguida, más no muy alta. Tiene 60 años y hasta hace unos cuántos años atrás, se teñía el pelo con tintes rojos, tenues y muy discretos. Pero con el correr del tiempo no tuvo más que aceptar sus años viejos y también el color blanquecino del cabello, que hoy día cubre su confundida testa. Producto de la unión entre una mujer de ideas conservativas, su madre, y un activo miembro del ex-partido comunista sueco, su padre, se situó al medio de ese conflicto ideológico-familiar, y para no tener que tomar parte ni por uno ni por otro, optó por lo más sano: ser socialdemócrata. Lo cuál mirado con ojos escandinavos, es totalmente normal y bien aceptado. No te vas a ningún extremo, sino que estás siempre en un armónico balance, que te ofrece el más amplio horizonte de opiniones. Cómodo, no?

Conoció a su actual esposo, mi suegro, - santo caballero! - por allá por los comienzos de los años cincuenta, cuándo yo recién dejaba las entrañas tibias de mi madre a miles y miles de kilometros de distancia de la juvenil y despreocupada vida de mi futura suegra.

A la sazón, trabajaba como camarera en el único hotel que existía en esa pequeña ciudad del sur sueco en donde nació y mi suegro - que los dioses se apiáden de él! - era en ese entonces baterista de una flamante banda de jazz, que intentaba sobrevivir a punta de trompetazos, bombos y platillos, al mejor estilo de Bill Halley y sus Cometas. Nunca tuvieron el éxito deseado, pero a él le sirvió para conocer a mi suegra - maldita suerte la que tuvo! - cuando fueron a dar con bártulos y maletas al hotel aquél, de pueblo chico y perdido en el mapa sueco.

Se iban a presentár en la Casa de la Cultura de la ciudad y el revuelo era total. No muchas veces tenían los habitantes de esa ciudad de juguete, el privilegio de ser visitados por una banda de jazz verdadera, que tocába su música in live. Lo cierto es que se conocieron, se enamoraron y se casaron. Y de su matrimonio nacieron dos hijas mellizas, una de las cuales es mi esposa actual.

Tan traumatizada quedó la distinguida dama, que después de parir dos bebés en vez de uno - como era lo normal - decidió esterilizarse a través de operación efectiva, para no correr nunca más el riesgo de contribuir en forma involuntaria a la explosión demográfica. Cosa primitiva, subdesarrollada y muy poco sueca.

De ideas fijas y muy poco flexible en sus superficiales opiniones, tuvo mi suegra, la suerte de pertenecer a la así llamáda "generación de los cuarenta", que ha sido la que más se ha beneficiado con la sociedad de bienestar sueca. Es ésta generación la que se ha comido la mayor parte de la torta, sin dejarnos casi nada al resto.

Gracias entonces a una buena coyontura económica, logró situarse en la posición económico-social que actualmente ostenta. Nunca terminó sus estudios medios, más nunca tuvo dificultades para conseguirse trabajos decentes y hasta de cierto estatus social. Eran otros tiempos aquéllos!

Suecia comenzaba lenta pero segura a desarrollarse económicamente, sentando las bases que servirían de apoyo a un gran avance también, en el ámbito de lo social. La mano de obra calificada fue requerida primero desde la ex-Yugoeslavia, y la primera gran ola de inmigrantes económicos llegó a principios de la decada de los sesenta. Luego se le abrieron también las puertas a los italianos pobres, que tuvieron que optar por vender su fuerza de trabajo en el lejano reino sueco o morirse de hambre.

Al capitalismo italiano de la post-guerra no le interesaba la suerte de millones y millones de sus hijos, que habian sacrificado sus vidas por eliberar a la península itálica de las garras del fascismo de Mussolini (cualquier paralelo con el Chile de hoy, es simple coincidencia...)

Y mientras los puestos de trabajos en las fábricas suecas eran ocupados por mano de obra extranjera, se sentaba mi suegra en la blanda silla burocrática que ya no abandonaría, sino hasta el día de su jubilación.
El problema fué que cuando ella se pensionó a comienzos del siglo XXI, ya nadie más pudo ocupar su silla, puesto que esa dejó de existir.

A partir del asesinato de Olof Palme, a finales del mes de febrero de 1986, la sociedad sueca dió un brusco giro hacia la derecha. Habrá alguna relación entre lo uno y lo otro? Cabe preguntárse. Más no especulémos que eso es muy poco sueco!
Sin embargo los porfiados hechos hablan por si sólos y el desmantelamiento de la sociedad de bienestar, no ha hecho más que comenzar.

Y esa distinguida dama de confecciones caras, gustos adquiridos y gran casa en barrio residencial e idílico que es mi suegra, tuvo suerte. Nada más que eso. Pues de talento, empuje, energía o de solaridad, tolerancia, comprensión o besos, muy poco!
Lo lamento por mi suegro - que el paraíso le tenga reservado un buen lugar! - que durante más de cuarenta años ha llevado esa cruz a cuestas sin chistar.

Pienso, con cierto déjo de egoísmo, que al menos desde ese punto de vista, le he sacado una gran ventaja: yo puedo elegir las veces que quiero visitar o no a mi suegra. Y esas veces, son cada vez más distanciadas en tiempo y espacio, reconocerlo debo. En cambio mi suegro - bendito séa! - ha sido condenado para siempre, a las dolorosas llamas del sufrimiento terrenal.

Pero, para qué darle más vueltas a este asunto? La generación de mis suegra va en retirada y también la de mi suegro - lo siento por él! Más la mía, no está ni siquiera a las puertas de entrada de la mundialmente conocida sociedad de bienestar sueca.

Qué tenemos mucho de lo cuál enorgullecernos? Sin duda! Aún es gratis la atención médica y dental para los niños hasta los dieciocho años y tambén para los ancianos. Los estudiantes de la enseñanza básica y media reciben almuerzo gratis. La asignación estatal por cada niño es una de las más altas del mundo (un poco más de cien dólares por mes) y sin uno u otro beneficio más, estaríamos igual que la gran mayoría del resto del mundo: sumidos en la más absoluta ruina, económica y social.

Désde Estocolmo... buenas tardes!

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