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Publicado: Sábado, 30 de enero de 2010

José ángel Leyva


José ángel Leyva (Durango, 1958). Ha publicado:
Libros de poesía: Botellas de sed, Catulo en el Destierro, Entresueños, El espinazo del Diablo, Duranguraños, Aguja.
Novela: La noche del jabalí (Fábulas de lo efímero).
Periodismo literario: El Naranjo en Flor. Homenaje a los Revueltas.

Foto: Pascual Borzelli Iglesias
Coordinó y forma parte de los libros Versoconverso (Poetas entrevistan a poetas mexicanos), México, 2000; Versos comunicantes (Poetas entrevistan a poetas iberoamericanos), Ediciones Alforja y UAM, 2001. Versos Comunicantes II y III, ediciones Alforja-UAM, México, 2005, y Alforja-Universidad de Nuevo León, 2007. Libros para niños: Taga el papalote. Algunas de sus obras han sido traducidas al francés, inglés, portugués e italiano. Ha dirigido diversas revistas nacionales, entre las cuales destaca Alforja, revista de poesía. Actualmente dirige la Coordinación de Publicaciones del Instituto de Posgrado, Investigación y Educación Continua de la Universidad Intercontinental. Es director general de La Otra. Revista de poesía+Artes visuales+Otras letras. Obtuvo el premio nacional de poesía "Olga Arias" (Gobierno de Durango-Bellas Artes) con el libro Entresueños, en 1990, y el Nacional de Poesía convocado por la Universidad Veracruzana, en 1994.

www.laotrarevista.com/


Poemas de José ángel Leyva



NAGUAL 10

Poeta

Al final uno se convierte en lo que escribe
o no con mano propia
Quién habrá de creer en tu nagual
si no olfatea el temblor de la imagen aterida
muerta de miedo ante los ojos que la observan

Borrón mancha signo tipográfico
Tinta sin control en el papel desierto
Chorro de sombras en la hoja infestada de olvidos
predadores de lo nuevo
Urgencia de oxígeno en la cumbre o en el fondo
donde no volamos ni anduvimos con las branquias puestas

Levantas la tapa y ves tu propia muerte
Bulle el gusanero de letras debajo de un título y de otro
Parecen luces de neón cubiertas de ceniza
Tu máscara y tu nombre ocupan el lugar
de esa persona que no llegaste a ser
Un día cualquiera la ahogaste con la almohada
Algo de ti quedó en su testamento
Acabas de nacer
Alguien te lee


LíNEAS

Entre dos puntos la línea divide un infinito
los límites de un cuerpo
de un volumen
el comienzo de la imagen
El pincel con fibras asombrosas
se desliza entre espectros de manos dibujantes
Durero Leonardo Doré Shitao Klee
Alambres nerviosos del silencio
Caligrafías de los sentidos y del sueño Un lápiz desmadeja las formas informales
el presente amorfo de recuerdos del futuro
las rayas de la palma y de los dedos
en cuevas muros y peñascos En las manos que escriben va la suerte
del grafito con su punta desgastada
Resistencias cuerdas filamentos espirales
encendidas por Ariadna en las cavernas
en la mirada medio humana de la bestia al descender a la rúbrica y al trazo
la línea es frontera y es principio
de quien escribe y dibuja sus fantasmas


MI ABUELO

a Juan Gelman

Mi abuelo tenía unos largos cuchillos afilados
y un extraño silencio de sauce en las pestañas
Dice mi padre que era experto en matar de un solo tajo
abrir las bestias en canal y desollarlas con pericia
Desvanecer en cortes cirujanos a la presa
Mi abuelo José ángel no pensaba en el dolor
ni en la muerte de la carne
Cada mañana en su interior se desangraba una palabra
Un pinchazo al corazón se le clavaba al hundir el pan
en el café matinal en medio de los fiambres
Imaginaba que encendía temprano un horno
amasaba harina y enseñaba a los nietos a inventar
formas con nombres que se encienden al calor del barro
El carnicero despertaba en su local de garfios y de sangre
Rebanaba piezas de res de cabra de cerdo de cordero
Callado
Regalaba a la clientela una sonrisa calma
A veces el alcohol recuperaba el sueño
el aroma del pan
las ascuas brillantes de sus ojos grandes
Tomaba la calle con risa y voz desconocidas
Compraba en el retorno a casa la mejor repostería
Murió el abuelo porque el trigo le dolía al miocardio
antes de conocer nietos y de ser viejo
Sus hijos heredaron de mi abuela el magisterio
y una sentencia que dijo era de José ángel
"La palabra es al hombre lo que el hombre a la palabra"
Abandonó la familia el matadero por un salón de clases
En mi infancia recuerdo a mi padre sacrificar animales
con manos de maestro
escribir discursos y poemas para grandes banquetes
en una comunidad analfabeta
También lo vi hacer hornos y pan junto a mi madre
Ahora me pregunto al escribir sobre el abuelo
En dónde quedaron sus largos cuchillos afilados
Los nombres de la harina
En dónde la palabra-carne


