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Publicado: Jueves, 16 de abril de 2015

Neruda y una Ucronía

Por Julio Gálvez Barraza


Las personas tenemos aficiones muy diversas. Desde los que coleccionan objetos raros e inservibles hasta los que se embelesan mirando el ocaso del sol en el mar, hay aficiones y pasatiempos de todo tipo. Entre los rematadamente raros, recuerdo un personaje de El discreto encanto de la burguesía, una de las geniales películas de Luis Buñuel. Era un Marqués que coleccionaba vellos púbicos femeninos y los guardaba en pequeños frascos, con el nombre de su dueña, o mejor dicho de su ex dueña.

Debo confesar que yo tengo más de una afición. Me agrada revisar revistas y diarios antiguos. Siempre se encuentra en ellos datos interesantes que nos ayudan a comprender mejor la historia reciente, más aun si tomamos en cuenta la tan manoseada falta de memoria histórica de los chilenos. Otra de mis aficiones es escuchar a los mayores, sobre todo a esos que han sido protagonistas de la historia.

De ellos se conocen los hechos desde un punto de vista más íntimo y los datos inéditos aparecen con una cierta complicidad, como si fueran secretos largamente guardados. Cuando tengo tiempo para el ocio, me gusta mirar el diccionario y aprender palabras nuevas. Es increíble la cantidad de palabras que normalmente se usan de forma equivocada. También me sorprende la cantidad de palabras que existen en nuestro idioma y que muy pocas personas usan. Hace un tiempo descubrí una que no había escuchado nunca. Se trata de la palabra Ucronía (no confundir con Utopía). De ella, el diccionario dice: "Es la especulación histórica que trata de establecer el desarrollo que hubiera experimentado una cultura, sociedad, etc., de no haberse producido un hecho histórico determinante".

Me gustó la palabra, resulta agradable de oír. Tiene relación con la historia y, como diría Neruda, es una palabra alada. Se parece a la palabra Utopía, una de mis preferidas, aunque podría ser su antónimo. Una nos dice lo que podría ser, a futuro. La otra habla de lo que podría haber sido, en pasado. Pero lo que más me gustó de ella es la enorme posibilidad de jugar que nos ofrece. Sobre todo si en el juego entran las otras aficiones, la de leer diarios antiguos y la de conversar con los viejos sabios. Para muestra de lo que digo, les propongo una ucronía:

Como muchos saben, en la elección presidencial del 4 de septiembre de 1946 los resultados dieron ganador a Gabriel González Videla con el 40,1 por ciento de los votos, seguido de Eduardo Cruz-Coke con un 29,7. Luego de la imprescindible ratificación por parte del Congreso, González Videla asumió la presidencia de Chile el 3 de noviembre. Su triunfo se debió en gran parte al entusiasmo desplegado por los comunistas y a la labor de Pablo Neruda, Jefe Nacional de Propaganda de la candidatura. "Yo les aseguro a ustedes que no habrá poder humano ni divino capaz de romper los lazos que me unen al Partido Comunista y al pueblo", señaló el flamante Presidente, en un gesto de agradecimiento y lealtad para con sus aliados, que, por otra parte, formaban ya parte de su gabinete ministerial.

Durante los últimos días del año, el Presidente aun afinaba los nombramientos de los representantes chilenos en el exterior. En este contexto, en la sesión del lunes 30 de diciembre de 1946, se leyó en la sesión del Senado la siguiente propuesta del Ejecutivo: "Conciudadanos del Senado: De conformidad a los dispuesto en el N° 5 del artículo 72 de la Constitución Política del Estado, vengo en solicitar vuestro acuerdo para nombrar Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante el Gobierno de Italia al señor don Ricardo Reyes Basoalto. Firman Gabriel González Videla y Raúl Juliet".

El mensaje presidencial, que aún se refería a Ricardo Reyes, cuando ya hacía algunos días que el Juez del 3° Juzgado de Menor Cuantía había sentenciado que el poeta podía usar legalmente su seudónimo, durmió algunos días en la mesa del Senado hasta ser tratado. Tal como lo señalan las actas parlamentarias, en la sesión de la mañana del martes 7 de enero se discutió y se votó la propuesta. Arturo Alessandri Palma, Presidente del Senado, estimó "necesario resolver hoy sobre el empate producido en la votación sobre el mensaje por el cual se solicita el acuerdo del Honorable Senado para designar Embajador ante el Gobierno de Italia al Honorable señor Neruda, propongo que votemos al termino de la Primera Hora, es decir, a las 17 horas, 15 minutos. Si le parece al Senado, así se acordaría. Acordado".

Sin embargo, si continuamos con la revisión de las actas parlamentarias, nos encontramos con un dato, a simple vista, inexplicable. En la señalada sesión de la tarde, el Presidente del Senado anunció la lectura de un nuevo oficio del ejecutivo que leyó el Secretario: "Santiago, 7 de enero de 1947. Tengo el honor de solicitar de Vuestra Señoria tenga a bien retirar de la consideración del Honorable Senado el mensaje N° 1.385, de fecha 30 de diciembre de 1946, por el cual se solicitó la aprobación constitucional para designar Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante el Gobierno de Italia al señor don Ricardo Reyes Basoalto. Dios guarde a Vuestra Señoría. Firman, Su Excelencia el Presidente de la República y el señor Ministro de Relaciones Exteriores".

Señaló el señor Alessandri Palma que: "Sobre el particular y en relación con el artículo 53 del Reglamento del Senado, existe un acuerdo de la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia del año 1939, según el cual estos mensajes podrán ser retirados mientras el Senado no se haya pronunciado sobre ellos". En consecuencia, quedó retirado el mensaje presidencial que nombraba a Pablo Neruda Embajador de Chile en Italia.

