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Publicado: Lunes, 12 de noviembre de 2012

Lorenzo Peirano


Lorenzo Peirano (Santiago de Chile, 1962). En 1982 integró el taller de poesía de la SECh, dirigido por Enrique Valdés. Entre 1984 y 1985 editó la hoja de poesía "El Bastardo". Ha colaborado en "Pluma y Pincel" (de 1994 a 1997), y en "Artes y Letras" de "El Mercurio"(de 1997 a 2006).


Sus poemas han sido publicados en revistas como "La Gota Pura", 1983; "Signos de la poesía" (Suecia, 1987); "Amaru" (Argentina, 1990); "Correo Latino", (Argentina, 1990); "Trilce" (Chile, 2006); y "Domus Aurera" (Italia, 2012). Actualmente reside en Machalí. Entre sus libros de poesía destacan: "Respirando Callejones (1990), "El Solitario de mis Naipes" (1995) y "Quisiera Haber Dicho" (2010). Incluido en las siguientes antologías: SECh-PRED: "Muestra de literatura chilena", La Nación, 1992; "Poetry From Chile: 26 New Voices", California State University, 1993; "Poesía Chilena Desclasificada (1990-1973)", Editorial étnika, 2006; "Poéticas de Chile"/Chilean poets on the art of poetry", Editorial étnika, 2007; "El Lugar de la Memoria", Editorial Ayún, 2007; "Fin de Siglo: Nueva Poesía Chilena de los 80", Editorial Ventana Abierta, 2009; "Poesía y Prosa Chilena del siglo XX (para estudiantes), versión al mapudungún, 2010; "Voces de la Memoria", Editorial Cuarto Propio, 2012.


Poemas de Lorenzo Peirano





YO SOY EL HIJO DE KAFKA
A Mauricio Ramírez Pino
Yo soy el hijo de Kafka
que sigue presente
en cada ciudad de hierro y azufre,
en cada estridencia de papeles terribles.

Yo soy el niño judío,
similar a un tormento,
descrito y borrado,
borrado y descrito,
que apenas conversa,
que apenas recuerda.

Yo soy el hijo de Kafka
muerto a los siete años de edad.

(Pude haber sido el muchacho de Auschwitz.)


HE PEGADO EN LOS MUROS DE MI CRáNEO
He pegado en los muros de mi cráneo
un rostro de mujer con antifaz,
y no he querido suicidarme
aunque mis manos se lamentan.

Balbucear, impregnar los bares con temblores
y decidir por todos los muertos del planeta,
no son tareas que yo acepte.

No finjo preguntas, mi Señor,
como tampoco visito las iglesias.
Blasfemo me dicen las gargantas,
eres un blasfemo irremediable,
y usted sonríe.

Hay tiempos y canallas que he borrado,
quemaré todos mis retratos,
todos mis aullidos de una vez.

Como ve, Señor,
estoy en un mes opaco
sacudiendo el polvo de mis versos.


EL LUTO
El luto es la tinta con que debemos escribir,
el luto de los inservibles,
de las mujerzuelas,
del perdido que recibe niebla
cuando deja el bar más insignificante de Santiago.

El luto es la tinta con que debemos escribir
porque en las hueseras tenemos un espacio
y entregamos al Hijo del Hombre
con obscenas risotadas.

Si nos desentendemos de los gritos
un grito enorme nos remece,
si nos desentendemos del dolor
un dolor oscuro nos perfora.

El luto llega con torrenciales argumentos,
rompe la paciencia,
asoma aullidos y toma su lugar.

El luto es la tinta con que debemos escribir,
y si lo olvidamos,
hay cementerios que nos recuerdan el mandato.


A CESARE PAVESE

"Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verra la morte e avra i tuoi occhi."

C.P.

La muerte tuvo tus ojos
y los gatos lo supieron;
la muerte tuvo tus ojos,
pero no tus versos.

