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PANC
Publicado: Jueves, 14 de mayo de 2009

La indiferencia por hacer justicia a nuestros mártires


Existe una peculiar expresión de reproche en el vocablo sueco relacionado a la ceguera del hogar "hemmablind" que se la emplea en el cotidiano vivir cuando nos referimos a esa involuntaria conducta que asumimos frente a nuestro hábitat y entorno al ignorar lo que sucede y existe y como reprimenda a esta cuestionada actitud nos indagamos del por qué obramos así y que reparos hacer para evitar esa ceguera habitual que nos conmina a llevarnos de la mano por la vía de la indiferencia y el conformismo.

Este mismo comportamiento de autocrítica y reflexión se la siente plasmar al desempolvar y depurar la casa grande de nuestra América latina que va retomando su dignidad y derechos conculcados peldaño tras peldaño ya que para tranquilidad nuestra, dejó de ser vilipendiada con esa reticencia de "patio trasero" del país del norte, imperio que no tiene hoy los mismos bríos de prepotencia y alevosía de antes curioso libreto de Obama por su fingida reverencia en la última Cumbre de Las Américas en Trinidad y Tobago, tal vez suene melodramático para algunos que piensan que la fiera del capitalismo se ha humanizado por el atractivo color de azabache, una sátira del puro oportunismo para seguir coexistiendo frente a esta portentosa correlación de fuerzas del hemisferio y que más allá de la ficción, son los pueblos y movimientos sociales organizados que desde abajo van cambiando el curso y la posición del Sur.

Desde un tiempo atrás los marginados y postergados del continente empezaron su marcha imparable hacia sus reivindicaciones quienes con estoicismo y sacrificio lograron desterrar históricamente el garrote, la mordaza y esa apología traumática del terror de aquellas dictaduras militares, recuperamos la autoestima y la libertad de forjar nuestro propio destino, para decirle a los cuatros vientos como Venedetti "que el sur también existe", ganamos más espacios democráticos y renovados ardores de lucha pero aquella querella criminal contra la impunidad sigue inconclusa. No se puede saldar la historia de tanto magnicidio con chivos expiatorios, por lealtad y justicia a esas miradas que se quedaron perdidas en los calabozos de torturas y no volvieron a ver más el claro día de la vida, por aquellos anquilosados errantes de la diáspora que dejaron su mortaja bajo otras tierras, por todos los reconocidos y anónimos luchadores sociales que segaron sus vidas por este cambio que hoy se experimenta, se tiene que hacer justicia.

Parecería que se ciernen más sombras que luces mientras se retarda la justicia y se hace más agudo el dolor cuando se tiene que recurrir a medidas drásticas como el recurso de la huelga de hambre para exigir entereza, verdad y apoyo gubernamental para la descodificación de los archivos del Estado Mayor del Ejército para así esclarecer ese obnubilado destino de los restos de nuestros líderes políticos como sostienen las valerosas compañeras Marta Montiel y Olga Flores Bedregal al iniciar su drástica medida el pasado 5 de mayo en el recinto de la Asamblea de Derechos Humanos en la ciudad de La Paz.

El país no está solo en este trance judicial en relación al concierto de las demás naciones del hemisferio quienes también se encuentran en la brega contra la impunidad para saldar el pasado poniendo a prueba la administración de justicia y esa nueva oficialidad joven del ejército con sentido crítico, tan distante de aquellos veteranos que inducían a los ruidos de sables y tramoyas golpistas en el pasado, pero preocupa que a nivel Latinoamericano el Brasil de Lula siga pasmosamente indiferente por saldar el pasado de su país en el tema de derechos humanos, una paradoja después de haber soportado en carne propia los encarcelamientos en esos 21 años de dictadura militar que sufrió el pueblo brasileño y prefiere hasta hoy seguir transitando por la vía de la apatía como reclama la representante brasileña Cecilia Coimbra del Grupo Tortura Nunca Mais, una de las muchas voces activas y discordantes que desde hace más de 30 años viene pidiendo justicia para todos los desaparecidos y torturados de su país, reclamos que se desvanecen como gritos en el desierto.

Se tiene que reconocer que en materia de justicia Bolivia avanza a pasos lentos porque lamentablemente cuenta con un Poder Judicial que ha perdido la credibilidad del pueblo por su cultura lucrativa al momento de administrar la justicia, un órgano en franca relación política con una oposición ponzoñosa y destructiva que sigue saboteando desde el Senado la promulgación de la ley anticorrupción que lleva el nombre de nuestro mártir socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz vilmente asesinado y desaparecido sus restos hasta el día de hoy.

Para evitar esta curiosa indiferencia hacia nuestros luchadores y mártires por la democracia habrá que seguir ordenando y limpiando nuestra casa, pero ojo una casa limpia no siempre es aquella a la que se la barre más, sino, es aquella a la que se la ensucia menos.

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