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Publicado: Lunes, 28 de junio de 2010

Daniel Westling, en su emotivo discurso, a su esposa:

"Lo más grande es el amor"


El pasado sábado 19 de junio se celebró el enlace entre la Princesa Victoria y Daniel Westling, constituyendo el broche de oro de una serie de festividades en torno a la primera boda real del siglo. Para el gran día, la ciudad de Estocolmo irradió romanticismo, con más de medio millón de personas que inundaron sus calles para participar del ambiente festivo y celebrar "el triunfo del amor". Y es que la historia de la princesa y su plebeyo parece salida de un cuento de hadas.

Foto: Marisol Aliaga

La ceremonia nupcial fue corta, pero la espera larga. Los más entusiastas pernoctaron, durante la noche de vísperas del sábado, en las inmediaciones de la Catedral de San Nicolás, para asegurarse los mejores lugares desde donde poder ver, aunque furtivamente, a la pareja principesca.

Comenzó a las tres y media de la tarde, cuando arribaron a la iglesia el novio, junto a su "best man" y futuro cuñado: el príncipe Carl Philip. Poco después llegó la novia, del brazo de su padre, el Rey Carl XIV Gustaf. La Princesa Victoria lucía un espectacular vestido de novia, el cual ocasionó el júbilo de la multitud y la admiración de los invitados presentes en la iglesia, alrededor de 1 200 personas, representantes de casas reales de todo el mundo. Diez pajes acompañaban también la novia, de ellos, el más pequeño era el príncipe Christian, de Dinamarca, de cinco años.

El vestido de la princesa Victoria fue confeccionado por el diseñado sueco Pär Engsheden, quien asombró a todos con su innovativa creación, un modelo confeccionado con seda duquesa satinada doble, de color blanco perla, con manga corta y escote tipo barco. La princesa lucía radiante.

Y, siguiendo la tradición familiar, en su cabeza portaba la Tiara de Camafeos - herencia de Josefina, esposa de Napoleón - y el velo que también usara la Reina Silvia, al contraer nupcias en la misma iglesia, un sábado 19 de junio, hace exactamente 34 años atrás.

Muy al estilo sueco, el debate acerca de si sería el rey quien "entregaría a la novia en matrimonio", rompiendo la tradición de que los novios caminen juntos hacia el altar, se había llegado a un compromiso. Carl Gustaf condujo a su hija hasta casi llegar al altar, pero el último trecho lo recorrieron los novios, uno al lado del otro. Luego de darse el "Sí" mutuo, de prometerse fidelidad para toda la vida y, con manos temblorosas y lágrimas en las mejillas, intercambiar anillos, el arzobispo Anders Wejryd declaró a la pareja marido y mujer, ante los emocionados invitados reales y el júbilo del medio millón de personas que, a través de pantallas gigantes instaladas en distintos puntos de la ciudad, pudieron seguir la ceremonia.

Y entonces ocurre un hecho muy singular, Daniel Westling se transforma - como por arte de magia - en el "Príncipe Daniel". Suecia tiene de pronto un nuevo príncipe y la heredera de la corona sueca consigue, por fin, al hombre elegido por su corazón. Más de ocho años tuvo que batallar la perseverante princesa para que su padre aceptara a Daniel, y se cuenta que estaba dispuesta a renunciar a la corona, si se hubiera visto en la disyuntiva de elegir entre su novio, o el reino.

Tal vez esta sea la razón por la cual la pareja se ve muy emocionada, durante toda la ceremonia. Al salir de la catedral, se dan "el beso oficial", al cual le sucederían muchos más. Acto seguido, los recién casados pasan bajo el arco de espadas de los guardias reales y se suben a una carroza tirada por cuatro caballos y escoltado por policías motorizados y a caballo. El cortejo nupcial se paseó por las calles principales de Estocolmo, ante el júbilo de la multitud y, al finalizar el recorrido abordan la barcaza real, "Vasaorden".

La dorada barcaza es maniobrada por marineros con remos y bordea las islas de Skeppsholmen y Kastellholmen, desde la cual los soldados saludan a la pareja con salvas, mientras que en el cielo se pueden apreciar 18 aviones JAS, que vuelan en perfecta formación sobre Estocolmo, en homenaje a los recién casados.

Seguidamente, la pareja concluyó su paseo arribando al palacio real. Desde el balcón, la princesa Victoria y su marido recién se dan cuenta de la cantidad de gente que se había reunido y que no se cansaba de ovacionarlos. Fue entonces que Victoria radiante de felicidad, pronuncia su breve discurso:

"Queridos, queridos amigos! Quiero comenzar agradeciendo al pueblo sueco, porque Uds. me han dado mi príncipe. Nosotros, mi esposo y yo, estamos tan increíblemente contentos y enormemente agradecidos de que tantos quieran celebrar con nosotros.", dijo, al comienzo de su discurso, aludiendo al hecho de que la mayoría de los habitantes del reino le han manifestado su apoyo a ella y a su Daniel.

Incluso este día el caprichoso tiempo de principios del verano sueco estuvo de parte de ellos. A pesar de amenazadores nubes que pendieron, durante casi todo el día, del cielo de Estocolmo, la lluvia no se dejó caer, y, cuando la flamante pareja de recién casados hizo su aparición en el balcón del palacio, la bella capital nórdica los recibió con un sol deslumbrante.


