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Publicado: Martes, 13 de enero de 2004

Marte es nuestro planeta más cercano


Los griegos lo llamaron Ares, y los romanos Mars. En ambos casos, el término designa al dios de la guerra, lo que tradicionalmente se explica por el paralelismo entre su color rojo y el de la sangre. Admitiendo esta razón, habría que considerar coincidencia el que los Mayas y otras culturas aún más aisladas le atribuyeran idéntico carácter.

Marte es nuestro planeta más cercano, y por lo tanto el siguiente paso lógico en la conquista del espacio, después de alcanzar la Luna. Su diámetro es el doble que el de nuestro satélite natural, pero sólo la mitad que el de la Tierra.

En Julio de 1965, la sonda espacial Mariner 4, sucesora de la fracasada Mariner 3, tomó desde una distancia de 9600 kilómetros las primeras imágenes de la superficie de Marte. Para ello utilizó una cámara de televisión que logró capturar 21 imágenes, equivalentes al 1 % de la superficie, y transmitirlas por radio antes del final de su vida útil.

Estas primeras imágenes pusieron de relieve la erosionada superficie del planeta hermano, así como la existencia de los llamados paleocauces, probablemente originados por la existencia en la antigüedad de aguas superficiales.

Otros sensores a bordo de la nave revelaron la ausencia de radioactividad en el planeta, así como de campos magnéticos. Ambas características son debidas a su composición enteramente sólida, al contrario que la de la Tierra.

Un año marciano dura 687 días de los nuestros, y su día 24 horas, 37 minutos y 23 segundos. La masa del planeta apenas alcanza la décima parte, y su gravedad el 38 %. El 95 % de su atmósfera es dióxido de carbono, el 2,7 % nitrógeno y el 1,6 % argón. El resto se compone de pequeñas cantidades de oxígeno, monóxido de carbono y vapor de agua.

Esta atmósfera es tan ligera (la presión en superficie es aproximadamente cien veces inferior a la de la Tierra) que el calor del planeta escapa casi por completo al exterior. Oscilando entre 27 y 128 grados bajo cero, la temperatura media se sitúa en 53º bajo cero.

Los dos satélites naturales de Marte, descubiertos por nuestra civilización en 1877, recibieron el nombre de los hijos de la guerra: Fobos (Miedo) y Deimos (Terror). Son, probablemente, asteroides que quedaron atrapados por la gravitación de Marte con una extensión de 22 y 13 Km. respectivamente.

El color rojo dominante en todo el planeta proviene del óxido de hierro y de la erosión de roca basáltica. Se producen grandes tormentas de polvo y los casquetes polares contienen agua congelada. En Marte hay 1000 veces menos agua que en la Tierra.

El hemisferio norte es fundamentalmente llano, pero el sur está poblado de cráteres. Ambos hemisferios están separados por una enorme cordillera llamada Tharsis. Apenas existe lava en estado líquido debido a la baja densidad.

La orografía general de Marte es desértica, pero a pesar de su relativamente pequeño tamaño, destaca lo ciclópeo de sus dimensiones: volcanes con cráteres de hasta 500 Km., un cañón de 2500 kilómetros de longitud y 6000 m. de profundidad.

El Mons Olympus es un gigantesco volcán extinguido con 25 kilómetros de altura (casi el triple que el Monte Everest), y una superficie en su base que ocuparía más de la mitad de España. Es la mayor altura conocida del Sistema Solar.

Las misiones Viking de la NASA lograron en 1976 situar dos sondas sobre la superficie de Marte, lo que permitió estudiar una tierra muy reactiva químicamente pero sin evidencias de vida orgánica.

A pesar de lo extremo de sus condiciones y de las diferencias respecto a la Tierra, existen aspectos que hacen concebir esperanzas acerca de una futura colonización humana del planeta: llanuras de aspecto verde, casquetes polares con agua congelada, formación de nubes de polvo, erosión glaciar...

