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Publicado: Sábado, 05 de junio de 2010

Fumando espero


La coalición de derecha, ha realizado su rayado de cancha a partir del 21 de mayo, los restos de educación pública tienen claro que la ofensiva oficialista, ocupará toda su capacidad comunicacional para controlar los actos de rebeldía. El asalto neoliberal se dio inicio el domingo 29 de mayo, cuando Joaquín Lavín Ministro del área, enumeraba una serie de anormalidades encontradas en su ministerio al diario El Mercurio, con el objetivo de justificar las medidas más drásticas por venir.

Los trabajadores del Ministerio de Educación -entre tanto- buscan diversos medios de protección incluyendo paros de advertencia, el Colegio de Profesores ha dicho que públicamente solidariza con ellos.

En otro flanco del mismo gran tema, los estudiantes universitarios, grandes ausentes del mensaje presidencial, se tomaron las calles exigiendo mejores condiciones, para las universidades del Consejo de Rectores, además de perfeccionar las ofertas de apoyo para los estudiantes de las zonas accidentadas con el terremoto.

El mundo social y el gobierno derechista del Presidente Piñera, se preparan para jugar un primer tiempo corto e intenso, donde las escaramuzas de todo tipo pueden ser uno de los fenómenos a tomar en cuenta, siendo educación el punto neurálgico del conflicto.

En el plano político el proceso de reordenamiento de fuerzas opositoras, es lento, superficial e incapaz de asumir el ritmo de las organizaciones sociales.

Los acuerdos internos del PPD significan más de lo mismo, siendo traspasada la fórmula al Partido Socialista, es decir evitar quiebres cicatrices, postergando el debate y las razones de la derrota.

En la Democracia Cristiana el proceso ha sido más sustancioso, ayudado por el interés del gabinete de Piñera, en sumar al partido de la flecha roja, como aliado.

La propuesta nada de descabellada, significó abrir una discusión dentro del propio partido democratacristiano, quién salió fortalecido al optar por seguir el camino de la oposición, generando la furia de los partidarios del gobierno y de más de algún militante de la propia colectividad interpelada.

La única voz sólida en estos días, ha sido la de Ricardo Lagos, quien ocupando las pantallas y el cuerpo D del diario El Mercurio, ha defendido el legado concertacionista y ha levantado críticas al nuevo gobierno. En lo estratégico, Lagos asume un papel de vital importancia ordenar a la oposición y colocar el pecho para que disparen y con eso desplegar toda su batería argumentativa y de debate sobre el gobierno de Sebastián Piñera.
Los grandes ausentes, los invisibilizados, son los dirigentes de las izquierdas, que parecen seguir esperando las resoluciones a las que llegue la ex -Concertación, para emprender la marcha necesaria o seguir forzados a bailar al ritmo del tango "fumando espero".

Llama la atención las declaraciones del senador Alejandro Navarro, referente a la propuesta económica de la derecha y su voto de apoyo sin condiciones; mientras por otro carril emerge el mismo personaje, defendiendo al ciudadano pakistaní, acusado de portar restos de explosivos en la embajada de EE.UU.

Se extiende en Navarro, la dicotomía que La Concertación arrastro por veinte años, ser culturalmente progresistas y económicamente neoliberales, esa contradicción no puede seguir existiendo, porque daña el proceso de construcción social y establece una especie de personalismo del que las izquierdas deben escapar.

Inquieta la afonía de Arrate, justo en los momentos donde su voz se hace necesaria, las izquierdas no pueden darse el lujo de optar por la vida contemplativa, están condenadas a la acción cotidiana, a la instalación y re-instalación de temas.

Las izquierdas están condenadas a un constante esfuerzo de formación y difusión, en un contexto donde los ciudadanos son escasos.

Las izquierdas están condenadas a ser efectivas, donde les toque asumir liderazgos sociales de distinto tipo.
En fin, tienen aparentemente los mismos viejos desafíos que visualizara Luís Emilio Recabarren, hace 98 años, con el agravante que ya una vez, el sueño de la modernidad socialista generó sus propios monstruos.

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