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Publicado: Viernes, 29 de agosto de 2008

El estigma de Patricio Manns


Hace algunos años, Mercedes Soza, invitada al Festival de Viña del Mar, expresó que le parecía muy extraño que no se invitara a Patricio Manns. Así que decidió invitarlo ella a subir al escenario para que la acompañara. En la ocasión, recuerdo que también estuvieron Víctor Heredia y León Gieco. Manns, además ha compartido escenario con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Daniel Viglietti y Milton Nascimento. Artistas que han mostrado admiración por la obra del autor chileno.

En la década del sesenta Patricio Manns, junto a Víctor Jara, ángel e Isabel Parra y Rolando Alarcón dan inicio a lo que sería conocido como la Nueva Canción Chilena, movimiento que influyó de manera determinante en la música nacional hasta el día de hoy. Incluso en el extranjero, el movimiento es reconocido ampliamente por la calidad de las composiciones y poesía que crearon sus autores. De hecho el tema de Manns, Arriba en la cordillera ha sido grabado por interpretes de todo el mundo y fue elegido junto a Gracias a la vida de Violeta Parra, por votación popular, como una de las dos mejores canciones chilenas del siglo XX. Incluso es autor de una de las primeras cantatas que se conocen en Latinoamérica: El sueño americano, 1965. Su obra musical es impresionante, y su contenido poético escrito fue publicado bajo el título de Cantología el año 2004.

Por otro lado, está Patricio Manns literato, actividad íntimamente ligada a su poesía musicalizada. Comenzó su carrera como periodista, escribiendo, entre otras cosas, para Editorial Quimantú, importantes crónicas acerca de nuestro país. Famoso es su libro sobre los terremotos en Chile. Ha incursionado en el teatro, cuento, ensayo y novela. En este último género destacan, entre otras, sus obras Buenas noches los pastores, El desorden en un cuerno de niebla, Diversos instantes del reino, La vida privada de Emile Dubois y El corazón a contraluz, esta última considerada por muchos, en una encuesta que realizó la Revista de Libros de El Mercurio, entre las diez mejores novelas escritas en nuestro país. Méritos como escritor no le faltan.

Pero a qué viene todo esto. Muy sencillo, me preguntaba hace unos días ¿Cuál será el estigma de Patricio Manns? ¿Será que para ser reconocido en su país como merece deberá morir antes? ¿Será que su impronta creativa no es considerada en los grandes premios nacionales -hace 18 años- porque deberá vivir antes? Ni siquiera en el premio presidente de la República, en música, ha sido considerado, a pesar de que a todos los presidentes de la República que ha tenido la Concertación se les ha sorprendido tarareando sus canciones. Sólo un ciego, sordo y mudo no podría darse cuenta del aporte de Patricio Manns a la cultura chilena. En sus creaciones está Chile, con sus tragedias y bonanzas. Está el ser chileno en toda su dimensión social, política y económica. Está nuestra historia y está la dignidad de un pueblo que merece más de lo que hoy tiene a su haber. Está, en sus canciones y literatura, el espíritu de la libertad en su raíces más legítimas. No en vano, durante diecisiete años de dictadura, sus temas fueron escuchados clandestinamente como un alimento e incentivo para no desfallecer en la lucha contra el tirano. Es extraño nuestro país, o mejor dicho sus autoridades culturales, los sabiondos y dueños del canon. Se me vienen a la memoria Gabriela Mistral, Pablo De Rokha y Violeta Parra, hermanos de Patricio Manns en la grandeza y en el estigma.

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