De hecho, las investigaciones más recientes sugieren que en el pasado pudo existir en Marte una mayor cantidad de agua y temperaturas más altas, lo que habría podido permitir la existencia de vida. Hace miles de millones de años, la superficie de Marte no era muy diferente de la que tiene la Tierra en la actualidad.

En noviembre de 1996 se lanzó al espacio la sonda Mars Global Surveyor. Después de un largo y lento proceso de acercamiento, no exento de imprevistos, logró situarse en órbita alrededor de Marte en marzo de 1998.

Desde entonces y durante dos años terrestres (uno marciano) efectuará un completo y exhaustivo ""mapeo"" de las condiciones atmosféricas y otros aspectos geológicos. Hacia enero del 2000, concluida su misión, deberá mantenerse en órbita para servir de repetidor de comunicaciones a otros artefactos de exploración.

Después de la exitosa misión Mars Pathfinder, que en 1997 logró espectaculares imágenes de la superficie marciana, fueron lanzadas las sondas Mars Climate Orbit y Mars Polar Lander, en diciembre de 1998 y enero de 1999.

El objetivo de la primera era obtener información climática y servir de repetidor de comunicaciones para las informaciones que la segunda obtuviera en superficie sobre un área muy concreta en el límite del casquete polar sur.

Esta misión habría supuesto un avance importante en el estudio de posibles formas de vida desarrolladas en Marte en el pasado, pero la frustración fue completa cuando ambos aparatos fueron incapaces de establecer comunicaciones con el control de Tierra, después de su llegada a Marte en septiembre y diciembre de 1999.


La pérdida de la sonda Mars Climate Orbit y la del Mars Polar Lander han venido a unirse a la misteriosa desaparición de la Mars Observer en agosto de 1983. La dificultad para aclarar también los fracasos de la sonda Deep Space I en su intención de fotografiar el asteroide Braille y del orbitador lunar Clementine en su intento de localizar rastros de agua bajo la superficie de la Luna, han puesto en entredicho la capacidad de la NASA y muy especialmente la veracidad de sus afirmaciones.

Han sido varias las voces acreditadas que han alertado sobre esta serie de fracasos, que consideran selectivos, poniendo en jaque la transparencia de las autoridades espaciales, acerca de las causas reales, y la viabilidad de un programa espacial en la actualidad.


Otros se lo han tomado menos en serio y han aprovechado para hacer chistes, como aquel que reclama para Marte, a pesar de estar deshabitado, la calificación de planeta tecnológicamente superdesarrollado, ya que aparatos que en la Tierra son tecnología punta, allí no son más que chatarra.

En cualquier caso, las previsiones de vuelos tripulados con destino al planeta vecino no se sitúan con anterioridad a dos décadas, si bien algunos proyectos alternativos establecen en sólo siete años el plazo necesario para llevar el primer hombre a Marte.



Enero 5, 2004. Para deleite de los investigadores, las primeras imágenes tomadas por el Spirit de sus alrededores, recuerdan a los lechos secos de lagos en la Tierra. El terreno es llano y está salpicado por pequeñas rocas. Nadie sabe si esta semejanza es más que superficial. El Spirit utilizará sus herramientas de geología para averiguarlo.

"Lo que vemos es una superficie desprovista de grandes rocas, al menos en nuestra vecindad inmediata; y esas son buenas noticias, ya que las piedras grandes impedirían el libre movimiento de Spirit", dice Squyres. "Vemos una población de rocas que es muy diferente a cualquiera que hayamos visto en otros lugares de Marte, lo que resulta muy favorable para nosotros". La planicie es perfecta para recorrerla.

Por el momento, el vehículo permanece sobre su plataforma de aterrizaje, y los próximos nueve o más días serán utilizados para preparar el egreso hacia la superficie marciana. La plataforma está inclinada solamente dos grados, y su cubierta frontal se encuentra apenas a 37 cm sobre el suelo. Sin grandes rocas que bloqueen el camino, el vehículo está en buena posición para su salida.
ciencia.msfc.nasa.gov


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