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Publicado: Miércoles, 20 de febrero de 2013

Naín Nómez

Serie poetas chilenos


Naín Nómez (Talca, Chile, 1944). Poeta y académico, ha trabajado en diversas universidades en Chile y el extranjero. Actualmente es profesor titular de Literatura Chilena e Hispanoamericana en la Universidad de Santiago y miembro del Consejo Editorial de Lom Ediciones.


Ha publicado una docena de libros, entre ellos obras poéticas, antologías, ensayos, crítica literaria, estudios culturales y numerosos trabajos sobre el poeta Pablo de Rokha. Entre sus obras podemos mencionar: "Historias del reino vigilado" (1981); "Países como puentes levadizos" (1986); "Pablo de Rokha, un escritura en movimiento" (1988); "Pablo de Rokha y Pablo Neruda, la escritura total" y "Antología crítica de la poesía chilena" (Lom Ediciones), tomos I y II. Su libro de poemas "El movimiento de las salamandras" publicado en 1999, fue premiado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Ha participado en diversas charlas, cursos y seminarios en Chile y el extranjero abordando temas literarios y culturales.


Poemas de Naín Nómez



DEL POETA COMO SER HUMANO
De oráculo sagrado a empleado
público; de eléctrico cantor bajo las tiendas
de campaña, de Ovidio, a druida venido a menos;
de ardiente silencioso, devorador de tules,
cortesano de palabras y ritos, a despistado social,
acuarela de turistas, coloquio de usureros;
de oficio fatigoso pero digno, a profesor de tinieblas;
de escarbador de cielos, de ángel, de prometeo de fiesta y agua,
a esta estatura mediana de sueldos,
a este engrillado de premios,
a este venderse al mejor postor.

¿En dónde estamos?

El poema ya no cree en su misión.
El poeta se rebela contra el relámpago de la inspiración.
El poeta reniega de sí mismo.

El poeta se siente cansado con la libre competencia
y entabla diálogos de sordos.

Le han quitado sus pájaros errantes,
sus mordisqueados pezones de alabastro,
sus lirios polvorientos.

Las ratas le han roído los mármoles
y sus ríos ignotos se han cubierto de esmog.

Ahora
el poeta debe abrir la boca sin llorar ni reír,
sin moverse de este mundo;
sin hacer estallar las palabras,
moviéndose pesadamente por la tierra
como el resto de los mortales;
no hacer de moscardón, no emputecerse
con los reyes del mundo ni con los delatores.
moverse más allá de los límites está prohibido
desde ayer y para siempre.

Digamos por último,
no importa si se ha muerto;
ocupará los micrófonos,
se redescubrirán sus peores versos,
dejará de hacer daño con sus palabrotas de mal gusto.
El poeta
ahora iluminado.

¿En dónde estábamos?

Los poetas se agachan y toman posiciones.

Detrás de ellos
una nube de libros
es empujada por la historia.

Las imágenes empiezan a vivir.




DESPUES DE UN LARGO VIAJE

No es que en este país el orden sentimental haya perdido su fiereza
ni que las nieves hayan disuelto estas minúsculas historias agrupadas a golpes de memoria
no es que los castillos medievales hacia el sur hayan quedado desiertos
ni que los caballeros feudales insulten a las doncellas al margen de su propio sueño
no es en fin que nosotros ciudadanos del mundo y dueños de un país inexistente
no respetemos la magia tímida de estos gigantes rubios
Su manera de pedir las cosas que es casi un castigo
esos perros que revolotean como palomas por las casas alfombradas
esa discusión que casi nunca comienza
ese olvido de las siluetas del viento

De todo este tiempo
es decir de todo este aire que ha circulado libremente de un lado a otro de mi cuerpo en estos años
o te engañas y en realidad
hemos sido palabras raíces sentimientos que se enredaron al azar en los espejos
lo que haya sido (por último paisaje de tarjeta postal charco moneda)
lo que haya sido digo
esta alacena liquida que se pierde como un salto monstruoso en nuestras noches
nos ha traído a esta ocupación de caminantes acosados
a este miedo de estar consumiendo luna a luna sus tesoros

¿O no tuvimos nada?
¿O todos esos vértigos no fueron sino fósiles y engaños?

