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Publicado: Lunes, 31 de marzo de 2008

María Linarejos Ruiz


Originaria de Jaén, la madrugada de 29 de marzo, se ha elevado en este Sur.
Quien más que este escriba que hace sonar un clarín de amor sempiterno, de hermanos, que tantos intentaron acallar, puede despedirla, deshecho en hilachas de sangre mi corazón, inhumado en el de ella y su alma, envuelto en la niebla, en el humus celeste desde donde vino en un sueño la anteanoche a anunciarme su marcha del valle de los caídos; quién estaba en capacidad de sentir como ella? Ni yo ni nadie, en su pureza. Le negaron un mínimo espacio para que regalara las primigenias palabras, de intuitivo arte, en sus versos que escribía en trance, en angustias suprahumanas, a quien siempre afirmó que el verdadero poeta debía "empeñar" su ALMA en "sí misma", en lucha para que el mundo despertara y conociera los inmensos secretos que le eran confiados desde el Universo Más Lejano... Sólo Ella.

Linarejos sufrió en este país, sus labios eran "saciados" con veneno, pero ella devolvía solamente amor a todo lo viviente, al que muerto en vida quisiera escucharla, con esa voz pastosita, de pastora de estos bosques, que abrazaba y besaba a los árboles sollozando, que amaba países de célicos elixires.

Nos ha legado catorce obras, dos publicadas con su esfuerzo y sangre, con una pluma venal, dulce, que corría suave en susurros por las hojas con tinta verde, como musgo, semillando y sembrándonos de rizadas emociones, de sentimientos superiores.
"Lo que se adhiere al No-Olvido", asolada de soledad ya, no por sí, y "Existencias Invisibles"... la más dolorosa paradoja poética premonitoria de su Sino de artista.

Habrá Justicia con La Maestra que iba entre rastrojos de difuntos, que tocó todas las puertas de este infrasuburbio inhumano, que a riesgo de su familia partió a luchar por lo suyo y la letra oficial no la dejó prender la rosa en los labios resecos de su patria.
Enmudecida, condenada por tierna, ha muerto María Linarejos Ruiz, tal su destino de vate, de dardo lanzado por los dioses a dar en nuestras sangres y quedarse para siempre.

Lina, Oh La Sola del soliloquio, mi amada hermana, me lega la responsabilidad de velar su pluma, su espíritu para que este Sordo País y España rescaten a la humana entre humanos, diosa entre númenes.

La leyenda comienza, porque Profeta de versos clari-Videntes, va por los aires, ad’ Herida al No-olvido, Existente en su Invisibilidad.
Más qu’ herida, genia, vida breve y fecunda. Est-crista.




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