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Publicado: Lunes, 10 de marzo de 2008

Homenaje al día de la mujer


La efigie de una mujer, el perfil de una madre abnegada protegiendo en su regazo a su pequeña criatura de las vicisitudes y acechos del entorno, es a mi juicio, la exaltación más elevada de la ternura y el amor. La mujer fue siempre la fuente inagotable de la inspiración a lo largo de las épocas, como también el ser casi sempiterno de la indiferencia y la injusticia de su tiempo. Inspiró a Miguel ángel a esculpir la imagen de "La Piedad", retrato de una profunda sensibilidad materna, de dolor y entrega.

También la mujer con el nombre de Pelagia fue el personaje central en la novela de Máximo Gorki "La Madre", personaje que nos conmueve por su convicción altruista y toma de conciencia por la causa del hijo y de un pueblo sojuzgado en la época del zarismo. La madre Teresa inspirada en la fe y la caridad por el prójimo, nos hizo reflexionar que la pobreza no solamente estaba en los tugurios de Calcuta sino en los países más ricos carentes de solidaridad, de amor, de comunicación, de una exacerbada devoción al individualismo y a la sociedad de consumo. No deja de inspirarnos Rigoberta Menchú que ilumina como luciérnaga con esa lucecita propia y tenue y señala el camino de una Guatemala aún en tinieblas, tan postergada y colonizada por las nuevas dinastías de este tiempo. Cómo no va a inspirarnos el realismo y la fuerza simbólica de la lealtad y el compromiso de las cansinas abuelas de la Plaza de Mayo que persisten en la búsqueda irrenunciable de sus seres amados que un día fueron arrebatados por esas logias del terror, cómo no vamos a sentir esos sentimientos pletóricos de justica y rebeldía del pueblo mapuche junto a la indomable Patricia Troncoso.

Aguzamos la mente y recordamos la historia de un 8 de marzo de 1908 cuando valerosas mujeres obreras de las empresas textiles de Estados Unidos se declararon en huelga de hambre en demanda de mejores salarios, por la abolición del trabajo inhumano de los niños y el derecho a sindicalizarse entre otras demandas. Ese aciago día, al ver el peligro y por orden de la patronal de la fábrica Cotton Textile Factory encerraron a sus obreras en su interior para evitar que éstas se reuniesen con las demás costureras industriales que ya se hallaban en huelga. Los eternos pirómanos de exterminios no dudaron en prender fuego y en pocos minutos ese recinto se convertía en una hoguera humana, segando la vida de más de un centenar de mujeres obreras. Desde entonces y cada 8 de marzo nos faltan palabras para homenajear a la mujer internacional, al ser abnegado, luchadora y explotada por un sistema egoísta e inhumano.

La mujer de condición humilde; la obrera, la mujer del agro, la de la clase media de las ciudades, fue la que más sufrió los embates de la injusticia del sistema capitalista, que la ve como mercancía, como servilismo y objeto sexual, muy lejos de ser tratada como un ser humano con igualdad de derechos a la par del hombre. Nos conmueve leer los relatos de una mujer Sudafricana Rose Thamae activista contra el flagelo del sida, mujer del arte y fundadora de la organización Let Us Grow. A sus nueve años fue abusada por un amigo de su padre, muchos años después sufrió la misma suerte, fue golpeada y finalmente vejada a punta de cuchillo. Al igual que muchas mujeres africanas fue contagiada con el virus Hiv (Virus de la Inmunodeficiencia Humana). La historia no acaba ahí, lo poco de fuerza y vida que le queda, la dedica a la lucha activa contra un sistema machista sudafricano. Lucha para que todas esas mujeres que tuvieron el infortunio de ser violadas reciban medicamentos contra esta enfermedad durante las 72 horas después del hecho y así evitar el contagio de este mortal virus.

Nuestra mujer boliviana sigue también por este tortuoso sendero, luchando por más espacios democráticos. Cómo no acordarse en estas líneas de Domitila Chungara y el aporte de la mujer minera para la apertura democrática en Bolivia o la figura valerosa e ineludible de Loyola Guzmán y la de tantas otras mujeres anónimas comprometidas con la lucha libertaria, en un país que aún le cuesta despojarse de sus ataduras machistas y toda la hojarasca de valores que deja un sistema capitalista en detrimento, que lucra con el cuerpo de la mujer, que la explota y la degrada. Aún nos cuesta aceptar el poder de la ternura, de la tolerancia y la ecuanimidad que irradia el aura de la mujer, entender que es la simbiosis incondicional del hombre y la compañera codo acodo por cambiar este sistema injusto. Nuestras mujeres están ahí, en la lucha diaria, dividiendo el pan en partes iguales, haciendo milagros en las ollas vacías y están ahí porque conocen de las necesidades y la economía de un hogar sin ser eruditas ni académicas de la escuela de Chicago.

Es ejemplar la participación de la mujer en estos tiempos de cambio, como la presencia de la mujer en las esferas de gobierno, pero no sólo basta la forma, el sitial, sino también el contenido, de asimilar y tomar conciencia de la lucha de este ser tan noble que siempre nos acompaña. Esta fecha memorable de profundo significado humano no debe de quedar en el simple enunciado de la retórica sino que debe de diseminarse en los trescientos sesenta y cinco días del año, promoviendo y abriendo más espacios democráticos de participación, de discusión, sobre los derechos y el rol de la mujer en nuestras sociedades.

Por último brindo por la mujer, por esa rosa mustia, trabajadora, luchadora y eternamente abnegada.

Por: Ernesto Joaniquina Hidalgo
Comunicador social

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