TONINá

Un camino de hormigas abre el rastro
allana la maleza hasta la piedra
Aún se escuchan los pasos olvidados
de los indios que erigieron monumentos a la luz
Perduran las estelas mayas con todo y sus pirámides
También el zumbido de las flechas lanzadas a los cuerpos estelares
¿En dónde comenzó la muerte a ser agricultora de los vivos?
La exploración del cielo la cifra vertical
En el telar de los primeros cuentos borda
un vigía el destino de los héroes inmortales
Urde la mente los hilos de su propia sombra
Ilumina la noche con ráfagas de dudas
Las cuelga del pozo firme del silencio
El ojo estanque rebosa de memoria
Los dioses se ahogaron en la imagen de los hombres
en sus pupilas espejos de obsidiana
La verdad descarnada se aproxima
El pozo de los astros se llenó de polvo
Reposa en el fondo la palabra de los muertos
Toniná es un camino de hormigas militares
Arrasan con su verde infértil la maleza
y ondean su bandera incrédula
donde ventea el hambre del jaguar
Han plantado los insectos su campo insustancial
El orden brutal de medallas y de estrellas
Garitas recelosas del tiempo
de un pasado presente en las miradas
El verde olivo despliega sus cuarteles
Toniná es una punta de dardo
constelación de signos en espera
Allí muy cerca
se escucha el clarín tembloroso de la guerra
Los hombres de maíz
observadores del cielo
descubren las señales de los sueños


BOGOTá

El filo de la noche me rompe la suela del zapato

Llueve

Al pie de Monserrate mis plantas
Son verdes también como los negros ojos
El calcetín recorre la séptima carrera
Sin prisa
la décima la trece el maratón de niebla en la sabana

En el futuro estuve aquí
Tenaz como el pasado
Y en el ayer que es hoy
Su geometría rondaba mi ignorancia

No para de llover
Ladrillos y piedras me indican
Que voy de atrás para adelante
La candelaria envejeció desde el recuerdo

No para de llover
La juventud de Bogotá borbota en las aceras
Forman arroyos sus risas sus deseos
Saltan como hongos de humedad las voces
Caderas senos pasos devenir en baile

No tengo zapatos suficientes para expresar
la intensidad del tiempo
Habrá cielo despejado
Con sol bajo la suela


EL áRBOL DE LA MUERTE

El viento aclara la novedad del follaje
Entre los huecos de los pájaros anidan
el estupor y la zozobra
Puñados de sombras parecen agitar las ramas
Sólo ausencias se desprenden del árbol de la muerte
Cuelgan sin gravedad medusas del dolor
Vienen desde abajo
con la raíz en la cabeza del gusano
que aprende a florecer sin frutos



EL POETA LLEVA UN TIRO EN LA CABEZA

a Fausto

Pensaba que la muerte no dolía
mas sintió una explosión de dolor en la cabeza
Era un joven intenso de Colombia
Hombre niño viejo

Le gustaba arriesgar el corazón en la ruleta
y jugar a darle sentido a las palabras
a ponerle nombre a los sucesos
que la demencia y el horror definen innombrables

Se puso a revolver las letras del revólver
Se puso el chaleco salvavidas
Alquiló su vida como escolta

¿En qué país estoy? se dijo
cuando la bala le rompía la frente
y se alojaba estupefacta en el cerebro

Nunca perdió el conocimiento
ni la imagen vívida del arma
¿En qué país estoy? interrogaba a los curiosos
el guardaespaldas boca arriba
con ojos de poeta
de mártir
de extraviado
de suicida

¿En dónde sobrevivo? se pregunta
Ese hombre cuando escribe
y le pesan los versos como plomo
y le vuelven los nombres de la muerte

¿En qué país en qué país?
repite la bala estacionada en la cabeza.


LA POESíA

Pasaban los árboles veloces de mi infancia
El autobús me arrancaba de los ojos
uno a uno los pinos y las nubes
Devoraba el asfalto tembloroso de la sierra
Yo dije la palabra inútil
y vi la mirada de la muerte
Su tieso semblante y la rigidez
del aire que no pesa y no camina
¿De qué están sembrados los sepulcros
que no echan hacia fuera gusanos sino flores?
Toc toc toc
toc toc toc
Sonó mi cráneo o calavera hueca
Alguien llamaba desde el bosque
Pasaban las sombras de los árboles
y repetí con balbuceos la palabra aliento
Un velo en el cristal de la ventana
la colocó al revés y en forma de conjuro
Entonces las fosas de la tierra
dieron a luz mi propia lengua

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