En esta tierra la gente descansa en los veranos y se encierra en invierno
los niños nacen para ser felices
las grietas se cierran con grandes bloques de cemento
y uno se hunde en un idioma donde lo bello es algo exótico

No es eso

De todo este tiempo
que he tratado de conservar bajo llave en los papeles
(tú dirás que no es cierto la mano el tacto el labio)
aunque sabemos los minutos se rompen y no hay pasta que los pegue
y todavía de esa arena cayéndose de esa hoguera incendiándose
me pregunto de esa vida aguándose y blanqueándose
si lo que queda servirá para ir agrandando esta cita
para ir ajustando estas piedras estas transparencias enterradas
si lo que queda de nosotros bastará
para cargar en las espaldas esta cifra enorme de porvenir
que nos espera
como después de un largo viaje.




ESPECIALISTAS EN LITERATURA Y BALíSTICA

Empezaron por apretarle la cola a las palabras
no para hacerlas rugir sino para que chillaran hasta el paroxismo
las dejaron convertidas en un guiñapo
más tarde les zurcieron la espalda para que siguieran existiendo
finalmente las encerraron en pequeños compartimentos estancos para que se quedaran inmóviles
luego las agruparon según su debilidad y su hobby favorito
las pervirtieron y les dieron padres que creyeron auténticos
las ensalzaron las degradaron las remitieron a sus propios juicios y opiniones
les dieron de comer con sus propias células
las tornaron exactas
las llenaron de primos hermanos fabulosos
les inventaron un lugar en la historia
les buscaron antropólogos sociólogos y sicólogos
las incorporaron a la ciencia para que crecieran seguras y dentro del sistema
apoyaron su aparato con otras palabras que se fueron ensalzando a sí mismas como en una pirámide
se sintieron padres hijos nietos y tatarabuelos de las palabras
las manipularon las violaron las convirtieron en objeto
las dejaron de nombrar para que dejaran de moverse
las reprimieron hasta que sólo ellos resintieron autorizados a decirlas
formaron sus propios edificios de palabras
las adoraron y yacieron con ellas
les dieron hijos que se juntaron en frases descomunales
formando familias de manuscritos que crecieron en edificios ruinosos
y al final cuando reprodujeron sus propias leyes a un idioma ya casi intraducible
cada uno acaparó sus propias palabras dentro de sí
cada uno se sentó a comer sus palabras
cada uno lloró por sus palabras que ya nadie entendía
cada uno se vistió con ellas cuidadosamente y salió a rezar el evangelio

Desde entonces todo transcurre en el silencio.





EN UN LUGAR LLENO DE MURCIELAGOS

Con la medusa, habitamos un lugar lleno de murciélagos
a menudo húmedo con muchas entradas y casi ninguna salida,
con ella habitamos un lugar denso donde casi nunca amanece,
una pocilga hedionda donde todos los sentimientos se pudren
y las miradas se reflejan en un espejo cóncavo
que refracta los aullidos que damos, los lenguajes
intraducibles que usamos, las manos que nos cuelgan
de las axilas y la mirada grisácea que no perdura

Es así. Nos hemos quedado a vivir en un lugar lleno
de murciélagos y entonces nos ponemos trajes negros y una capa
escarlata para comer los huesos que nos dejan,
para devorarnos lentamente entre noche y noche,
para amedrentarnos con los colmillos que nos desflecan
el sentido; ya no queremos nada con el mundo del sol
y la ternura que nos manchaba la piel con su arrebato,
se ha desvanecido con las madrugadas

Habitamos el lugar con una desnudez impúdica, sin pretensiones,
hacinados entre los pajarracos voraces
sedientos de nuestra sangre que ya no sirve para nada,
mientras nos agitamos y nos arrastramos
por el barro, con la esperanza de asimilarnos,
de que surjan del odio y del delirio
nuestras alas deformes y trituradas
por el encierro, de que nuestro amor
cumpla su destino aciago y se selle entre las rocas
como una quimera más en el silencio
de esta historia ciega.




