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Publicado: Miércoles, 28 de abril de 2010

Apuntes sobre las repercusiones de la derrota de la Concertación en Chile


La Concertación de Partidos por la Democracia, el conglomerado político chileno más exitoso de la historia, dio paso al primer gobierno de derecha en 50 años, elegido democràticamente en nuestro país.

Hay varios intentos de análisis para explicar la derrota, pero ninguno apunta a lo medular del tema: la descomposición de sus fuentes nutricias en lo cultural y económico y carencia de valor político para enfrentar las reformas democráticas que todo el país quería; el sistema binominal, único en el mundo donde el 30% vale lo mismo que el 70% terminó por encapsular a las corporaciones parlamentarias de todos los sectores quienes desarrollaron un feroz apetito por el poder en vez de lograr reformas laborales amplias para los trabajadores, democratizar el tejido social, robustecerlo, ampliar la base de sustentación de la centroizquierda con ideas de cambio real, y esto permitió la concentración del poder económico, político, militar, en manos de la derecha que tiene dos almas: una de vertiente fascista, los herederos de Pinochet, y otra que desea perfeccionar el sistema que también lo atrapa.

La Concertación perdió la capacidad de soñar y eso es letal en toda coalición política progresista del mundo.
Los equipos ministeriales sucesivos administraron el modelo neoliberal y cierta parte de su dirigencia fue cooptada para el sistema.
Las dos vertientes concertacionistas, la que representa al mundo socialcristiano, y la otra a la socialdemocracia pactaron acuerdos de gobernabilidad sin soportes populares de apoyo, y la muestra más visible es que el principal partido político en el Chile de hoy es la Unión Demócrata Independiente (UDI), fervientes partidarios de la dictadura.

La Coalición por el Cambio, liderada por Sebastián Piñera, mostró apertura para reunir en su mensaje lo mejor del gobierno de Michelle Bachelet con una audaz plataforma de inquietudes no satisfechas por su gobierno, y logró dividir al eje gobernante en varios sectores que se escindieron de la democracia cristiana, el partido socialista, el partido por la democracia, los principales partidos de gobierno y que terminaron por darle la victoria.

Particular notoriedad tuvo la postulación de Marcos Enríquez Ominami, hijo del fallecido líder guerrillero del Movimiento de Izquierda Revolucionario (Mir), Miguel Enrìquez, quien capturó una parte sustantiva del descontento.

Por otra parte, la figura de Eduardo Frei Ruiz Tagle, no tenía ni el carisma ni la representación política de su propio sector.

Mientras, por la izquierda extraparlamentaria el Partido Comunista logró obtener 3 diputados y volver al parlamento después de 36 años.

La Concertación está en una crisis en pleno desarrollo, donde los principales dirigentes no logran colocarse de acuerdo qué tipo de oposición realizarán, sin consultas a sus bases quienes se preparan para manifestar su descontento.

El otrora eje gobernante aún no logra darse cuenta que perdieron el poder producto de sus propios errores y no por la eficacia organizacional y de ideas del equipo gobernante actual.

Chile vive momentos cruciales. Parte de la dirección política que condujo el proceso de derrotar a Pinochet debe dar paso a nuevas generaciones y a nuevos proyectos que logren ampliar la base política y social de la centro izquierda con un polo de mayor desarrollo con miras a los próximos diez años. La izquierda y el centro deben ahora reunirse en un espacio mayor donde los trabajadores, la juventud, los intelectuales, técnicos y profesionales reordenen su mirada como en alguna oportunidad lo hicieron el Frente Amplio en Uruguay y el PT, de Lula en Brasil. No darse cuenta de este fenómeno y dotarlo de contenido es preparar de nuevo el triunfo de la Coalición por el Cambio en 4 años.

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