Buscar
PANC
Publicado: Viernes, 04 de enero de 2013

Tomás Harris

Serie poetas chilenos


Tomás Harris (La Serena, Chile, 1956). Poeta, crítico y antologador. Estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad de Concepción.


Ha publicado: Zonas de peligro, Diario de Navegación, Cipango, Los 7 náufragos, Crónicas maravillosas y Tridente, entre otros. Junto con las poetas Teresa y Lila Calderón publicó la antología Veinticinco años de poesía chilena (1970 - 1995). Obtuvo el Premio Casa de las Américas en Cuba. Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Actualmente trabaja en Referencias Críticas de La Biblioteca Nacional en Santiago de Chile.


POEMAS DE TOMáS HARRIS




ZONAS DE PELIGRO
Así como largas y angostas fajas de barro
Así como largas y angostas fajas de noche
Así como largas y angostas fajas de musgo rojo
bajo la piel.

Las zonas de peligro son ininteligibles. O las
prefigura un rojo disco de metal,
símbolo de un sol mohoso al fondo de una calle desmembrada
meado por los perros.

Las zonas de peligro son inevitables; te rodean
el cuerpo en silencio,
en silencio te lamen la oreja,
en secreto te revuelven el ojo,
sin el menor ruido te besan el culo
y los escasos letreros de neón ocultan su única identidad:
CAMPOS DE EXTERMINIO.


OROMPELLO I
Un disco pare es un ojo; una sangrienta córnea de latón.
Orompello es un puro símbolo echado sobre la ciudad.
Y las putas no tienen la culpa. Sólo cumplían con su deber.
El otro día nomás esperaba micro en la esquina del
baldío y oí una voz que me decía: "Ven y mira".
Miré, y no había más que un caballo amarillo al tranco
por sobre la calle adoquinada.
Y un espejismo las putas vestidas de ropas blancas,
y un espejismo los eriazos floreciendo.
Repito, mientras esperaba micro en la esquina del baldío.
No me van a venir ahora con que Orompello es un puro símbolo
echado sobre la ciudad
y las casas siete casas con puertas de oro
y las putas siete putas vestidas con ropas blancas.


MAR DE LOS PECES ROJOS
Me pararon al frente, me dijeron
Habla
Y hablé.
Me pararon al frente, me dijeron
Desnúdate
Y me desnudé.
Me pararon al frente, me dijeron
órnate
Y me incrusté oropel, pedrerías,
Oro falso
En el cuero.
(Aplausos)
No sufrí apremios físicos, debo decirlo,
Pero me rodeaba la muerte.
La noche, esa noche, era primordial.
Había calles angostas,
Pasos, gritos,
Cuerpos.
Los puntos cardinales estaban perdidos.
Yo estaba perdido, en un sueño, en una película.
La noche en Rumble Fisch.
El mundo era un círculo en blanco y negro
Despoblado por fantasmas
Habitado por dos peces rojos
Devorado por su reflejo
A falta de víctima.
Todo esto era circular y referido por la muerte;
El mundo era circular, en blanco y negro, habitado
Por dos peces rojos devorando su reflejo.
Todo transcurría en el teatro o en el cine.
Todo transcurría en la calle o en un sueño.
Los puntos cardinales se habían perdido
Y el vértigo de la velocidad entraba por los ojos,
Por los poros,
Yo estaba poseído por efectos especiales.
La ciudad era un mar en penumbras,
Blanco y negro,
Dos peces rojos
Devoraban sus reflejos.
Yo era un pez, Almirante, y la muerte,
Otro pez.


LA CALLE úLTIMA
Nosotros tenemos una visión pegada a las pupilas
que data de nuestro primer año de vida
en este barrio sudamericano:
como en la novela de Genet, todos los días,
una carroza de pompas fúnebres atraviesa frente al
frontis desquiciado del Yugo Bar.
El Yugo Bar es una esquina miserable, amarilla y triste de Prat.
Vemos, todos los días, una carroza de pompas fúnebres
descender lentamente por Prat.
Pero no sabemos si son datos de la conciencia o restos
del sueño que permanecieron engañosos hasta las
primeras luces del día.
Nosotros tenemos una visión pegada a las pupilas:
vemos cada hora, una carroza de pompas fúnebres
descender lentamente por Prat;
puede explicarse por ser Prat la calle de Concepción
que conduce al Cementerio General.
Nosotros tenemos una visión pegada a las pupilas
que data de nuestro primer minuto de vida en este barrio
sudamericano; como en la novela de Genet,
todos los días, minuto a minuto,
se verá una carroza de pompas fúnebres descender por Prat,
la última calle de Concepción,
la que conduce al vacío.


