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Publicado: Viernes, 20 de agosto de 2010

Maria Cecilia Nahuelquín


" Nuestra piel es nuestro bravo silencio; es el vestido de nuestras vergüenzas y de nuestra ancestral inocencia ".
Así reza la dedicatoria de " El Hui ", libro que me ha enviado desde el Puerto de Valparaíso, la poetisa María Cecilia Nahuelquín y quisiera compartir con los amigos de www.panoramacultural.net

Hablar de María Nahuelquín y "El Hui", sin la menor intención de ser un crítico de su obra, resulta un paseo fantástico a la infancia de mis hermanos araucanos, que diseminados en la loca geografía, siguen unidos al cordón umbilical de su cultura milenaria y tradicional de una raza que aún continúa en pie de lucha. El tiempo no ha cambiado, solo que ahora los opresores usan armas más sofisticadas para amedrentar e ir reduciendo espacio en terrenos que le son usurpados bajo la mirada cómplice de los gobernantes vende-patria de turno, para dejar en manos transnacionales las riquezas del preciado sureño suelo chileno.

Nos dice María Nahuelquín que "El Hui", cantos de libertad de una mujer mapuche en Valparaíso, se remonta a una suerte de rito lúdico donde su madre expulsaba toda su tristeza al viento del sur. De pie frente al sol o bajo la lluvia, descalza y con los brazos abiertos, daba vueltas gritando " huiiii " hasta marearse y caer rendida y redimida al suelo. Una verdadera liberación del espíritu; la experiencia más deliciosa que una niña mapuche huilliche pueda experimentar en una escondida Isla de Chiloé.

Estimada Poeta artesana... Labradora de sueños...
Recibir su libro colmó con creces las expectativas. Primero por la hermosura de tu rostro en la dulzura de tu ropa ancestral. Motivo, confieso, más que suficiente, para desde ya inspirarme en un acróstico... No obstante, revisé con detenida calma cada una de las páginas, viajé a Chiloé, caminé por las calles de los cerros porteños, me refugié en la magia de los bosques sureños y me quedé con la piel tostada en el desierto nortino... Me trepé en el Pehuén, para divisar a mi raza, Lautaro, Libertador de libertadores, me saludó desde su feudo en Nueva Imperial.

La danza del "HUI", me transportó en el ritual de la iniciación ancestral... Bañado del agua fria de la madre patria, con las manos en alto implorando fuerzas al Padre Sol, pues aún en la oscuridad, existe. Como Dios, no lo vemos, pero su espíritu nos motiva a seguir siendo solidarios con nuestra gente y con aquellos que nos han golpeado...

María Cecilia, las bendiciones azules que has vertido en tu dedicatoria, quedan impregnadas en mí... Cómo retribuir un premio humilde a tu obra? Para que sigas en la senda de la creación literaria. Hay sed y hambre de tus letras, sobretodo, como bien dice Lautaro Silva-Neus, de aquellos que no tienen voz y mucho menos voto... para aquellos que siguen clamando ante la "in" justicia continental y sobretodo la nacional de Chile, tus letras serán alimento y agua, serán esperanzas del clamor popular... Respeto por nuestra cultura, nuestra idiosincrasia, nuestra tierra, chili, flor y nata... araucana desde siempre... Amén.

Con tu permiso leeré algunos poemas en un homenaje a la mujer, que celebramos mañana sábado acá en Estocolmo y el domingo en Radio Raices ( www.raices885.com.ar) en Argentina a las 17 horas de Chile, si puedes sintonizar fabuloso..
Luego de haber leído con especial atención, viajé a la infancia de mis raíces araucanas para escribir este acróstico a María Cecilia Nahuelquín.

Mapudungun, infinito idioma materno y
Ancestral, de tu brava raza indómita.
Recorres la geografía del suelo delgado
Invocando tu "Hui" tradición y ritual de Chiloé.
Alimentas recuerdos de las rucas prestadas.

Caminos fríos donde la naturaleza golpea y golpea.
Esperanzas distantes, oraciones no oídas, clamores sordos
Cielo tiznado de luto. En ese horizonte sin velo.
Inviertes tus sueños y derramas tus lágrimas.
Lamentos que jamás olvidan ese ayer del sur. Te
Invitan a seguir en pie de lucha,
Alabando..." un solo pueblo. Donde estemos, nos levantamos"

Nahuelquín, linaje del tigre inquieto y desafiante
Armadura de felino vestido de rojo inmaculado.
Húmedos quedan por siempre los parpados,
Ungidos del amor perpetuo de tu raza pura.
Exaltado por la presencia majestuosa del Pehuén.
Lautaro y Galvarino, Avelino, María Bernardita, la bien
Querida bisabuela Agustina Cuyul y la mamita Juana. Todos
Unidos en tu ser, han formado a la luchadora, que
Inquieta van hilvanando letras, pintando telas, sembrando
Noches estrelladas, a los descalzos hijos de Arauco.

Pero no seria noble de mi parte, no compartir con ustedes parte del precioso material que me regaló esta poetisa mapuche, quien orgullosa de su raza va levantando su voz a través de sus escritos, por ello dejo algunos de los muchos poemas que tiene en " El Hui ". Dedicado con la fuerza de la lluvia y el viento del sur, a su familia y su pueblo.

No soy mujer letrada
Sólo escribo lo que pienso
No busco gloria ajena
Sólo digo lo que siento
Soy como un ave
Que nadie le pide que cante
Y lo hace de igual forma
Sólo pare expresarse


TE OFREZCO
Te ofrezco en este canto
Un ayer que no vuelve,
Una patria sin fronteras
Una vida, historia libre,
Una obra hecha tierra.
Te ofrezco una huella,
Un camino de cabelleras negras y recias
Movidas por el viento sino,
Algunas trenzadas
De gruesa inocencia.
Te ofrezco rostros en silencio y asombro
De una ayer añorado
De limpios caudales
Donde no urgían las armas que estallan
Donde no había derrotas en medio de arsenales
Ni tormentas fabricadas
Que dejaron nuestra sangre rociada.
Te ofrezco un espacio
Donde eran libres los sueños,
En tierra pura, sublime suelo,
De poetas hablantes sin letras
Solo nudos en roja lana,
Nudos hoy de duelo.
Te ofrezco el trino de aves libres
A la sombra del roble,
Donde todo lo que rodeaba
Era un rewe,
Donde no había enemigos
Ni había aparecido
El plateado extranjero del sable.
Te ofrezco el abrazo de una madre
Vestida de negro,
Que descalza, entre peñas, raíces y tierra
Buscaba su alimento
Sin relojes que controlasen su tiempo.
Te ofrezco la tierra pura que hablaba
Mientras el sol la observaba
Quieto, triste, silente
Al tiempo que manos cortaban,
Mujeres deshonraban
Y corazones gritaban a mi tierra ensangrentada.
Te ofrezco esta herida hecha un canto
De un ayer que no vuelve,
Del clamor de mis voces internas
De una memoria ignorada
Con arrogante indiferencia

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net