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Publicado: Sábado, 10 de enero de 2009

El Tío de la mina

Tercera Parte


Diferentes interpretaciones del Tío
Montoya, a diferencia de otros escritores bolivianos que han escrito acerca de este singular personaje, le proporciona al Tío una voz propia y atributos universales. En los cuentos citados en la segunda parte de este trabajo, podemos observar que el Tío tiene diferentes caras. Primero se lo ve como a un galán enamorando a mujeres con sus ojos de cristal, su sombrero de jipijapa y una cachimba que le da un aspecto varonil. Cuando logra seducir o raptar a la mujer de su encanto, la lleva a solitarios lugares y la hace suya con todas las de la ley.

Virgen del Socavón (Foto: Javier Claure C.)
El Tío tiene la facilidad de transformarse en la K’achachola para engañar, a su presa, con su sexo. Y llevarlo a parajes hasta hacerlos desaparecer de la faz de la Tierra. Como contrapartida a todas sus maldades y diabluras, muestra también una actitud humana. Es vulnerable ante el desempleo de miles de mineros, siente dolor ante la desgracia de un minero que le relata su trágica historia y lo escucha con atención. Con lágrimas en los ojos quiere irse junto con el minero. Cansado de estar sentado, cansado de ser roca desea encarnarse en el minero y así poder salir de las tinieblas y de ese olor a copagira que le tiene sin vida. En otras palabras, el Tío es como todo ser humano: con virtudes y defectos.

El Tío, al igual que los mineros, tiene fantasías sexuales. Y justamente Montoya saca a luz estas fantasías que han sido prohibidas en una sociedad católica como la boliviana. El tema de la sexualidad del Tío no siempre ha sido valorado por sociólogos, antropólogos o historiadores.

En el cuento "El último pijchero" se enfoca un problema social. Un minero pijchea, por última vez, junto al Tío e implícitamente hace alusión al masivo despido de mineros por parte de un gobierno de derecha.
En resumidas cuentas; Víctor Montoya, en "Cuentos de la mina", ha logrado darle al Tío una forma angular que nos permite observarlo desde diferentes perspectivas. Es decir, le ha dado esa "ubicuidad" de la que habla, el historiador y antropólogo, Ramiro Condarco Morales.

El escritor, Jaime Aduana Quintana, ex minero con diez años de trabajo en la Empresa Minera San Jóse (Oruro), en su novela "Las tres cruces del diablo", relata textos basados en la vida de los mineros:
Los trabajadores del subsuelo boliviano, convencidos de encontrar el metal de sus sueños y ganar más dinero, trabajaban duro y cumplían con las ofrendas a su amo y señor de los socavones: el Tío. Pasaba el tiempo y la famosa veta no aparecía por ningún lado.
Una noche dentro de la mina, entre tragos, discusiones y cantos; Gabino agobiado por la situación económica, se emborrachó y se dirigió hacia donde el Tío y le dijo:
- "¡Soy libre!, no depende mi vida de este pobre... hecho de barro, todo el dinero que gano es con el sudor de mi frente y no tengo porque adular a este diablillo sentado... inútil..." (Jaime Aduana Q.).
Todos los demás compañeros trataron de calmarlo a Gabino. Carmelo el capataz le pidió que se calmara, pero no hacía caso. Gabino, en su borrachera, volvió a gritar: "...a este pobre barro que se pasa sentado día y noche y se hace llamar "Tío", no tenemos porque adularlo" (Jaime Aduana Q.).

La verdad es que Gabino había perdido la razón y nuevamente se dirigió al Tío con las siguientes palabras: "... !sí!, me voy, quédate con este imbécil... pobre diablillo... mañana regresaré a recoger mis pertenencias del casillero... ¡tóma ésta patada muñeco de barro!" (Jaime Aduana Q.).

La certera patada rompió la pierna derecha del Tío. Gabino, pese a todo lo ocurrido, seguía trabajando en la mina. Uno de esos días, Gabino se encontraba echado boca abajo y muerto en una de las bocaminas. Le había caído encima toda la carga de piedra. Lo sacaron descuartizado.

Aquí se ve claramente que el Tío actúa como el dios del mal. Es peligroso y vengativo cuando lo tratan mal. Con sus poderes mágicos, se apoderó del alma de Gabino y se lo tragó por las rocas hasta provocar su muerte.

