Buscar
PANC
Publicado: Sábado, 25 de julio de 2009

Sigo viendo demonios


Anoche tuve una pesadilla.
Fueron profusos los espíritus que rondaron y acicatearon mi sueño cuando invadía y me dispersaba por aquellas escabrosas y zigzagueantes calles de La Paz arropadas con adoquines donde acudían disímiles voces de todas las laderas, era una urbe surgida al capricho y el vaivén del tiempo como aquella analogía de una ciudad excavada que exudaba desde su vientre murmullos etéreos. Me deslice resuelto sobre mis pasos, casi a galope, atravesé en línea transversal aquella calle Harrington y como sombra apocada sin exhalar un solo gemido de vida, focalice aquella morada donde fueron cobardemente abatidos los ocho "genuinos" líderes miristas aquel 15 de enero de 1981, no me detuve ni volqué la mirada hacia atrás mientras me alejaba de aquel lugar.

Residuos de las gradas de la sede de la COB, un mudo testigo de la muerte.
Persistí con mi periplo escurriéndome por las sinuosas veredas como silueta irreflexiva, adentrándome hacia aquel paraje alejado de Pura Pura para reencontrarme con el pasado amordazado y silenciado a punta de carabinas y máquinas de matar gente, concebí cómo aquel 22 de marzo de 1980 se detenía el tiempo y las palomas de la plaza Murillo en estampida alzaron vuelo para no volver más mientras persistía la bestialidad uniformada, habían consumado su amenaza, nuestro jesuita de "Oraciones a quemarropa" Luis Espinal Camp estaba ahí con su cuerpo desnudo e inerte sobre el piso en aquel retirado lugar, una señal más de lo que fue capaz la antropofagia y la cultura del terror.

Intuyo que la palabra humanidad jamás será entendida por la prepotencia de los ruidos de sables, nunca comprenderán los energúmenos de las bayonetas que la quimera de los pueblos es indomable, porque es ésta la que les permite avanzar y abolir las inmundicias del alma, no lo entenderán porque sencillamente están ahí en ese estado de naturaleza hobbesiana una soterrada apología de la barbarie sin sentimientos ni alma.

No me hizo falta aguzar el oído para seguir oyendo el bramido inocente de aquellas ambulancias que eran utilizadas para esconder a la muerte bajo la mirada sibilina de "El carnicero de Lion" Klaus Barbie. Parecería que fuese ayer cuando de súbito bestias de una extraña prosapia fuertemente armados irrumpían la sede matriz de la Central Obrera Boliviana aquel 17 de julio de 1980 confiscando así a sus mejores hijos que dio Bolivia, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Flores Bedregal y los más de 500 asesinados de aquel oprobioso pasaje golpista de los Luises.

Esta extraña pesadilla que parece sacada de los cabellos y termina bajo los barrotes de Chonchocoro la siento extrañamente latente, presente, porque al igual que las fichas de un ajedrez estos Luises son tan sólo peones y chivos expiatorios, muchos son los autores encarnados en el espanto de mis pesadillas, pero me indago, qué es de los otros? de los que urden desde sus repantigados curules, de los que financian la discordia, de los padrinos del cataclismo, de los que manejan estas fichas del ajedrez con prolija destreza, a estos señores que siguen promoviendo las guerras con la diestra y nos venden la paz con la siniestra, o en buen romance, la quietud de los camposantos?. Esta es la rara sensación que sigo sintiendo cuando las tramoyas golpistas están a la vuelta de la esquina y si no me creen pregúntenselos a los hondureños, ellos no me dejaran mentir.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net