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Publicado: Lunes, 30 de agosto de 2010

Clowns chilenos se lucieron en Estocolmo


Entre el 10 al 15 de agosto se celebró en Estocolmo el Festival de la Cultura, evento que cada año reúne a consagrados artistas nacionales e internacionales. El festival contó esta vez con la actuación de la compañía circense chilena Malabicirco. El lúdico número de los clowns Bartolo y Alfonso Patricio hizo reír a grandes y chicos, trayendo el encanto y el talento del espectáculo callejero de la ciudad de Valparaíso a pleno centro de Estocolmo. "Nos vamos muy contentos", manifestaron los artistas, al finalizar sus presentaciones.

Foto: Marisol Aliaga

Cuando me enteré que Malabicirco iba a actuar en el Festival de la Cultura de Estocolmo, pensé que no podía perdérmelos. Los conocí hace dos años, en uno de los festivales de verano, cuando hice una larga y entretenida entrevista con ellos en radio Futuro. Ahora actuarían en el escenario al aire libre número uno de la capital: "Plattan", en la plaza de Sergels Torg. Pero no estaban allí, y me enteré de que las primeras funciones del día eran en "Strömparterren", área donde se desarrollaban las actividades para los más niños, ubicada frente al palacio real, en el puente que une la zona céntrica de Estocolmo con la Ciudad Vieja.

Rápidamente encaminé mis pasos hacia el puente, hasta dar con el escenario destinado al programa infantil. Al llegar, el espectáculo ya había comenzado, y los niños gritaban y se reían con las ocurrencias de Bartolo y Alfonso Patricio. Los dos clowns hacían malabares, demostraban su destreza con el "diábolo", y pretendían que iban a caer de bruces entre los asistentes, pedaleando en sus monociclos, lo cual provocaba gran alboroto entre el público, sobre todo entre los más pequeños.

- Titta, balunguer! (mira, ¡globos!), decía Alfonso Patricio, sacando de su bolsillo un delgado globo de los que se inflan para formar figuras.
- Nej, "balonguer!", le gritaban los niños, corrigiéndole su forma un poco extraña de pronunciar el sueco.

Sin embargo, el lenguaje del humor es universal. Ya fuera en español, inglés o en sueco, los clowns chilenos interactuaban con el público, que rápidamente se hizo cómplice de sus ocurrencias. Tampoco les fue difícil el encontrar un adulto que se atreviera a salir al escenario - a pesar de la circunspección típica de los suecos - para sostener a Bartolo en sus intentos de montarse en su monociclo. Cada vez que se iba cayendo al suelo, los niños daban un grito de susto, sin embargo el juguetón personaje, misteriosamente, no perdía nunca el equilibrio.

Al terminar la función, de alrededor de media hora, el público infantil partió corriendo hacia ellos, algunos, los más grandes les daban un apretón de manos y querían un autógrafo, otros querían solamente darles fuertes y apretados abrazos, o sacarse fotos. Una niña pequeñita, de cabello colorín, se puso a jugar a la ronda con Bartolo.




De Olmué a Estocolmo


En el descanso, y antes de comenzar la próxima función, conversé con Javier Morales y Wladimir Velásquez, nombres reales de los dos integrantes de Malabicirco. Me contaron que este año fueron invitados por los organizadores del Festival anual de la Cultura en Estocolmo a participar en este. Y estaban muy contentos, tanto de la reacción del público, como de la atención que recibieron por parte de sus anfitriones. Aunque el trabajo fue duro - realizando tres funciones al día - para Javier y Wladimir esta experiencia ha sido gratificante.

- Hay una chica que está pendiente de nosotros. Nos llama todos los días y se preocupa de que no nos falte nada; no sé si nos habrá encontrado muy flaquitos, pero nos quiere meter mucha comida, dice riendo Javier. Un trato, realmente como para sacarse el sombrero, porque, nos han tratado en forma espectacular!, agrega.

Otro aspecto que llamó la atención de los artistas porteños fue la multiculturalidad de Suecia, especialmente en Estocolmo. "Suecia es muy cosmopolita, hay gente de todas las razas, de todas las culturas. Cuando terminamos la primera función, quedamos asombrados de ver tanta gente de distintos países entre el publico. Había incluso señoras tapadas con velos. Eso aún no lo hemos visto en Chile", contó Javier.

La participación de los niños es esencial para el desarrollo del número artístico que trajeron a Estocolmo, y que lleva el sugestivo nombre de "Una hora en las nubes". Durante este, los niños se deleitan con sus travesuras, y los adultos vuelven a ser niños. Todo es posible gracias a la magia y al encanto del circo.

- Tú involucras a los niños en el espectáculo, los tienes más cerca de ti, esto ha dado resultados y estamos super contentos por eso. Los hacemos contar en inglés, español, en sueco. Y resulta, porque en Suecia hay tantos lenguajes insertos dentro de la sociedad, que los niños lo mínimo que hablan, cuando salen de la escuela, son tres idiomas, explica Javier.