MAR DEL DESEO
Una lluvia de peces caía sobre el Reino de la Muerte,
al sur del mundo;
él iba oscuro, magro, sin sombra, buscando un cuerpo;
cuando la mirada,
como mariposa nocturna negra,
se le posaba sobre un cuerpo, brillaba,
como si viera el oro;
pero oro no había,
noche había, muchas noches
y la muerte deslizándose por esas
noches,
él iba a tumbos,
se varaba en las esquinas,
babeaba, le pintaban de rojo el cuerpo los semáforos entre la
niebla
sinuosa,
espesa,
se sentía como un perro,
la lluvia lo llenaba por dentro como sangre,
la lluvia se le empozaba en los bajos fondos del alma;
iba así,
turbio,
pensando en los dorados destellos del amor,
pero amor no había
signos había
premoniciones,
advertencias,
todo su derrotero de calles era una advertencia,
sobre la tierra,
el polvo,
el humo,
la sombra,
nada;
así, yendo como un perro, llegó a los límites de la
ciudad, brumosos;
en una punta de tierra halló dos maderos muy
grandes,
uno más largo que el otro,
y el uno sobre el otro hechos una cruz:
-Di lo que deseas -dijo una voz en off.
-Maese, sólo deseo tu poder.


LAS UTOPíAS SON PUTAS DE MIEDO
No a las damas, amor, nos habían dicho,
cuando una noche al centro del valle,
en un sueño de perro,
se nos apareció el amor perfecto;
calzaba sandalias rojas de plástico transparente,
toda ella iba mojada,
el pelo libre
de caer
sobre la túnica magenta que se le pegaba a las tetitas
de perra joven;
olía a sal,
a transparencia,
a imaginación,
a hornacinas,
a trébol de cuatro hojas;
dos aros de oro puro terminados en una perla pequeñita
y perfecta
la perforaban por los lóbulos;
nosotros hicimos una cola, una larga e inacabable cola
donde ninguno acabó nunca;
yo le mamaba los pezones
por sobre la bambula magenta
de la túnica;
al final, la sentíamos adentro, por aquí,
en el bajo vientre, toquen,
nadando como un pez fosforescente
en una redoma demasiado pequeña para sus ganas;
pero
nosotros sabíamos que las utopías son putas de miedo,
algo había que hacer para ahuyentarla.
-No tenemos patria, ciudadana, le gemimos,
-somos Nadie gritando Nadie nos ataca.
-ámenme un poquito más -susurró la puta-
hasta que acaben en mis sábanas;
pero nosotros sabíamos que eso era un paso más hacia
la muerte,
oscura esta muerte y lenta,
la india cruel se nos iba abriendo
como fauce,
la muy magenta,
la pringosa,
fétida a sal, oro,
a transparencia,
a horno,
a trébol de cuatro ojos penetrantes, quemados:
-ámenme un poquito más- gruñía,
mientras la noche no acababa,
la noche nunca acababa.


MAR DEL DOLORIDO SENTIR
Me cosieron la boca y los ojos
Me inocularon coca-cola por las venas
Todo transcurre en una película mexicana
What’s your name me preguntó alguien
Desde alguna parte
Ahora yo no puedo seguir hablando por todos
Ustedes se esfumaron tras ese halo de luz
Los demás desaparecieron en ceniza
Se obliteraron en humo o lluvia de la ciudad
A mí me arrastraron por un pasillo angosto y húmedo
Como vientre
Rojo
(la intensidad del color filtraba la venda)
olía a pierna humana
como en el corredor de Lautréamont
¿sugar mister? Me preguntaban ocultos
por la radio tocaban un corrido
perros ladraban
la música se me aplasta en los oídos
por ahí puedo sentir bien
por acá no
el corrido comienza a arderme en los oídos
los hombres sacan pistolas
a mí me trataron como a todo prisionero de guerra
olvidando los tratados y la piedad
el pasillo se adensaba hasta el mismo color
del miedo
ahora el espacio y las sensaciones eran intensidad pura
energía pura
mi cuerpo se confundía con el pasillo y mi pensamiento
con mi cuerpo
un perro negro metía y sacaba la lengua
muy rosada
la sangre me chispeaba en las venas
(me habían inoculado coca-cola)
el pasillo se hacía verde-azul-dorado tras la venda
todo iba siendo brillo y color y ardor
I HAVE THE POWER
pensé entonces
y desembocamos, como si fuera un coito, desembocamos:
aparecí en la calle Pedro León Gallo; había baldíos,
por todas partes, fierros viejos, rieles, huellas,
niños en desnutrición:
a la izquierda de mi cuerpo, de mi dolorido sentir,
había un túnel, rojo,
gruta, vulva, socavón o cueva
las nubes descendían al nivel de mi cara,
un perro negro metía y sacaba la lengua,
amanecía en Concepción.