En otro pasaje de la novela se describe, con gran sentido del humor, cómo los mineros lo perciben al Tío.
Cuando un grupo de mineros salían de la mina, vieron un hombre de dos metros de altura que caminaba con botas negras y un overal blanco. Entonces, el capataz exclamó: "Caramba, este compañero tan alto, va chocar con los callapos" (Jaime Aduana Q.).
Buenos días, saludo el hombre de dos metros al cruzarse con el grupo. Y uno de ellos le preguntó: "Amigo, no te hemos visto antes, ¿eres nuevo?"
A lo que contestó con un acento raro y apenas pronunciando el castellano: "Soy el Ingeniero ""Oit", nuevo en el trabajo, me olvide mi libreto de apuntes en el paraje... ¡enseguida les alcanzo...!" (Jaime Aduana Q.).

Los mineros sorprendidos siguieron su camino hasta la jaula (ascensor utilizado en el interior de la mina) para finalmente abandonar la mina. Pero en el camino uno de ellos exclamó con un aire humorístico: "Este gringuito que se cree, ¿por qué no se va a su país?, seguramente está molesto por su pierna que parece que le está molestando..." (Jaime Aduana Q.).

El Tío, en la historia mencionada arriba, es visto como un forastero de aspecto extraño, que aparece y desaparece el rato menos pensado. El Tío, también puede ser interpretado como un ingeniero que inspecciona las minas de Bolivia y que cogea, probablemente por la patada que le dio Gabino.

El Tío y la Virgen del Socavón en el Carnaval de Oruro
No se puede hablar del Carnaval de Oruro, sin mencionar al Tío y a la Virgen del Socavón.

Es precisamente el Tío, impulsor de este fastuoso Carnaval que, año tras año, muestra manifestaciones del folklore boliviano. Pero no se trata de bailar por bailar. El Carnaval de Oruro, tiene un sentido mucho más profundo. Se baila, tres años consecutivos, por devoción a la Virgen del Socavón.

La historia de la Virgen del Socavón empieza con la leyenda del Nina Nina. Anselmo Belarmino, apodado el Nina Nina, era un ciudadano de la Real Villa de San Felipe de Austria (actualmente Oruro). Este sujeto, de sangre fría, asaltaba a los transeúntes y sembraba terror en la ciudad. Pero al mismo tiempo aplicaba, en sus acciones, una política al estilo de Robin Hood. Es decir, robaba a los ricos para repartir entre los pobres.

El Nina Nina enamoraba con una hermosa jovenzuela de nombre Lorenza Choqueamo, hija de Sebastián Choqueamo. Los novios habían planeado escaparse, de la ciudad, para afianzar su amor. Pero por esas cosas extrañas que tiene el destino, fueron sorprendidos por Sebastián la noche de la fuga. Sebastián, entonces, muy furioso quitó el puñal al Nina Nina, y con su propia arma hirió de muerte al desventurado amante de su hija. Se quedó tirado en el suelo sangrando a borbotones. Al poco tiempo, apareció una hermosa dama vestida de negro y lo llevó al hospital. Luego desapareció como por arte de magia. Enterados del accidente, la gente de la ciudad, se dirigieron a su camastro, situado en un paraje abandonado del Cerro Pie de Gallo (Oruro). Allí encontraron la imagen de la Virgen de la Candelaria. El Nina Nina era devoto de esa Virgen y dicen que fue ella, la que le socorrió cuando estaba herido. A partir de ese hecho, la Virgen de la Candelaria se convirtió en la Patrona de los mineros. O sea, la protectora de la clase obrera explotada y sufrida. De esa clase social que durante las dictaduras han hecho resistencia para reivindicar sus derechos. Y la llamaron la Virgen del Socavón.

El escritor orureño, José Víctor Zaconeta, que investigó bastante el tema de la Virgen del Socavón, señala: "Esa mina situada en el Cerro Pie de Gallo, se llamaría en adelante "Socavón de la Virgen", debiendo honrarsela anualmente durante tres días a partir del sábado de Carnaval".

De la leyenda mencionada arriba nace la adoración a la Virgen del Socavón. El 25 de noviembre de 1904, los matarifes y los comerciantes de carne, llamados mañasos, crean la primera diablada de la ciudad. Los mineros más tarde, en alusión al Tío, empiezan a vestirse de diablos para venerar a su Patrona. Desde entonces, cada año en el mes de febrero, el Tío sale de las galerías con sus ojos saltones de vidrio, sus cuernos curvilíneos, sus guantes rojos y hace chispear sus espuelas por las calles de Oruro. Por la noche se ilumina su rostro desfigurado, dando la impresión de ser una estrella salida del infierno. Lanza fuego por la boca y humo por las orejas hasta llegar al Santuario del Socavón, donde todos los feligreses rinden homenaje a la Mamita del Socavón.

