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Publicado: Martes, 20 de abril de 2010

Huelgas de hambre, medios de comunicación, Internet y los imbéciles que posan de "


Las noticias que corren por los medios electrónicos alternativos alertan, en los últimos días, sobre la gravedad del deterioro de salud en que están cayendo 5 saharauis en huelga de hambre desde hace un mes a esta parte. Entre otros, leemos lo siguiente:

"Los cinco activistas en huelga de hambre ya llevan un mes de ayuno. A ellos se han sumado otros 30 presos y ciudadanos saharauis."

"…En huelga de hambre. Los seis saharauis esperan juicio militar a pocos kilómetros de Rabat. Entre ellos: Ali Salem Tamek, vicepresidente del Colectivo Saharaui Defensores de los Derechos Humanos (CODESA)- ; Brahim Dahane, presidente de la Asociación Saharaui de Víctimas de Violaciones de los Derechos Humanos (ASVDH) y los activistas saharauis Ahmed Naciri, Yahdih Ettarouzzi, Rachid Sghayer y Saleh Lebaihi."

"Están los seis muy débiles", explica a EL MUNDO, Hassan Duihi, representante del Comité de Protección de Presos Saharauis. "Han perdido todos muchos kilos, Dahane diez y está muy afectado del estómago; Tamek cada vez está peor de su asma", continúa Duihi al otro lado del teléfono".

"El ´Grupo de los Siete´, se les ha apodado, entre ellos una mujer, Dejga Lachgar, liberada provisionalmente en enero por su debilitado estado de salud mental- fue detenida el pasado octubre en el aeropuerto de Casablanca, adonde aterrizaron tras viajar a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf."

"Su visita al árido desierto argelino, al exilio de los saharauis, les costó la acusación de alta traición a la patria, y su caso se transfirió a la jurisdicción militar; que según han denunciado organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional podría condenarles a pena de muerte."

"El representante del Comité de Presos Saharauis considera "injusta" la detención señalando que otras dos delegaciones de activistas del Sahara Occidental han visitado los campamentos de refugiados de Tinduf en los últimos meses "y han mantenido las mismas reuniones que el Grupo de los Siete sin que las autoridades marroquíes les hayan detenido a su regreso"."


Por cierto que estos hechos no han tenido la cobertura suficiente en los medios de comunicación escritos y televisivos tal como la tuvo, por ejemplo, la huelga de hambre del cubano Orlando Zapata, para algunos disidente, para otros, un simple delincuente.

Como sabemos, no pocos que posan de izquierdistas se dejan llevar por las pautas que emanan de los medios de información escritos que, como sabemos, siempre que se suscita un hecho de esta naturaleza o similar, aprovechan diligentemente la ocasión para destilar todo su veneno ideológico disparando en contra de la Revolución Cubana. Dudo que algún crítico, aquí en Chile, haya siquiera conocido los expedientes judiciales sobre los cuales fue detenido y condenado el cubano Orlando Zapata, a saber, delitos comunes tipificados así en la Constitución cubana.

Ahora bien, existen casos dramáticos de degradación política-ideológica como las sucesivas declaraciones en contra de Cuba de artistas como Ana Belén, Víctor Manuel, Pedro Almodóvar y otros. Por cierto, Chile no ha sido la excepción destacando el caso de la bancada parlamentaria socialista que bajo un oportunismo artero y cobarde, también creyó necesario saltar a la palestra condenando al gobierno cubano por el caso de Orlando Zapata.

Hasta donde yo sepa, ninguno de estos bocones ha dicho esta boca es mía para alzar la voz en contra de la situación que están sufriendo los 5 saharauis en huelga de hambre. Un hecho inexcusable que no puede pasar desapercibido más, sobre todo, cuando éstos son inequívocamente presos de conciencia, activos miembros de organizaciones defensoras de los derechos humanos, y no como el caso del cubano cuyo supuesto atributo de disidente o preso de conciencia es bastante cuestionable a la luz de las acusaciones por las que fue sucesivamente condenado en varios procesos

Sin duda las personas que se han apresurado a condenar sin más ni más a Cuba, sobre todo, supuestos izquierdistas, ahora con sus cobardes silencios por los casos de los saharauis, no han mostrado otra cosa que quedar retratados como perfectos miserables. Miserables, porque una cosa es actuar por omisión o ignorancia, y otra cosa es actuar conscientemente sobre aquello sobre lo cual se está opinando.

Muchos ni siquiera saben de la existencia de estos presos de conciencia, defensores de los derechos humanos saharauis cuyas vidas corren inminente peligro, no sólo por el posible desenlace fatal de sus huelgas, sino también porque pende sobre ellos la amenaza de un Tribunal Militar de sentenciarlos a pena de muerte "por traición a la patria". Ignorancia porque se remiten a leer sólo los titulares de la prensa escrita que cuelgan en los kioscos o bien por aquello que les informa el noticiero de la televisión. En buenas palabras, en vez de informarse, se desinforman.