NN
"Dame un nombre",
dijo el Chesitan
el guardia fiel a su Señor,
"dame un nombre y no perderás mi protección"...
(Alicia, dijo la niña)
(Mateo, Marcos, Juan, Lucas, dijo la niña)
(Yo, dijo la niña)
(Polvo de estrellas, dijo la niña)
Pero la niña no dijo nada;
Todos los nombres no nombrados
se le agolpaban en su mente
como un gran silencio,
el silencio grande del hilillo de sangre fresca
que indicaba
que ya no le quedaba nombre que nombrar...


MAR DE LA DESESPERANZA
Entramos en las urbes del Sur
se nos aceleraban los pensamientos al roce del vuelo
de las aves
había ciudades hechas de carne
había ciudades enteras orgánicas latientes
había edificios que respiraban con inhumana lentitud
había edificios zócalos muros cines corredores
que subían y bajaban lentos
en sus sístoles y diástoles enfermos
todo está vivo dijo una voz
había mucha noche
más noches de las jamás previstas y cuerpos
deslizándose en esas noches
que parecían barcos fantasmas deslizándose por esas noches
mujeres (colegialas, vestales, monjas, prostitutas,
púberes e impúberes, todo el catálogo soñado)
oro no había
había música electrónica signos había
peces
advertencias
no toques lo que late porque desaparecerá al punto del tacto
dijo una voz
cada cosa relumbra con el brillo
que sueña tu ojo
y hubo miedo a que no hubiera nada
los escapes de los cines nos servían de refugios miradores
tuvimos que adecuar la mirada imaginar el tacto
entresoñar el coito
amarnos los unos a los otros en el más total de los silencios
queríamos mantenernos en esas visiones
empaparnos destas vestales
no toques lo que late porque desaparecerá al punto del tacto
dijo la voz
pero todo latía casi imperceptible
con pasmosa lentitud
acequias prostíbulos semáforos vitrinas y los cuerpos
todo subía y bajaba despoblado
en sus sístoles y diástoles
baldíos


LOS SENTIDOS DEL RELATO
Te voy a contar una historia,
te voy a contar una historia, paloma,
aquí en esta solitaria playa de Cipango,
desnudos tú y yo,
aunque sólo sirva para disminuir un instante de tu odio;
a esta historia miserable
la investiremos de gesta,
de gesta individual y podrida,
gestada entre el silencio y el cielorraso,
entre los crujidos de la noche en medio del vacío
y con el deseo como único sol fulgurando al borde
de la muerte;
esta gesta de la nada que te narro
debe ser como una fuente de perlas y rubí,
el blanco y el rojo confundidos
en estas sábanas junto al mar
para derramarnos al siguiente paso
éste es mi deseo: así como te he cubierto,
así como me he derramado en tu cuerpo tan joven,
así,
derramarme y cubrir este panorama desolado
que contemplamos
mar y silencio,
rezumantes de jugos corporales,
tú y yo:
Ya se apagaban los últimos neones como emblemas
de un falso mundo luminoso,
ya se iban los 90,
la peste desbordó por esos mismos parajes:
éstas que ves frente a tu cuerpo todavía tembloroso,
pálidas y desmedradas,
a punto de apagarse para siempre al primer soplo
de verdadera pasión
son las últimas ciudades de Sudamérica:
Cipango, Tebas,
Cathay, California,
Argel, Tenochtitlan:
perros son ésos que ladran en las esquinas
contra el miedo;
viento, esos murmullos que sobrevuelan los callejones
borrando las señas de la muerte;
tiempo, eso que transcurre sin huella,
empedrando las ganas, esas momias de nuestros pueblos;
éstas que ves son las 7 últimas ciudades de Sudamérica
como 7 planetas de barro y silencio
fulgurando sin luz propia
en 7 descampados estancos:
aunque el camuflaje sea perfecto,
la ornamentación de la decrepitud y las tablas y la tierra,
esta gesta transcurre en pleno Reino del Poder;
soy el viejo Helicón y no miento,
es peligroso, paloma,
que estemos aquí en esta playa baldía
hablando como hablamos
de la muerte,
del amor,
del silencio;
es peligroso hablar así:
yo no sé nada de poesía,
sólo me sé a tu lado
en esta intemperie,
en los márgenes de Cipango,
bañados por la luna cruel.


