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Publicado: Viernes, 19 de diciembre de 2008

El periodismo y los sofistas


Por Ernesto Joaniquina Hidalgo

Bolivia. Algunos fatuos columnistas con cierto resuello de pedantería y poses mesiánicas se atrincheran en los diarios nacionales que están en la línea envilecida de la oposición, justifican su repantigada posición de escribidores, sesgando así las prerrogativas que da la libertad de expresión, un recurso democrático que no está siendo manejada con responsabilidad, varios de estos opinadores que a la vez son generadores de opinión pública pasan a ser agitadores empedernidos que defenestran a la ética periodística con esas facundias saturadas de sandeces e injurias, en un país con un contexto inflamable y para no gastar pólvora en gallinazos basta leer los estridentes mensajes de Manfredo Kempff Suárez, Cayetano Llovet, Cayo Salinas y un cúmulo de falsarios que tienen preferencia en esos medios que fomentan la discordia en el país. ¡Que flaco favor le seguimos haciendo al periodismo!

Si bien no existe esa anhelada objetividad exenta de subjetividad es sencillamente porque somos mortales, seres sensitivos que interpretamos la realidad desde nuestra cosmovisión, desde ese fuero interno que es axiomático y que habita en nosotros, de lo que se reclama es de maximizar la objetividad, en buen romance, apegarse y ceñirse a la verdad y el periodismo tiene la labor y el compromiso de ser el guardián que indague y busque esa verdad que es reclamada por la opinión pública, un modus operandi casi altruista al servicio del pueblo no importa si es horadando los interés de los intocables para que el pueblo sea verazmente informado, lo que se reclama es esa aleación incondicional entre ética y periodismo que para muchos como Gabriel García Márquez "... no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón". Es lamentable decirlo pero hace rato que el decálogo del periodismo va siendo blasfemado por algunos sofistas opinadores que van conspirando contra la verdad desde los medios impresos, personajes que estuvieron al servicio de ese oprobioso pasaje del banzerismo, el garciamecismo y de esa efímera llamarada del neoliberalismo que puso en debacle la deontología del periodismo, de ese prebendalismo vergonzoso "del dejar hacer dejar pasar".

Por suerte aquella clase política de otrora saturada de nepotismo dinástico, sucumbe en su ocaso. ¡Cómo hizo efecto la política de austeridad en éstos que veneraban al dios dinero!, pero ojo, mientras dure sus coletazos de martirio seguirán tramando y conspirando hasta su último estertor. Una clase política que vio en la comunicación social el camino más corto para llegar al poder económico, muchos, se adueñaron y se sirvieron de los medios masivos para sus afanes políticos, haciendo un medio de propaganda, chantajeando al periodismo asalariado con contratos eventuales, este comportamiento de insidia aún queda en Bolivia y es tarea indispensable del sindicato de la prensa de velar por las conquistas e interés de los trabajadores y así reivindicarse con los postulados del periodismo, de un periodismo al lado del pueblo.

Es un camino herrado estigmatizar al periodismo y hacer un solo meandro con las corporaciones del terrorismo mediático, es importante poner los puntos sobre las ies y hacer la diferencia entre los periodistas y los sofistas de la realidad y en esto no hay porcentajes que contar pues los tenemos identificados con esas sus poses grandilocuentes en sus sempiternas columnas que el pueblo no los lee y prefiere informarse de manera interpersonal, grupal o por las radios comunitarias en sus propias lenguas, un pueblo que se informa con la experiencia de la desgarradora realidad soportando y sacrificando sus vidas, un pueblo que conoce de la discriminación, del garrote de los sicarios, un pueblo que está cansado de los dimes y diretes de las corporaciones de la información, o en el caso nuestro junto a muchos compatriotas dispersos por el mundo el espacio cibernético es nuestro cordón umbilical para acercarnos al país e informarnos de una manera amplia pese a la distancia atreviéndome a decir que mejor se rompe el cascarón del huevo por afuera que por dentro.

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