Ni siquiera quiero imaginarme la escandalera internacional que se armaría si fuera un Tribunal militar de Cuba quien estuviera preparando una sentencia de muerte para 5 cubanos, cualquiera sea su status de prisión carcelaria, ya sea presos de conciencia o delincuentes. Para el caso daría lo mismo, nuevamente se orquestaría la consigna "todos contra Cuba", por los motivos que sean e, incluso, ya lo sabemos, si no existen motivos, para el caso de disparar contra Cuba, éstos se inventan.

Las supuestas analogías de estos dos casos demuestran en su verdadera dimensión el poder que asumen hoy los medios de información escritos para formar la conciencia de los ciudadanos y orientar y dirigir sus opiniones en tal o cual sentido. Sobre esto se ha usado mucha tinta para graficar la inmensa potencialidad del llamado "cuarto poder". Sin embargo, hasta esta denominación constituye hoy una falacia, porque como bien señala Aram Aharonian, director de teleSUR, aquellos estudiantes que han estudiado comunicación y han aprendido de los textos que la prensa constituye el 4° poder, es hora de que vayan botando a la basura dichos textos toda vez que hoy, sin duda, los medios de comunicación lejos, han pasado a formar el primer poder en el mundo.

Y no deja de tener razón este juicio cuando constatamos que la prensa escrita hace y deshace lo que quiera con nuestras conciencias, moldeando nuestras opiniones hasta en sus más mínimos detalles, salvo honrosas excepciones. Si la prensa nos dice que Iraq fue invadido por ser aliado del terrorismo de Al Qaeda y poseer armas secretas destructivas letales, les creemos. Si dice que Estados Unidos es el país campeón en defensa de los derechos humanos, -no importando que sea el mayor violador de los derechos humanos a escala planetaria-, también nos tragamos el cuento. Ahora si hay un delincuente en Cuba que sostiene una huelga de hambre y más encima muere, ese ya no es un delincuente, sino un disidente. Pareciera ser, por lo que nos informan los medios, que en Cuba no existieran delincuente, a todos los presos cubanos se les cuelga el cartel de preso de conciencia o disidente. Así de simple, y punto. En fin, llenaría páginas y páginas para demostrar como la prensa escrita sobre Cuba ha mentido y sigue mintiendo desde siempre, dejando chiquito a Goebbels en eso de mentir y mentir insistentemente para que algo quede.

Los medios comerciales de comunicación convertidos en el primer poder son en definitiva los que deciden quiénes son los verdaderos protagonistas de la sociedad y a quienes hay que creerles o no. Por otra parte, quien grita más fuerte y tiene más poder tendrá más pantalla, hasta que no les sea funcional para ser finalmente olvidado.

Este esquema se repite en casi todos los países para cuyo caso basta recordar lo que pasó en Venezuela y en Honduras donde ambos golpes de Estado (Carmona y Micheletti), fueron eminentemente golpes de Estado mediáticos. Si antes se necesitaban a las Fuerzas Armadas para imponer un modelo económico y político, hoy los medios de comunicación se encargan de ello, bombardeando al ciudadano con información, publicidad y entretenimiento, desde las series de televisión, recetas de cocina, cotilleos hasta sucesivos e interminables programas de farándula. Todo vale para adormecernos, olvidarnos de los problemas reales fijando nuestra atención y miradas en hechos banales. Si Marx viviera en esta época, de seguro su famosa sentencia "La religión es el opio del pueblo", lo cambiaría por: "los medios de comunicación son el opio del pueblo".

En fin, lo cierto es que la gente lee los diarios y ve televisión pero no sabe discernir lo que es la realidad, mareados y embolinados por una fina y alambicada red de información virtual que no es lo mismo que una información real. Para más peor, los medios del Estado no se diferencian mucho de los comerciales en calidad del mensaje y en credibilidad. Se confunde información con opinión editorial y opinión con propaganda. Para el caso, TVN no se diferencia mucho de Chile Visión, en los modos de sesgar y pautear los hechos.

De otra parte, bien sabemos, por ejemplo, que en la televisión los sondeos de opinión son los que mandan. Continuamente se pregunta a unos pocos cientos de chilenos para que nos digan a los restante 15.000.000 lo que debemos pensar y hacer sobre cada cosa. Resulta falso pensar que la televisión se limite a reflejar los cambios en curso en la sociedad y en su cultura. En realidad, la televisión refleja aquellos cambios que ella misma promueve e inspira. Para eso está el arte de la manipulación, para lo cual siempre hay inteligentes cientistas sociales y expertos de la comunicación que por una buena paga se prestan gustosos para ello.