La fiesta de casamiento en el palacio

Pero aún faltaba la gran fiesta en el palacio, la cual fue transmitida por la televisión estatal. Victoria y Daniel recalcaron desde un principio que querían que esta fuera "una boda incluyente", por lo tanto las cámaras registraron imágenes que en otros tiempos serían exclusivas de la familia real.

Las damas llegaron al palacio luciendo bellas creaciones. La Reina Silvia, bella, en un vestido de seda y tul de color rosa, con bordado de perlas y acompañada de la tiara brasileña. También las princesas de Bélgica, Máxima; de Noruega, Mette-Marit; de España, Elena, y de Dinamarca, Mary, hicieron las delicias de los fotógrafos. Y, por supuesto, la hermana menor de Victoria, la princesa Madeleine, quien lucía tan bien como siempre, a pesar de su reciente desilusión amorosa.

También los políticos se engalanaron con sus mejores atuendos, resaltando, como es habitual, la señora del Primer Ministro Fredrik Reinfeldt, Filippa. Y, en medio de la crema y nata de la sociedad y realeza sueca, una pareja se destacaba, por su serenidad y su sobria vestimenta. Eran los padres del novio: Ewa y Olle Westling.

El mismo día que Carl Gustaf fue coronado Rey de Suecia nació, en una pequeña localidad del norte de Suecia, Daniel Westling. Simple coincidencia. El mismo día de la boda de Victoria y Daniel los reyes suecos cumplieron 34 años de matrimonio, por lo tanto el rey sueco comenzó su discurso, durante la cena, regalando una rosa a Silvia. Este gesto fue lo mejor del discurso del monarca, quien también confesó la pena que se siente cuando los hijos se van. "La alegría de ver a sus hijos independizarse para construir su propia familia es también condimentada con algo de dolor", dijo el rey.

Momentos más tarde fue el turno del padre del novio. La expectación era grande, sin duda no es tarea fácil tomar la palabra después del rey. Sin embargo, Olle Westling sorprendió a todos con su retórica, arrancando, incluso, risas de los comensales, al dirigirse a Daniel: "Nos alegramos mucho cuando nos contaste que habías conocido a una chica, y que la querías llevar a casa para presentárnosla. ¡Pero no contábamos con que era esta chica!".

Olle Westling también se refirió al trasplante quirúrgico al que fuera sometido Daniel (él fue el donante del riñón para su hijo). Sin embargo, quiso resaltar más bien la felicidad de que la pareja, por fin, se hubiera unido en matrimonio, agradeciendo el hecho de que tantas personas les demostraran su aprecio.

"Que Uds. se hayan encontrado, y se hayan enamorado, muchos lo consideran como un cuento de hadas. El hombre del pueblo que ganó a la Princesa Heredera. Sí, realmente puede verse como un cuento de hadas - pero yo no creo que sea una coincidencia que suceda justamente aquí en Suecia, donde el lema del Rey es: "Para Suecia, con los tiempos", dijo.

Y es que la historia de amor de la pareja es muy singular: una princesa que se enamora de su entrenador personal. La princesa venía recuperándose de una anorexia, cuando se conocieron, y seguramente encontró en Daniel el apoyo que necesitaba. La transformación de Victoria ha sido visible para todos, después de haber sido una muchacha "del montón", se transformó, en la bella y carismática mujer que hoy día deslumbra a todos. Seguramente el contratar a una nueva estilista la ayudó en su transformación, pero no cabe duda de que el amor por su "hombre del pueblo" también ha hecho lo suyo.

Y ese joven hombre, que nunca se mostró cómodo ante las cámaras, ahora también había sufrido un cambio. Sin titubear, Daniel comenzó su discurso declarando su amor por su esposa: "Princesa Heredera, Victoria. Princesa de Suecia, Princesa de mi corazón". Luego explicó como la amistad que comenzó hace nueve años se transformó, poco a poco, en una relación profunda y sincera, relatando la anécdota de cuando Victoria, antes de partir de viaje a China, donde permanecería por un mes, se pasó toda la noche escribiendo. Al día siguiente Daniel encontró una cajita con 30 cartas de amor dedicadas a él, una por cada día que estarían separados.

Daniel, al igual que su padre, también hizo reír a los comensales, diciendo: "érase una vez un joven que tal vez no era una rana, como en los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Pero ciertamente que tampoco era un príncipe. El primer beso no cambió aquello", dijo, sonriendo, y agradeció seguidamente el apoyo y los consejos del rey y la reina, dejando muy en claro la buena relación que se ha establecido entre él y sus suegros.

Al finalizar su discurso, que pronunció sin papel en mano, Daniel declaró su amor a su emocionada esposa, que lo miraba, con lágrimas en los ojos:

"Victoria, lo principal es el amor. Te quiero tanto", acto seguido la besó, ante el aplauso de los comensales.

Más tarde vendría la repartición de la torta nupcial, de más de tres metros de alto, 11 pisos y en forma de trébol de cuatro hojas. Y, por supuesto, el vals nupcial, con el cual la pareja se lució por su destreza, iniciando el baile que duró hasta altas horas de la madrugada, cuando los príncipes se retiraron de la fiesta, saliendo por un pasaje secreto del castillo.

Aunque suene a cliché, sin duda que la velada tuvo todos los ingredientes de una tarde mágica, no sólo para los protagonistas, sino también para quienes, pudieron seguir, en las calles de Estocolmo o desde el living de sus hogares, un día pleno de romance y la confirmación de una historia de amor con un final feliz.

Y, aunque lo parezca, no es un cuento de hadas. Es Suecia, el país de las paradojas, año 2010.

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