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Publicado: Jueves, 24 de abril de 2008

Oruro enlutado


Hace un par de semanas atrás, más exactamente el viernes 4 de abril, cuando me encontraba en mi ciudad natal Oruro (Bolivia), ocurrió algo espantoso. Ese día estaba almorzando en la casa de una de mis hermanas. De repente sonó el teléfono y en el otro lado escuché una voz semicortada y afligida de un amigo periodista. Me explicaba que una pareja se había inmolado en la Plaza principal 10 de Febrero.

Apenas oí esta terrible noticia, corté el teléfono. Salí de casa y tomé un taxi para dirigirme inmediatamente al lugar del hecho. El taxi me dejó una cuadra antes, porque la policía había cortado el tráfico. Cuando finalmente llegué al lugar, vi un mar de gente atónitos y curiosos por lo sucedido.

En Oruro, como en otras ciudades de Bolivia, es común ver huelgas de hambre, manifestaciones y grupos de personas de toda índole exigiendo una serie de cosas al gobierno. Estos grupos marchan por ciertas calles de la ciudad hasta concentrarse en la Plaza principal, donde se encuentra la Prefectura y la Alcaldía. A menudo se escucha dinamitazos, como símbolo de poder, de parte de los huelguistas. Dinamitazos que hacen temblar los vidrios de las ventanas alrededor y ahuyentan a manadas de palomas que normalmente son la distracción de los niños.

Precisamente ese día se llevaba a cabo una manifestación de mineros en la Plaza 10 de Febrero, donde participaba Benito Alipaz Rivera de 37 años de edad. Había llegado, junto a otros mineros, desde el centro minero Huanuni para protestar por la falta de trabajo en dicho centro. Una vez concluida la manifestación Benito Alipaz se marchaba, pero casualmente, en el pasaje Huachalla que une la Plaza 10 de Febrero con el Parque Castro de Padilla, la encontró a su ex mujer María Vásquez Mamani, aproximadamente a las 13:35 horas de la tarde. Benito la interceptó para conversar de asuntos familiares. Según los testigos se produjo una acalorada discusión y la mujer gritó: No tenemos nada que hablar aquí, hablaremos en la Fiscalía. Benito Alipaz, en su desesperación, sujetó a la mujer por detrás ya que se escapaba. La abrazó fuerte y, de alguna manera, los dos cayeron al suelo. Segundos después explotó una carga de dinamita entre sus cuerpos, provocando una lluvia de sangre y pedazos de carne humana. La policía estimó que los restos humanos se esparcieron en un radio superior a los 100 metros. La cabeza y un brazo de Benito Alipaz colgaba en las rejas de una ventana del Concejo Munincipal, mientras que la de su ex esposa voló unos 30 metros hasta llegar a la calle La Plata y Adolfo Mier. Una comerciante ubicada en ese lugar, quedó estupefacta al ver el rostro ensangrentado y desfigurado de María Vásquez Mamani. Piernas, brazos, manos, dedos, intestinos y demás restos humanos yacían en las calles y en los árboles de la Plaza principal. Oruro, en esos momentos, se convirtió en un catafalco callejero y silencioso. Los miembros de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), se movilizaron de inmediato para levantar los restos humanos. Sin embargo, no lograron levantar pedazos de carne humana de las ramas más altas de algunos árboles. Todo el mundo quedó perplejo y consternado ante semejante hecho atroz.

Existen algunas hipótesis para la causa de este trágico desenlace. Una sería que Benito Alipaz y María Vàsquez, padres de 10 hijos, carecían de trabajo y, como es de suponer, no existían medios económicos para llevar adelante la familia. El juez de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia, había fallado para que Benito Alipaz pague una mensualidad de 800 bolivianos (106 dólares) por 8 de sus hijos menores de edad. Otra especulación que se maneja obedece a un crimen pasional. Al parecer, Benito Alipaz planificó, de ante mano, quitarse la vida. La dinamita que llevaba en el cuerpo estaba bien preparada y solamente era cuestión de accionar en el momento indicado.

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