La prensa de la época nos da otros datos del hecho. En el diario La Nación del día siguiente, curiosamente apareció la siguiente información: "En la presidencia del Senado se reunieron ayer a mediodía los senadores liberales bajo la presidencia del señor Gustavo Rivera Baeza, y con la asistencia de los vicepresidentes de la Mesa Directiva, señores Acharán Arce y Víctor Opazo Cousiño, para considerar la petición formulada por el Presidente de la República al señor Acharán Arce, para que los senadores liberales votaran favorablemente la designación del señor Neruda como Embajador en Italia".

La información del diario continúa señalando que la petición del Presidente no fue favorablemente acogida por los liberales. El motivo argumentado por el grupo político derechista fue que los senadores comunistas habían votado en contra de la designación de Joaquín Fernández como Embajador en Francia. Estimaron así los liberales que ese hecho había sentado un precedente en la materia. Más adelante, el diario señala que: "Inmediatamente después de la reunión los senadores liberales se dirigieron a La Moneda para asistir a un almuerzo ofrecido por el Primer mandatario de la Nación".

A la salida del almuerzo, antes de asistir a la sesión de la tarde, los senadores liberales declaraban a la prensa que ellos creían que el Presidente retiraría la propuesta. Y así fue. El grupo parlamentario "creía", con conocimiento de causa, en la veracidad de sus declaraciones. Como hemos visto, González Videla retiró la propuesta, pero la retiró con tanta premura que ni los partidos que formaban la coalición de Gobierno se enteraron del trámite. El texto del diario La Nación nos traslada a la sesión de la tarde en el Senado y termina diciendo:
"Efectivamente, empezaba el senador Guevara, comunista, a hacer la defensa del señor Neruda en la sesión del Senado, cuando se dio cuenta que el Ejecutivo había acordado retirar su mensaje diplomático. En fuentes dignas de crédito, hemos sabido que sería propuesto para desempeñar la embajada en Italia don Pedro Enrique Alfonso, prestigioso miembro del Partido Radical".

Hasta ahí el episodio narrado por un diario antiguo. Después supe algo más del hecho. Fue en una conversación con Volodia Teitelboim, uno de los protagonistas del recién pasado siglo. Volodia lo recordaba perfectamente, señaló varios aspectos anexos al tema. "No se nombró a Pedro Enrique Alfonso" -dijo-, "finalmente fue Guarello el Embajador en Italia. Pero esta fue, desde el comienzo, una sucia maniobra de González Videla". Los datos aportados por Volodia concuerdan con los obtenidos en la prensa. "González Videla retiró la propuesta sin avisar a los partidos que formaban Gobierno, luego de un almuerzo con la oposición".

A partir de esta poco conocida información, es cautivadora la idea de jugar con una ucronía. Y aunque no haremos una especulación histórica, que daría posibilidad a miles de variantes, por lo menos podemos plantearnos algunas interrogantes.

Sabemos que la vida de cualquier creador y su obra, están íntimamente ligadas. Más aún en el caso de Pablo Neruda. En sus poemas podemos encontrar los hechos más importantes de su vida. Sus versos son, prácticamente, autobiográficos. También sabemos que en el período inmediatamente posterior a los hechos señalados, se entrelazaron varios hitos extremadamente significativos en su vida. Uno de ellos es la gestación del Canto General, escrito mayormente durante la persecución de González Videla, en ese año que pasó albergado en diferentes casas. Pero, por esos años, hay otros hechos importantes en la biografía del poeta: su descarnado enfrentamiento con el presidente; la Carta íntima para ser leída por millones de hombre y el Yo acuso, leído en el Senado y difundidos en varios países de América; el cruce de la cordillera; el exilio en México; la primera edición del Canto General, ilustrada por Rivera y Siqueiros y la edición clandestina editada en Chile; el encuentro con Matilde Urrutia, sólo por citar algunos ejemplos.

Las preguntas, para la ucronía, comienzan entonces a ser muy evidentes. Si los senadores comunistas hubiesen votado por Joaquín Fernández como embajador en Francia, los liberales, posiblemente, no se hubiesen negado a votar la designación de Neruda como embajador en Italia. Si en González Videla no hubiese existido la reticencia del nombramiento de Neruda como Embajador y el poeta hubiera viajado a Italia: ¿Existiría el Canto General?, tal y como hoy lo conocemos, escrito en los diferentes refugios del poeta prófugo. ¿Existiría el prófugo?. Lo más probable es que no se hubiera realizado el cruce de la cordillera, pero... ¿Hubiese comenzado en otro sitio la relación con Matilde?, o no hubiera comenzado? Si no hubiese comenzado, ¿existirían "Los Versos del Capitán o Cien sonetos de amor"? Más aún, ¿existiría La Chascona, la mítica casa en los faldeos del santiaguino cerro San Cristóbal o La Sebastiana, en Valparaíso?

Se podrían hacer mil preguntas. La biografía del Premio Nobel sería totalmente distinta. Total, nadie puede predecir el curso de los acontecimientos, sin embargo, esta sucia jugada de González Videla estableció la historia tal y cómo la conocemos. Podría haber cambiado ese día 7 de enero de 1947, pero, lo que realmente sucedió es lo ya sabido: ese mismo año, en el mes de julio, el Presidente responsabilizó al Partido Comunista de la huelga de los conductores y cobradores de autobuses. El Senador Neruda le recordó que había llegado al poder con el apoyo de las fuerzas democráticas y que tenía el deber de cumplir con sus promesas electorales. Y comenzó la crisis y lo que todos sabemos. Pero... ¿no es cierto que resulta curioso jugar con una Ucronía?

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