EL DESAFíO
¿Quién eres tú?
Soy la Muerte.
¿Vienes por mí?
Hace ya mucho tiempo que navego en tus barcos
y camino a tu lado.
Lo sé. He oído abejas.
Podrían ser moscas.
Lo mismo da.
Estás listo.
Yo, sí. Pero mi cuerpo teme.
Es lógico. El cuerpo siempre teme.
No es para menos:
mira los empalados,
mira los crucificados,
mira los desollados,
mira esos neonatos revolviéndose en sus placentas
en esas bolsas de nylon negras,
mira esas putas tajeadas,
mira el Nostramo entre las nubes
desaguando su roja baba de ácido y las vísceras del Otro,
miro toda lo carne chamuscada y el humo aventado
aún perfumando la costa...
¿Tú juegas ajedrez, no es cierto?
¿Qué te hace suponer tamaño huevada?
Lo he visto en los cuadros y lo he oído en infinidad
de canciones y leyendas.
Eso era antes,
cuando había cuadros y canciones y leyendas.
¿Qué juegas ahora?
Juegos de Guerra
en el video game de mis dominios.


LOS 7 GORILAS ALBINOS
Entonces aparecieron 7 gorilas,
los 7 gorilas eran albinos,
eran las últimas especies sobrevivientes
en la desolada Sudamérica,
estaban protegidos por la Séptima Enmienda,
gruñían,
para espantar,
se hacían la paja como si éste fuera a ser
el último día del Universo,
de sus humeantes hocicos les chorreaba una sangre espesa,
casi coagulada,
esta sangre caía sobre
7 enormes baberos que les cubrían el pecho,
en dichos baberos estaba pintada la Eternidad,
al óleo,
el pintor debía ser un artista anónimo destas tierras del diablo,
ya que la Eternidad pintada
en los baberos sangrientos
esta representación de la eternidad
no llevaba firma alguna ni huella del desconocido artista,
nunca supimos si era indio o cristiano,
o mezcla de ambos,
los 7 gorilas albinos corrían describiendo
un círculo,
una elipse,
como las que describía en el pútrido cielo destas tierras
el Nostromo en su paso sangriento de fantasma;
deben ser distintas representaciones
de este puto cubo del Mundo, pensé yo,
Antonius Block, Almirante de esta misión;
nunca lograrán ponerse de acuerdo al respecto.


UNA PARTIDA DE BILLAR EN íTACA
Sucio soñar con salones de billar llovidos,
donde las bolas son de piedra asimétrica y, por lo tanto,
no pueden rodar sobre las mesas que carecen
de bandas, como cuando la tierra era
cuadrada y el Finis Terrae marcaba el desbarrancamiento
de toda la flota imperial.
Suelo soñar con salones de billar inundados,
donde los jugadores están muertos, flotando en la albúmina
líquida de estos salones de billar inundados,
donde los jugadores flotan en sus propios gástricos venenos,
y las bolas y los tacos, como si fueran inútiles boyas,
y quebrados mástiles y trinquetes,
del naufragio de un galeón imperial.
Suelo soñar con salones de billar desiertos,
donde las buchacas cuelgan como escrotos entre
las mesas sin tela, porque alguien, un marinero de
otra historia, se envuelve con ellas para
no morir de frío, porque estos salones de billar
están repletos de fisuras por donde entra la memoria
malherida como gata escaldada, violada, negra.
En estos salones de billar anida ítaca
y no se puede contra ítaca
porque anida como un murciélago bíofluorescente
ciego, en celo, avivando la lumbre de su faro,
llamando desde ítaca a las furiosas hirvientes
murcíelagas de ítaca.

Suelo soñar con los salones de billar de ítaca,
donde, borracho, trato de embocar las bolas,
pero éstas saltan de las mesas y chocan
contra los muros tiznados y sus odiosos
proverbios del Infierno:
The road of excess leads to the palace of wisdom.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net