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PANC
Publicado: Miércoles, 03 de febrero de 2010

Más allá de las murallas


La película mexicana "La zona" del director Rodrigo Plá de nacimiento uruguayo y con la idea original de la escritora Laura Santullo es una radiografía descarnada de una desmedida historia que la digerimos a diario en ese desenfreno de dos mundos que se repelen bajo un mismo cielo salpicado de estrellas y es sólo la infelicidad la que se hace escarnio de todos, los unos luchando por conservar sus privilegios de clase atrincherándose en zonas selectas construyendo murallas y circuitos cerrados de seguridad para protegerse de ese otro mundo degradado que habita en los cordones de miserias y de un sistema que los asfixia con su indiferencia segundo a segundo. Una espiral sin fin que los hace miserables a todos porque nadie puede ser feliz odiando y oprimiendo al otro.

Este escenario abigarrado de contradicciones está acertadamente trabajado con un amplio elenco de actores en cuyos papeles principales sobresalen Maribel Verdú, Daniel Giménez, Carlos Bardem, Daniel Tovar en el papel del joven Alejandro y Alán Chávez como el prófugo Miguel, un adolescente que siente su muerte anunciada por sus rastreadores que toman la justicia en sus manos. La Zona es el prototipo de las residencias de las clases adineradas que viven en su oasis como una efímera pompa de jabón conminada a la paranoia permanente de ser despojada por asalto por esa realidad externa, pero más allá de la sinopsis y el análisis cinematográfico de esta película horadaré en la conciencia y el dolor que ocasionan los muros.

Es una narración que nos emplaza a todos a la reflexión de esta sociedad polarizada porque si uno no es parte de la solución es de una u otra manera parte del problema ya que a diario nos zambullimos en un sistema inhumano con el peso de la apatía, una severa realidad que sigue empecinada en construir murallas visibles de gruesa envergadura como también tapias etéreas que solamente se las percibe con el corazón y se las registra en esa nebulosa visión de sentirse superiores a los otros, un drama social que nos lleva a tientas derecho a la tragedia porque esta apología de hacer murallas tiene un efecto inhumano y devastador donde el remedio es peor que la enfermedad , para ilustrarnos miremos los muros del oprobio como la de Cisjordania que mantiene en cautiverio a todo un pueblo palestino por la ocupación israelí, o la hipócrita decisión de edificar un muro en la frontera mexicana por el país del Norte para evitar el éxodo de los indocumentados que antes fueron útiles para la reconstrucción de sus ciudades como el de Nueva Orleans devastada por los huracanes. Construir muros como en "La Zona" o edificar muros en nombre de la seguridad ciudadana de nuestras ciudades es "como jugar al gato maúlla con el mísero ratón", es como tapiarnos y enclaustrarnos en vida y por consiguiente es una envilecida manera de atacar el efecto y no la causa.

Tengo la modesta certeza que en lugar de construir muros entre los seres humanos deberíamos labrar puentes de comunicación que nos acerquen más, necesitamos reconocernos para entender que detrás de esa piel y de esa ostentosa parodia de los doctos, de la carcasa social, de los nombres largos, de los linajes y del desenfreno del dinero, somos simples mortales con un similar organismo que desarropándonos se irán también cayendo esos muros de la intolerancia.

Sin recurrir a los ilustrados de los conceptos, en el mundo tupi-guaraní la percepción de la felicidad radica en la comunión de todos, uno es feliz cuando los demás son felices y estos valores ético morales destierran a la indiferencia, a la hipocresía, al individualismo y al sálvese quien pueda de este mundo globalizado que nos come las entrañas e ignora que si a uno le sobre algo es porque al otro le falta.

Esta visión de extender puentes va más allá del protagonismo político, si el soberano es el pueblo y este emerge del pacto social según la concepción russoniana es por demás argumentado que la sintonía con el pueblo no estriba únicamente al momento del sufragio o cuando el pueblo tiene que ir a pagar tributos, el extender puentes significa velar por el pueblo recogiendo sus anhelos y demandas, donde la batalla contra la pobreza y la corrupción sea denodada junto a una educación liberadora y amplia como el mismo horizonte, extensa como las palabras del ex tupamaro y recientemente electo presidente del Uruguay José Mujica cuando se refiere al concurso de todos para forjar una nueva sociedad incluyente: "(…) sólo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa. Hay que buscarla porque anda corriendo de escondite en escondite y pobre del que emprenda en soledad esta cacería (…) el puente entre este hoy y ese mañana que queremos tiene un nombre y se llama educación y mire que es un puente largo y difícil de cruzar (…)".

Sospecho que estamos juntos por estos derroteros creando más espacios democráticos y rompiendo murallas como el testimonio de aquella noche del jueves 9 de noviembre de 1989 cuando cayó aquel muro de la vergüenza en Berlín.

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