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Publicado: Lunes, 03 de enero de 2011

2010, El año telúrico


El 27 de febrero del año 2010, será recordado como una de las noches más largas del siglo que recién comienza en nuestro territorio. La ex Presidenta Bachelet y todas las autoridades del país, tanto civiles como militares, lucieron su incapacidad ante una ciudadanía que procuró durante el desastre, dar muestras de fortaleza, solidaridad y sentido del deber.

Pero no solamente la tierra se remeció a principios de año, la sociedad chilena es azotada por una profunda réplica política y social, cuyo origen es la derrota de La Concertación y el Juntos Podemos Más.

El triunfo de Sebastián Piñera, como representante de la derecha, altera el cuadro político existente, generando el descalabro de la hasta entonces, coalición gobernante.

El nuevo gobierno es personalista, audaz, conocedor del marketing estratégico y por tanto con plena conciencia de su poderío comunicacional.

De ahí la invención de la nueva derecha, con sus casacas rojas recorriendo el país, resolviendo "eficientemente" o pareciendo hacer, lo que los otros no hicieron en veinte años.

Fruto de conversaciones informales, he llegado a la idea, que todo lo que se construyó durante la post-dictadura fue borrado por el terremoto, y lo único que sobrevive, según las encuestas, es la imagen inmaculada de Michel. Lo demás, pasó al tacho de la basura en la memoria de los consumidores.

La confusión es tal para las nuevas generaciones, que El Informe Rettig, tendría relación con un relicario bien guardado en la casa de un señor muy católico de apellido Aylwin; Y La Comisión Valech, es un organismo no gubernamental que regala becas de estudio, a individuos de escasos recursos, excluidos de la encuesta CASEN.

Ni siquiera Ricardo I (Ricardo Lagos Escobar) pudo vencer los vacíos de la reminiscencia, de ellos (los complacientes y auto flagelantes) ya nadie se acuerda, exceptuando los casos MOP-GATE, Ferrocarriles del Estado, Chile Deportes. Todos ejemplos de la podredumbre, incubada en el concubinato entre quienes prometieron cambios democráticos y los civiles que tenían manchadas sus manos con sangre.

2010 terminó por desnudar las debilidades y bajezas de una asociación de partidos, unida solamente por la necesidad de mantenerse en el poder. De su propuesta originaria, elaborada a principios de 1989, queda exclusivamente una escalada de deudas sociales y políticas por cobrar, en el árbol de los recuerdos de una generación perdida.

La mayor exhibición del comportamiento de La Concertación, frente a la Alianza Derechista, durante sus años de gobierno y ahora en la oposición, lo refleja el proceder timorato y acomplejado del Presidente del Partido Socialista Osvaldo Andrade. Ante una simple votación, donde el bloque opositor pretendía llevar al gobierno ante una comisión mixta, para cerrar ahí las negociaciones del sector público, el Diputado Andrade, elabora un discurso a lo Carlos Altamirano, para luego recular y conceder al gobierno un triunfo, dejando a sus pares todavía preguntándose, sobre las razones de su actuar. Procedió como lo hicieron en otras circunstancias, sus padres políticos un once de septiembre, transformándose en la vergüenza de la izquierda Latinoamericana.

Si hubiera un aire a Bernardo Leighton, Radomiro Tomic o Clotario Blest, en la cúpula opositora, tanto política como social -se podría asegurar- que es posible construir una fuerza capaz de invitar a las nuevas generaciones a creer en un país distinto.

Sin embargo, en el Chile del 2010, pareciera existir otro tipo de pan, de leche y verduras, porque no se ven por ninguna parte líderes o proyectos de liderazgos, aptos para conducir y conquistar nuevos sujetos sociales, dispuestos a emprender el largo camino de la auto-determinación.

El Chile del 2011, se presenta lleno de incertidumbres, para los opositores a la derecha.

La falta de medios de comunicación, que logren equiparar en parte, el poderío mediático conservador, ya es un problema sin salida aparente, cada segundo en televisión, es proporcional a la instalación de una imagen. La encuesta CEP de noviembre y diciembre del 2010, es un ejemplo perfecto de construcción mediática ¿Dónde están los ministros estrellas de La Concertación? No existen.

Si hubiera que evaluar por capacidad política, coherencia mediática, sentido de ubicuidad y de tiempo en las reacciones comunicacionales, a los tres últimos secretarios generales de gobierno: Ena Von Baer, Carolina Toha y Francisco Vidal, la primera, luce bastante desprovista de los atributos necesarios, en relación al lugar político que ocupa, y sin embargo, la opinión pública la premia, por el único hecho de tener acceso a las cámaras.

Un segundo problema de la oposición, es la cohesión política inexistente, entre los parlamentarios y sus partidos. La fragilidad es tan rotunda, que el gobierno saca proyectos con apoyo de cualquiera de los diputados o senadores concertacionistas.

Un tercer aspecto por definir, es la decisión de incluir o no, al Partido Comunista, dentro de la nueva alianza opositora y en qué calidad: Aliado permanente o instrumental.

La Concertación, si quiere sobrevivir, necesita abrir puertas y ventanas, porque el ejercicio de la continuidad, es el camino más seguro al despeñadero. Cualquier réplica, como una eventual derrota en las Elecciones Municipales, la dejaría conectada al ventilador de algún liderazgo eventual, pero encaminándose casi sin retorno, al baúl de los recuerdos.

Omar Cid
Escritor, Editor de Cultura en Crónica Digital

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