La danza de la diablada, representa la lucha entre el Arcángel Miguel, traído por los españoles y Wari que posteriormente se convirtió en el Tío y calificado como "diablo", también por los españoles. Por lo tanto, es una lucha entre el bien y el mal. El diablo (Tío) es vencido por el Arcángel Miguel (representante de la Virgen) y, por consiguiente, los siete pecados capitales: la pereza, la lujuria, la gula, la envidia, la ira, la avaricia y la soberbia. La corte infernal muestran devoción a su jefe celestial y a la Virgen del Socavón. Por eso el Arcángel Miguel vestido de blanco, con enormes alas, una espada en la mano, un escudo y un casco metálico; dirige a una tropa jerárquica e infernal. El Lucifer, los diablos, satanases, diablezas van siguiendo las instrucciones del milagroso ángel.

Sincretismo religioso
La Corona española tenía como objetivo "cristianizar" a los pobladores de gran parte de América. Y, por eso, trataban de sustituir las costumbres paganas de los pueblos andinos por los autos sacramentales. En otras palabras, introducían piezas teatrales religiosas que trataban sobre un dogma de la Iglesia Católica, pero tenían el trasfondo del Sacramento de la Eucaristía. Así se representaba, por ejemplo, Corpus Christi.
Wari había sido derrotado por la bella ñusta y, como ya se mencionó anteriormente, los conquistadores lo convirtieron en "diablo". Entonces utilizando la mentira; hicieron creer, en su afán de catequizar, a los Urus, a los Kechuas y a los Aymaras que Wari era un monstruo salido del infierno. Y, como es de suponer, actuaba en contra de la humanidad. "... los españoles trajeron la concepción del mal y de su personaje principal: el Diablo..." (Alberto Guerra G.).
Según la religión católica, el diablo está en el infierno y en las tinieblas más oscuras. Efectivamente el diablo, apodado el Tío por sus sobrinos, pasó a las tinieblas de los socavones para ser amo de los minerales preciosos.

Al contrario de la visión española, Wari fue, para las culturas ancestrales, el dador de riquezas y protector de los mineros.
Los indígenas adoraban a sus dioses tutelares, pero el choque entre la Cultura Occidental y la Cultura Andina, hizo que asimilaran al dios cristiano. Sin embargo, no dejaron de rendir culto a sus propias deidades.

Durante el proceso de la Conquista, muchos de los dioses andinos fueron identificados con los santos cristianos. Todo esto dio lugar a un sincretismo religioso en la sociedad boliviana. Existe, por lo tanto, una relación entre los diablos y la Virgen del Socavón. Los mineros son parte de este dualismo: adoran al Diablo y a la Virgen del Socavón a la misma vez.

Bibliografía
Aduana Quintana, Jaime: Las tres cruces del diablo. Cochabamba, 2003.
Claure Covarrubias, Javier: Con el fuego en la palabra. Estocolmo, 2006.
Condarco Santillán, Carlos: Uru-Uru: Espacio y Tiempo Sagrados, Oruro, 2007.
Delgadillo V, Julio: La Nación de los Urus, Oruro 1998.
Delgado Morales, Elías: Carnaval de Oruro, Guía Turística, 1991.
Delgado Morales, Elías: (Director General): Oruro, Heroica y Generosa, IV Centenario de Fundación de Oruro, 2007
Delgado Morales, Elías: Las danzas de Llamallama y Guacones en la Milenaria Génesis del Carnaval. La Patria, Oruro, 2008
Guerra Gutiérrez, Alberto: Estampas de la Tradición de una Ciudad. Oruro, 1998.
Montoya, Víctor: Cuentos de la Mina, Gijón (Asturias), 2006.
Montoya, Víctor: Glosario del lenguaje minero. Estocolmo, 1997.
Posnasky, Arturo: Inmemoriales Urus Dominaron América septentrional, ensayo.
Rostworowski de diez canseco, María: Estructuras andinas del poder. Lima, 1983.
Sanjinéz, Julio: La diablada y la Morenada son patrimonio de Oruro, ensayo.
Schneidder, Marius: El origen musical de los animales simbólicos en la Mitología antigua, ensayo.
Terán Erquicia, Vicente: El dios maligno de los Urus, ensayo.
Zaconeta, José Víctor: El culto a la Virgen del Socavón, ensayo
Conversaciones con mineros de la Empresa Minera San José (Oruro, Bolivia)
Visitas al Museo del Minero y la mina San José (Oruro)

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