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PANC
Publicado: Martes, 29 de septiembre de 2009

¿Qué hace al escritor, el ISBN ?


¿Cuál sería la respuesta correcta a semejante pregunta? Podría aplicarse el concepto de una LICENCIA PARA ESCRIBIR, un identificador único para los libros previsto para el uso comercial, denominado originalmente en ingles El International Standard Book Number. La hermenéutica perfecta ISBN, creado y pensado en 1966 por las librerías y papelerías británicas con el único propósito de CLASIFICAR LEGALMENTE para vender libros con registro.

Encontrar en un marco legal, un nido legislativo simplemente para crear una obra y proceder a venderla dista mucho de las apreciaciones genéricas del oficio de escritor. Designa y compone un terreno hábil en el universo de las normas que prepara el cuadro para la pintura y no la pintura misma y mucho menos los pinceles necesarios para desarrollar la visión. Tamaño argumento sobre la determinación del mundo literario languidece al tratar de juzgar a un escritor por su condición registral. No obstante, esta afirmación no traduce obviamente la estimulación a generar literatura ilegal propiciando la marginalidad; por fortuna eso no está en debate. El escritor no percibe su gesta literaria a través de una suscripción pagada la cual te garantiza que tu número signado por la institución otorgante se destaque al reverso de la portada del libro, en la parte inferior de la contraportada externa, en el lomo sí en caso es una producción rustica o finalmente en el pie de la portada si no hay espacio otro lugar que diga:
-¡Mira soy escritor, porque tengo mi ISBN!

El escritor establece una comunicación intima con el mundo de las musas, con su yo interior y exterior funcionando y fusionando frecuentemente una serie de impresiones, emociones, inquietudes. Las mismas que inundaron con su forma de expresión y pensamiento a Platón a escribir sus Diálogos Socráticos, ó a Sor Edith Stein "Escritos Fenomenológicos", a Cervantes, "La Gitanilla" y así una cantidad innumerable de autores que desconocían de licencias pero los consumía sus gritos internos solicitando tomar cuerpo en un libro.

En definitiva, un libro, el gran hijo del autor, indiscutiblemente un hijo tiene derecho innato y constitucional a un nombre y apellido. Se respeta y es mas se demanda que se haga para evitar el carácter espurio de la obra deseando que la criatura camine con pies propios. Es lo usual, lo correcto. Sin embargo, el menester de escritor no depende exclusivamente del permiso para escribir sino de darle rienda suelta a la solemne luz que brota cual amanecer para iluminar la mañana y un hito en la carrera literaria.

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