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PANC
Publicado: Martes, 30 de junio de 2009

El golpismo como un recurso desesperado de la oligarquía

Alguien decía que la realidad supera a la ficción


Esa mentalidad filibustera y trasnochada de tomar el poder por asalto, esa prosaica conducta de la prepotencia golpista que aún subsiste en mentes retrógradas castrenses no deja de asombrarnos, el golpe perpetrado a la democracia hondureña secuestrando al presidente Manuel Zelaya legítimamente elegido en las urnas para posteriormente ser expulsado a la fuerza a San José de Costa Rica es un acto de piratería tan descabellada pero lamentablemente real, golpistas militares que violan con desparpajo y alevosía los derechos democráticos del pueblo hondureño de decidir sobre su propio destino y seguir transitando por el camino democrático.

Este es un antecedente ante la mirada atónita del mundo, una muestra para entender que la actitud supina de esa vieja guardia militar aún subsiste con ese aliento rancio de la década de los ochenta cuando se entrenaba a mercenarios y servían como base de operaciones a la Contra Nicaragüense para aplacar así la rebelión de los pueblos de Centro América, estos mismos golpistas sin moral alguna reclutaban a niños para la insurgencia adiestrándolos para matar bajo el asesoramiento del pentágono en la administración de Ronald Reagan. Este fantasma del pasado, fiel a las oligarquías y el pentágono sigue blandiendo las armas para frenar la avalancha del pueblo hondureño que ya se viene.

No es una simple casualidad ni aislada operación de los golpistas militares. Ya se vino anunciando esa inminente violación al derecho democrático de los pueblos en diferentes latitudes del hemisferio. Es necesario y urgente cuestionar el modus operandi en las filas castrenses sobre todo en aquellos gobiernos populares donde imperan renovados bríos democráticos. No es ningún secreto que esos estridentes ruidos de sables y tramoyas militares hagan un solo coro con la reacción. Esta actitud vertical y golpista no está como muchos pretenden en el armario del pasado, sino que están ahí latentes al asecho y al servicio de las desesperadas oligarquías. Un trabajo a priori al interior de las fuerzas armadas.

Es urgente la restauración de los ejercicios democráticos y el retorno del presidente Manuel Zelaya y que los organismos internacionales más allá de sus retóricas exijan respuestas concretas para la recuperación de la democracia en Honduras y que el nombrado representante del congreso Roberto Micheletti se retire por donde ha ingresado y que los autores intelectuales y materiales de esta oprobiosa actitud golpista sean juzgados con todo el peso de la ley. Es tiempo de que esa nueva oficialidad joven formada con sentido crítico y democrático en las filas del ejército, demuestre su sapiencia y se pronuncie contra todo intento que quebrante las prerrogativas de la democracia y sean al contrario los guardianes de la democracia y de su pueblo.

El pasado está en la memoria, el futuro depende de nuestro modus operandi y este presente histórico que es tangible nos exige demostrar que estamos con los postulados democráticos junto al pueblo hondureño.

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