La estrella de puntas retorcidas
ha querido conocerte,
el hombre que se amarga
ha querido conocerte,
el que se muere
ha querido conocerte.

Yo no te describo,
tú lo entiendes:
los que andan inconclusos
no describen.

A la intemperie está tu amor,
tu gran fracaso,
junto a las colinas
y al suicidio
hecho de gritos,
de ti,
de la sofocante soledad
o de nosotros,
los que no logramos nada.


DESGARRARSE UNO MISMO
Desgarrarse uno mismo
con la fuerza de una tumba.

Ir por la calle,
ir por ninguna calle,
padecer las históricas enfermedades de la mente.

Saber de política
y ganar la discusión.
Saber de política
y dar una camisa
o unos zapatos al pueblo que "recibe la tristeza".

La tristeza que en el fondo a nadie pertenece:
la única y feliz tristeza
indicada para la creación
el suicidio y la blasfemia.


ABRIL DE 1993
En la carretera yo encontré
aquel pequeño libro
que contenía, entre otras cosas,
el nombre de los dedos:

Pulgar, medio.

En la carretera de alquitrán
recién entregada a los destinos,
yo esperaba un automóvil
conducido por los muertos.

*****

Escuchamos ruidos subterráneos,
vimos objetos en el cielo.
Sentimos esas muertes
que anuncian a la muerte.
Paredes altas.
¿Quiénes duermen debajo de esta tierra?
Ellos querrían conocer nuestros poemas,
ellos serían carne de milagro.

*****

" una tempesta anche la tua dolcezza,
turbina e non appare"

Eugenio Montale

Este es el caso de un hombre
que necesita escribir sobre Dora.
Resucitado de golpe,
vacío y repleto,
"una rueda de molino, un viejo tronco,"
una lluvia ligur
que no impide la pesca,
esa "lucha cristiana".
Escribir sobre Dora,
también escribir sobre lo que perdemos
cuando terminan un siglo
y alguien lastima sus manos.
Ella puede volver,
ellas podrían volver.
Junio entristece
y decirlo
no cambia las cosas.

*****

Calor de diciembre
en esta ausencia,
en esta inquietud de huesos
y tristeza.
No he vuelto; no volveré
como era a esta construcción
donde ha muerto mi madre
en primavera.

*****

En el poniente
de una ciudad de miedo
escuchas
la conversación que cae.
Madrugada: ruedas de pobres
y pesados carretones.
No ha muerto, para ti,
el tiempo de escribir.

*****

ESTA CALLE O PUEBLO
Esta calle o pueblo
acentúa la fiebre de mis manos.
Inútil, camino por la vereda del poniente
y percibo que a nadie le interesa el rojo atardecer.

*****

LA NOCHE DE SAN JORGE
No falta mucho para que dejemos este pueblo
(el pueblo de nuestros padres, -de nuestras madres); caserío y voces
juzgando apenas anochece; aunque es grato su pequeño cementerio:
aquel saludar interminable. Los veranos en la memoria, los veranos
que recién han transcurrido; brasas en la cara a las cuatro de la tarde
y cigarras que distraen, que invaden la lectura.
No falta mucho para que nosotros, los que no tuvimos un pueblo
(a pesar de nuestra sangre, nos sienten extranjeros), abandonemos
el valle, la tierra trabajada o la distancia. Sólo nos importan los detalles,
el vidrio empañado tras el cual se adivina una muchacha, la conversación,
un tintinear de espuelas, los fardos, la bodega,
el alacrán cerca del pie
descalzo de la infancia.

*****

Nosotros, los que no tuvimos un pueblo,
estamos sentados a la mesa, y alguien nos sonríe.
Es un hombre delgado, de estatura media.
Nos sonríe y nos pregunta por Rolando, por álvaro, por Gabriel,
por su hermano Iván, por el silencio de Mauricio.
¿Qué decirle? El otoño pronuncia versos sueltos.
¿Qué decirle? Conocemos esos nombres.
Yo escucho hablar a mi amigo,
escucho su voz inocente en la paz
perdida de una casa.
No puedo decir nada, no puedo mover
mis manos y él no me ve, todavía
no me ve.
Yo escucho aquella voz cercana
y hace diez años ausente de las cosas.
¿Qué día es hoy?
Un dragón cae vencido en las tinieblas;
una noche demasiado triste
se resigna.


