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Publicado: Domingo, 05 de julio de 2009

Porfirio Mamani-Macedo


Porfirio Mamani Macedo ha nacido en Arequipa (Perú) en 1963. Es doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Se ha graduado también de abogado en la Universidad Católica de Santa María, y ha hecho estudios de Literatura en la Universidad de San Agustín (Arequipa). Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas en Europa, Estados Unidos y Canada.

Ha publicado entre otros libros:
- Ecos de la Memoria (poesía) Editions Haravi, Lima, Pérou, 1988.
- Les Vigies (cuentos) Editions L’Harmattan, Paris, 1997.
- Voz a orillas de un río/Voix sur les rives d’un fleuve (poesía) Editiones Editinter, 2002.
- Le jardin el l’oubli, (novela), Ediciones L’Harmattan, 2002.
- Más allá del día/Au-delà du jour (poemas en prosa), Editiones Editinter, 2000.
- Flora Tristan, La paria et la femme Etrangère dans son Suvre, L’Harmattan, 2003.(Ensayo).
- Voix au-delà de frontière, L’Harmattan, 2003.
- Un été à voix haute, Trident neuf, 2004.
- Poème à une étrangère, Editions Editinter, 2005.
- Avant de dormir, L’Harmattan, 2006.
- La sociedad peruana en la obra de José María Arguedas (El zorro de arriba y el zorro de abajo), Lima, Fondo Editorial de la Universidad Mayor de San Marcos, 2007.
- Représentation de la société péruvienne au XXème siécle dans l’Suvre de Julio Ramón Ribeyro. Paris, Editions L’Harmattan, 2007.
- Lluvia después de mi caída y un Requien para Darfur, Lima, Hipocampo Editores, 2008.
- Tres poética entre la guerra civil española y el exilio: Miguel Hernández, Rafael Alberti y Max Aub, Lima, Fondo Editorial de la Universidad Mayor de San Marcos, 2009.

Ha enseñado en varias universidades francesas. Actualmente enseña en Sorbonne Nouvelle-Paris III, y en la Universidad de Picadie Jules Verne.

Enlace: letrasdeporfirio.blogspot.com


Estimados amigos de Panorama cultural,
aquí les envio dos poemas para su página, fueron escritos pensando en nuestra Amazonia.
Cordialmente
Porfirio Mamani-Macedo

Dos poemas para la Amazonia



El oro negro

Quien busca el oro, siembra la muerte

Entre árboles y ríos muertos
suena humillada la voz del campesino,
del hombre que vivió,
olvidado entre ramas y ríos.

Quien busca el oro, busca la muerte

Suena la bala mortal
en el pecho del hombre y su miseria.
Herida está la selva
rodeando con su aliento
al cadáver del camino.

Quien busca el oro, siembra le muerte

Suena el río, rumoroso y duro:
es un llanto que lo empuja hacia el mar.
Suenan los árboles gastados de amargura:
son pájaros que aterrados buscan una pluma,
o se arrancan unas plumas
para curar la herida de un hombre,
de aquél que murió por defender sus nidos.

Quien busca el oro, busca la muerte.

Suenan los caminos
de charcos y de sangre ya cubiertos.
Y las entrañas de la tierra
mueven los ríos, las montañas y los mares.
Caen las hojas de los árboles tan viejos:
son pesadas lágrimas
que expresar no puede la tierra.

Quien busca el oro, siembra la muerte.

Exterminados quedan los caminos
aquellos que construyó el hombre acribillado.
El cadáver engendrará un árbol
y el árbol un hombre
para sembrar la paz en el camino
y proteger bajo la infausta lluvia,
la vida de los pájaros sin nido.

Quien busca la paz, busca el camino.

París, 10-6-09



Plegaria por la vida

Dios mío, nos has dado la tierra,
de bosques, montañas y ríos,
de valles y desiertos
de mares y lagos inmensos.
Nos has dado el sol,
la luna y las estrellas de la noche.
No has dado la vida,
los árboles, las flores y las ramas,
para vivir como hombres
y conservar lo que nos has dejado,
y cuidar las semillas que florestan
en todos los rincones de la tierra.
Mas hoy que camino por selva oscura,
acosado por dientes y garras,
veo contaminados estos mares,
estas aguas, estos ríos ayer transparentes.
¿Dios mío, de quién son esas manos
tan blancas de sangre ya manchadas,
que perforan sin piedad
el mar, el desierto y la selva que nos has confiado?
Dios mío, están matando, otra vez,
las raíces del Perú,
las raíces de la tierra.
¿De dónde vienen esas fauces
a devorar los árboles
y la vida que en los árboles habita?
Oscuro está el camino para andar,
pero camino entre sudores y lágrimas terrestres,
preguntando por aquello que no veo
los árboles, los ríos, los nevados
y el manantial que irrigó toda mi infancia.
Se ha levantado un clamor en plena selva,
rugen los animales, los hombres y las plantas,
sólo desean vivir como vivieron los ancestrales días,
pero la mano aquella,
que escarba la tierra y los mares,
escarbar desea con furor bajo los árboles,
bajo el río de amazónicas aguas,
y matar la vida que nos has dado.
Dios mío, estando yo aquí,
en selva oscura,
oigo el rumor de los árboles que caen,
siento el dolor de los huérfanos que quedan,
siento el terror de las plantas
que a orillas de los ríos crecen,
de los pájaros que desde los orígenes
viven en la selva que fenece;
son ellos quienes me sugieren la plegaria,
por la ventana de mi alma.

¡Dios mío, calma su dolor y su desgracia!

París, 13-06-2009

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net