Por estas y otras razones, es que se hace imperioso salir al paso de estas informaciones que más que informar nos idiotizan, nos vuelven más inermes y a veces, también más imbéciles.

Puestos ante esta encrucijada grupos alternativos, o disidentes al pensamiento único y al neoliberalismo imperante, se nos hace cuesta arriba contrarrestar la oleada discursiva distorsionadora de la realidad, por el hecho de carecer de recursos económico para mantener en circulación los medios escritos tradicionales y, sobre todo, nuestro casi nulo acceso al gran poder formativo de la televisión. Los pocos medios que hoy subsisten (Punto Final, El Siglo, radio Nuevo Mundo, radio Terra, y otros pocos) realizan verdaderas proezas para mantenerse en pie, pues carecen de avisaje y publicidad, oxígeno sin el cual resulta prácticamente imposible mantener en circulación este tipo de medios de comunicación.

Es por eso que, en un cuadro así, tan a contrapelo con todo lo que tenga que ver con la verdadera independencia de comunicación, respecto de los poderes económicos y fácticos que hoy dominan el mundo de la información, tanto la veracidad, lo plural, y la diversidad se encuentran ausentes sin que, al parecer, no haya nada que lo contrarreste.

En este orden, reviste especial importancia que la gente conozca que en sus manos está la posibilidad de disponer de instrumentos que contrarresten la masiva desinformación de que somos víctimas. Para contrarrestar esto debemos de utilizar con creatividad e inteligencia la moderna tecnología que nos ofrece internet, para ponerla al servicio de nuestros anhelos y aspiraciones.

En efecto, Internet brinda la oportunidad a los colectivos políticos y sociales de izquierda la posibilidad de colocar con inmediatez y a muy bajo costo la información de interés que oculta la parafernalia mediática oficial. Sin embargo, para que esto se cumpla, es necesario tejer en la práctica cotidiana las redes que han empezado a surgir en Internet. El intercambio de publicaciones, la circulación del pensamiento crítico-reflexivo, la circulación de libros, la creación de páginas culturales, la coordinación entre las pequeñas editoriales, entre las radios y televisiones comunitarias, resultan acciones urgentes e inmediatas en su mejor y más expedita presencia a través de Internet.

Unir lo pequeño, desde donde se resiste a lo grande, resistir y oponerse a la hegemonía cultural dominante, desmitificar la realidad superflua que pretende internalizar la hegemonía mediática, es una tarea imprescindible y de primera necesidad, para cuyo curso tenemos a nuestra disposición las redes que nos ofrece la moderna tecnología de Internet.

Hacer uso de ella, en las actuales condiciones y circunstancias, más que una posibilidad, se ha transformado en una imperiosa necesidad, una decisión que depende en último término de nuestra inteligencia y creatividad, es decir, de nosotros mismos. En este orden las web, los blogspot y fotologs, de reciente aparición en internet, vienen a sumarse a esa gran posibilidad de invadir los espacios con los discursos y aspiraciones nuestras.

Desde esta óptica, resulta gratificante comprobar experiencias concretas que se han llevado a cabo con inusitado éxito en varias partes del mundo. Los casos de Rebelión, kaosenlared, La haine, etc. Aquí en Chile, los casos de CIPER, Liberación, G80, Clarín, etc., son una buena muestra de cómo el pensamiento libre y crítico, surgido desde el mundo de la izquierda, y de voluntades libres progresistas, pueden contrarrestar la gran fuerza de los medios de comunicación oficiales, que en la prensa escrita, radio y televisión aparecen como incontrarrestables.

En estos tiempos de satélites e Internet, de grandes avances tecnológicos, pero también de grandes exclusiones como lo son la falta de libertad la miseria y el hambre, Carlos Marx, sonriente y subversivo, desde su tumba, pareciera querer susurrarnos a nuestros oídos: "disidentes de todos los países del mundo "uníos", comunicaos unos a otros a través de internet, no desperdiciés la posibilidad de la nueva tecnología, para ponerla al servicio de la causa".

No echemos al saco esta ficticia imagen de socarrona sugerencia de Carlos Marx. Las gratificantes y exitosas experiencias de los ejemplos citados, han terminado por darle toda la razón. Con imaginación y creatividad, mucho esfuerzo y tenacidad, todo se puede, incluso hasta aquello que parece lo más inalcanzable e imposible de acometer.

Todo esto, a propósito de la dispar cobertura periodística que han tenido las huelgas de hambre de presos en Cuba, y en el Sahara Occidental respectivamente.

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