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Publicado: Sábado, 25 de septiembre de 2010

Reinfeldt se mantiene en el poder y el partido xenófobo gana terreno

Elecciones suecas - septiembre 2010


Tres acontecimientos históricos se desarrollaron en Suecia en el marco de las elecciones del 19 de septiembre. La reelección de la alianza de centro-derecha, la derrota histórica de la socialdemocracia, y la llegada al parlamento de un partido racista. Según el resultado final, que se vino a saber después de cuatro días de nerviosa espera, la Alianza del primer ministro Fredrik Reinfeldt salió vencedora, pero con escaso marginal y sin obtener la mayoría absoluta. El partido xenófobo: Demócratas de Suecia, obtuvo 20 escaños en el parlamento, ubicándose en una postura de árbitro, o de bloqueo. Y Suecia se encuentra frente a cuatro años de una complicada situación parlamentaria.

Fredrik Reinfeldt, Primer Ministro de Suecia.

Este jueves a las 16.30 de la tarde, la Oficina de las Elecciones comunicó que - por fin - se había concluido el recuento y chequeo de los votos restantes, y se comenzaba la tarea de repartir los escaños. Tarea bastante complicada, debido al sistema de elecciones sueco, que en estas parlamentarias demostró sus falencias. El número de votos, por ejemplo, no está en exacta relación con el número de escaños obtenido por los distintos partidos. El sistema favorece, por otra parte, a los partidos grandes en desmedro de los más pequeños, y esto data de la década de los 50, cuando se quiso impedir que el partido comunista - que en esa época tenía pocos simpatizantes - obtuviera menos escaños en el parlamento. De esta forma se introdujeron en el sistema electoral los llamados "escaños de nivelación", que dificultan a los partidos políticos obtener el primer escaño y crea una repartición más proporcional entre estos, en unas elecciones con varias circunscripciones electorales.

No obstante, en el caos que devino a las elecciones, donde hasta el jueves 23 de septiembre aún se desconocía si la Alianza obtendría una mayoría absoluta en el parlamento, la crítica de la opinión pública ha sido dura, respecto al sistema electoral sueco. Alrededor de 25 personas, hasta este momento, exigen que se llame a nuevas elecciones, debido al escaso número de votos que decidió algunos mandatos. Esto, sumado a diferentes "percances" como el hecho de que en la ciudad de Arvika se rechazaron 50 votos que fueron entregados, para su chequeo, directamente en las manos del controlante, en lugar de - según la normativa - en una bolsa sellada. En Halmstad, por otro lado, alrededor de 200 votos anticipados fueron olvidados y nunca se contaron. Según el secretario del partido liberal (Folkpartiet), Erik Ullenhag, esto pude haber ido en desmedro de su partido, que - por siete votos - perdió un mandato en esa región. Ullenhag exige ahora que se examinen lo resultados de la provincia de Göteborg.

Los expertos consideran, sin embargo, que las posibilidades de que se llame a nuevas elecciones son escasas, a pesar de que los teléfonos de la Oficina de las Elecciones no han dejado de sonar. Una persona residente en el extranjero exigió que se realicen nuevos comicios, luego de enterarse de que su voto no fue contado.

- Exijo que se llame a nuevas elecciones. Es profundamente injusto que no se hayan contado todos los votos. Se trata de un número de votos que puede decidir que partido obtendrá un escaño, declaró a la prensa Peter Lindmark, quien vive actualmente en Luxemburgo. él votó en el consulado sueco de esa ciudad, pero está inscrito en el distrito de Arvika, donde se perdieron votos de ciudadanos que sufragaron en el extranjero.

¿Y el resultado final? La Alianza obtuvo 173 de los 349 escaños del parlamento, faltándole solamente dos para obtener la mayoría absoluta. La coalición rojiverde obtuvo 156 escaños y los Demócratas de Suecia 20. Este último pasa a ocupar - como todos temían - la posición en el parlamento de árbitro o de bloqueo.
Sin embargo, la opinión de una gran mayoría de sufragantes es que "en estas elecciones todos son perdedores". Con una Alianza que obtiene una victoria con sabor amargo, un partido que obtiene la derrota más grande del siglo y un partido xenófobo que - al igual que en otros países europeos - entra al parlamento por la puerta grande.

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