*****

El don, obsequio de un viento dividido,
rompe la bolsa del dinero y te hace hablar
sólo de ti mismo.
Recuerdas al amigo,
tienes presente la noche de su velatorio, la noche de San Jorge.
Pero marchas con otros seres; desde la muerte
partes a la vida (aunque debes regresar).
El último paseo: piedras verdes en el estero claro;
saltamontes bajo el sol, sobre las hojas caídas del venturoso otoño.

El último paseo: álamos y tiempo. La complicidad de las personas buenas.
Concluyes:Verdaderamente, querido amigo,
hoy día nos entenderíamos mejor.

Y sigues:
Usted yacía lejos, ausente,
en aquel campo de canales secos,
en un recinto que no puedo imaginar.

La gran sombra de los cerros en la noche de San Jorge.



*****

"La noche era un trozo de carbón a punto de arder."
Me rompe el alma una casa lejana allá en Santiago;
el vaso de vino y la queda conversación
sobre tangos, libros y la dura tarea de vivir.
A un poeta no se le puede hacer daño, usted me aseguraba.
Usted, acorralado por momentos insufribles,
indulgente y sabio. Notable desde la memoria y el paisaje.
A veces, quienes le conocimos, nos referimos a sus poemas,
a su vida; lo intentamos.
A veces hablamos demasiado. Usted sonreiría.
Escribo en verso después de recorrer un campo desde cuya tierra brota sangre,
sangre y luz en la atmósfera invadida por innombrables pájaros nocturnos

Cuántas veces le hablé de este lugar.
En las calles musgosas del invierno de Santiago, cuántas veces le hablé de este lugar;
y usted partía a las tierras de La Ligua, áridas y misteriosas voces; las muchachas
de sus sueños. Usted se despedía para pronto volver en aquellos días entrañables.
Hay algo que decir cuando el campo, al atardecer,
hace un"recuerdo de la muerte".


*****

LA MANDA
A álvaro Ruiz
El largo de su cabello gris,
la barba crecida. Este hombre
se arrastra a voluntad,
entre dolores, entre cuerpo
y alma. Se arrastra a voluntad.
Expulsó de su boca
el trozo de corazón asesinado.
Ya olvidó la noche dionisíaca,
el mal de ojo. Ausente se encuentra
el manto de la luna.
Entre los arbustos
yacen otros días. Este hombre
se arrastra a voluntad. No sé
su nombre. Y nadie tiene
la respuesta

No puedo hablarle. Deja
un rastro allá en las hojas,
en las piedras de la tierra


FERVOR
(Santiago, tarde del 25 de enero de 1996)

Animales, hoy nos habla
un amigo, un compatriota,
se podría decir,
y por el bien de las almas
no será codiciado en Sodoma.

Que los venteros escuchen,
que los hermanos reciban:
es un no-personaje, una criatura de fe,
a pesar de los gritos:
Futuro, Diarquía, Recuerdo!

Animales cargados, fuerza
de la oscura inocencia,
hoy predica Van Gogh, el Bautista,
y por el bien de las almas
no se le cortará cuello, no oreja.




ESCRIBIRé SOBRE LA VIDA DE UN SANTO


A Andrés Morales


Escribiré sobre la vida de un santo.

Me internaré en la penumbra rojiza,
en las noches de pena,
en todo aquello que se difumina o solloza.

Pronto comenzaré a leer ciertos libros,
páginas escondidas del hombre,
de la crueldad recargada de falsos abrazos.

Escribiré sobre un vida de llagas y encierros,
una vida no comprendida: una gota de sangre.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net