Pero esa forma tan especial de tratar a los niños, ¿es algo innato de Uds. o lo han estudiado?

- Inicialmente nosotros comenzamos en forma autodidacta, investigando por nuestra cuenta, interiorizándonos de este arte. Después tomamos ramos en la universidad, de mimos y de expresión corporal e iniciación dramática en el teatro infantil, durante todo un año. En el 2004 nos fuimos a Buenos Aires, a perfeccionarnos, y estudiamos en la Escuela de los Hermanos Trivenchi, responde Javier.

Y ante sus actuaciones en Suecia, ¿les preocupaba el asunto del idioma?

- Yo hablo inglés y eso nos ha ayudado mucho. Pero nosotros mezclamos un lenguaje onomatopéyico, y eso, mezclado con las palabras que aprendimos en sueco, más el inglés y el español, hizo que nos pudiéramos entender con los niños. Ellos acá desde los 10 años hablan inglés, pero no los más chicos, así es que tuvimos que readaptar la rutina, hacerla más participativa con ellos. Aprendimos algunas palabras que nos sirvieran de conectores y, finalmente, ¡salió todo un éxito! Claro, la pronunciación no era la mejor, pero ¡nos entendieron! dice Javier, entusiasmado, y agrega que una tía suya que reside en Estocolmo les enseñó las primeras palabras en sueco.

No obstante, esta gira partió con obstáculos. Al llegar a España, a pesar de que traían sus contratos de trabajo y todos los papeles en regla, fueron devueltos a Chile. Al llegar de vuelta, rápidamente tuvieron que encontrar la forma de solventar nuevos pasajes, para no perder sus compromisos en Europa. Una semana se demoraron en ello. "Por eso tenemos que trabajar donde realmente se aprecie y se valore nuestro arte", dice Wladimir, y me cuenta que han tenido que rechazar presentaciones que no se compensan económicamente. "Y el vivir en Europa es caro", agrega y me cuenta que pronto se van a Barcelona y luego a Dinamarca. La gira continúa.

- Tenemos que concentrarnos en generar recursos, ya que quedamos endeudados por la pérdida de los tickets. Hemos tenido que pagar dos pasajes de ida y vuelta en menos de un mes, y no somos Piñera, agrega Javier, con picardía.

Pero en general, ¿con qué impresión se van, acerca de su estadía?

- Nos vamos contentísimos con la participación que tuvimos aquí en el "Stockholm Kulturfestival" porque creo que cumplimos con creces, e incluso más allá de las expectativas que teníamos, dice Javier, radiante, y Wladimir concuerda con su colega. Teníamos algo de temor por el tema del idioma - continúa -, pero creo que rompimos esa barrera y hubo una buena recepción de la gente. Los niños participaron, se integraron, se sacaban fotos con nosotros cuando terminábamos la función, nos pedían autógrafos, etc., eso demuestra que realmente les gustó lo que hicimos.

Y seguidamente me despido, porque Alfonso Patricio y Bartolo tienen que ir a prepararse para su última función de la temporada, en "Plattan", Estocolmo, este verano 2010. Los niños ya los están esperando.



DATOS:
Javier Alonso Morales González y Wladimir Emilio Velásquez Pinto fundaron la compañía Malabicirco en 1998, y en 1999 comenzaron a dar sus primeras presentaciones de espectáculos callejeros en la plaza de Olmué, en Valparaíso, Chile. En sus primeras incursiones en el mundo del circo combinaban sus estudios universitarios con su actividad artística. Con el tiempo, el resto de los integrantes han ido cambiando, pero Javier y Wladimir se han mantenido juntos, perfeccionándose cada día más. Es así que, luego de exitosas giras a lo largo de todo Chile, el 2004 se embarcaron con destino a Buenos Aires, para perfeccionarse en las artes circenses, estudiando en la Escuela de los Hermanos Trivenchi. Más tarde, ellos mismos comenzarían a ejercer la pedagogía en este arte en universidades, escuelas y en diversos proyectos, muchos de estos dirigidos a familias con escasos recursos. Hoy en día Malabicirco es un centro cultural que se especializa en la capacitación y difusión de las artes circenses contemporáneas.

La compañía también se ha destacado por su labor de beneficencia, realizando presentaciones a niños enfermos de cáncer, en la corporación para la nutrición infantil, y en la Teletón, por nombrar algunas. Mediante programas del gobierno de Chile han viajado a lugares tan alejados del país, como Isla de Pascua y Puerto Natales, desarrollando labores artísticas y pedagógicas.
El año 2008 era hora de emprender el vuelo a Europa, donde participaron en 12 festivales, entre Suecia y Alemania.

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