Buscar
PANC
Publicado: Lunes, 17 de noviembre de 2003

Remordimientos, muertes y cajones diversos


Si yo, intespestivamente dejo de existir hoy día, inmediatamente comenzará a funcionar una enorme maquinaria funeraria que se hará cargo de mi muerte y también de mi cadáver. Es como si mi último aliento estuviese conectado con aquella; dejo de respirar y empieza a andar.

Si muero en un hospital u otro lugar de ciertas similitudes higiénicas y asépticas, algún médico acreditado como tal – con estudios universitarios y diploma legalmente emitido por expertos - confirmará que estoy muerto. Es decir, mi propia condición de fiambre no será suficiente sino que tendrá que ser confirmada por un especialista en la materia. Ya entrado el rigor mortis y con los ojos clavados en algún punto lejano entonces, seré declarado oficialmente difunto y vendrá el personal de tal local a asearme.

Me pondrán mi mejor terno (que aún no tengo), me lavarán desde todos los ángulos posibles y con pañuelo sobrio impedirán que mi mandibula abra su bocaza desde la cual sin lugar a dudas, saldrían un par de garabatos si no la cerrasen. Luego retocarán con pinceles mis pestañas, mis cejas y con colorantes también mis mejillas para darle a la muerte algo de vida. En seguida me meterán a un congelador en el cual mi cuerpo pasará entre dos o tres semanas a la espera de ser enterrado o cremado. Por otro lado y en forma paralela a mi espera silente y fria, se encargará alguien de mi familia de adquirir una urna cuyo precio varía entre los 600 y los 5000 dólares. Arreglos florales, música de fondo, local (si no es iglesia), transporte y arriendo de un hoyo en algún cementerio por 25 años son otros de los gastos que le esperan a mis sobrevivientes.
Pero como vivimos en una sociedad racional y muy bien ordenada, existen aqui firmas funerarias que sin costo alguno, regalan a todo el que asi lo desea un "archivo blanco", en donde el futuro finado escribirá sus deseos ante su deceso: ceremonia religiosa o civíl, melodia favorita, cremación o entierro, tipo de ropa, color del féretro, donación de órganos, etc.
Todo muy práctico y por precios módicos, no tantos, caros y carísimos.

Hay también, para conocimiento de todos, una variante más barata y cómoda. En caso de elegir la cremación se puede optar a una caja de cartón o "cholguán". Porque si al fin y al cabo todo se irá a incinerar, que mas dá como sea el embalaje.

Pero a menudo son los remordimientos de los distintos miembros de la familia del finado, los que salen a flote al organizar esta ceremonia y ahi pueden surgir conflictos. Pareciera que muchos pretenden saldar sus deudas con el muerto, comprando el ataúd más lujoso y eligiendo la ceremonia más cara. Desde ese punto de vista me parece que lo del "archivo blanco" es una buena idea, pues le ofrce a la parentela una interpretación inequívoca de los deseos post-mortuarios del difunto. Al menos yo, ya lo he decidido: al horno con mis huesos y en el embalaje más barato posible. Ninguna donación de organos ni tampoco autopsia. Todas y cada una de mis partes serán asadas y las cenizas, que sean esparcida por el mar báltico. Que la muerte es un buen negocio para las funerarias, no cabe duda. Y como último y revolucionario gesto entonces, les reduciré sus macabras ganancias a un mínimo posible.

Noviembre nos está dejando y con él se vá el mes más odiado en Suecia. Oscuro y gris, no pocas veces he escuchado que a este mes lo deberian abolir del calendario oficial. No es una mala idea, no les parece? O porqué no incinerarlo en un cajón barato?

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net