OTRO POEMA DE AMOR POR LA MEDUSA

Tal vez después de todo
el amor no sea sino el paso furtivo por la luna
detenerse por unos segundos en los acantilados de la memoria
para expulsar un recuerdo que persiste más allá de la muerte
tal vez
después de tanta poesía buena mala inconsistente
el brillo de tus ojos al amanecer casi inundando el espejo
sea mas meritorio que estas hojas pálidas y enclenques
estos palimpsestos que horadan la piedra
y pulen el polvo de un bosque desvanecido
y quizás tal vez también
tal vez
tú no seas sino una sombra reconstruida
desde hace milenios en esta tardía e imprecisa latitud
pulverizada por los años añosos y nudosos
el vaho de un deseo el nudo de un abrazo
que alguien dio a otro alguien
creyendo que duraría siglos estremecidos de pasión

tal vez después de todo
no sabíamos de las cosas perecederas
cuando extraños y alejados el uno del otro
nos moríamos de amor
arrebatados por un origen inútil
al que intentamos volver el resto de nuestros días.




MEDUSA DE AGUA

El agua es todo. Si la miras
en medio del torrente, el agua es ella
pero también la verdeácida calma del mar,
el señuelo de naves oxidadas, el gemido incierto
de naraides que se mueren de amor
lejos de los bosques.
Ella es el agua eludiendo a Narciso, antagónica
aletea y palpita
como una marea menguante, sangrante. Ella
es el agua, el zumo hirviente
de los géiseres,
ardiente y pasajero.

El agua es todo. La hace encallar entre mis brazos
y agita sus cabellos que silban
despavoridos,
para convertirla en la estatua que ya fuiste.
Desde las profundidades marinas,
con los ojos abiertos, revoloteando entre
cuerpos petrificados,
con las alas despegadas del cuerpo,
muerde la liquidez pesada, vibra y se entrega,
se hace lámina de plata, chorro, caricia, nudo.
Emerge y lo mira fulminando los objetos
que roza al pasar. El la persigue en la marea líquida
que lo asedia
tirándolo hacia las profundidades. Desde el espejo
le sonríe dulcemente y casi con tristeza.
Sus látigos marinos lo arrancan de sí una y otra vez,
lo rodean sin tiempo.

Casi al azar y antes de caer petrificado,
su imagen se desdobla, se hace simulacro del espejo.
Se remonta
al origen. Pero el retorno es sólo arena
entre los dedos. Medusas disolviéndose en el agua
que es todo, es nada, ella
en el espejismo del mar, las estrellas que vacilan en el agua,
un soplo en el cardumen de la oscuridad, la vida
vacía y lenta


Octubre 12 en vuelo y no veo el agua.





LA HISTORIA DE LA MEDUSA

Hablaba de ella a pesar de todo.
Adornaron su historia con detalles de traición y odio.
Una historia resbalosa como las algas que la cobijaron en otros tiempos
aunque sobrevivió en el recuerdo de sus ojos descoloridos por el fango.
Yo la conocí en el tiempo de su reino milenario en medio de los vientos alisios
y las tormentas ardientes que la hacían estremecerse de placer y cobijarse en mis brazos
yo la conocí despoblada de orígenes y amurallada en su diadema de serpientes
dispuesta a darlo todo y a perderlo todo
en un puro gesto de amor irrepetible.
Otros decían que embrujaba a los hombres que se despeñaban por ella o desdoblaban su propia locura en un exorcismo inútil.
Algunos inventaron la historia de una pena de amor que la convirtió en furia vengadora
dueña de una comarca salvaje poblada de hombres de piedra
sacrificados por su pasión devoradora
revividos una y otra vez para ser calcinados por ese amor imposible
en medio de las aguas pútridas de la ciudad en ruinas.

Yo la amaba demasiado para hacer caso de historias.
La quería llena de histerias y fiebre, desprovisto de huellas y caminos
como un boyardo maldito.
Me salía de mí mismo y me agarraba a los murmullos que la llevaban y traían
(la sin nombre, la sin tierra, la sin aire)
aferrada al esplendor ficticio de un reino congelado en la memoria.
Presentía que su fuego me quemaría por dentro.

Ahora ausculto en el espejo trizado las estrías ya secas de su sangre
sabiendo que la he perdido para siempre.





EL OTRO ENCUENTRO CON LA MEDUSA

El aire se enrarece. Un viento cálido
sopla dentro de nosotros. Afuera la lluvia
forma pétalos de agua en los guijarros. La tormenta
arrecia en nuestros cuerpos. Las manos se contraen
en el gesto inhumano de reducir al otro.
Un muslo asoma entre las hojas que oscurecen
los rostros contraídos, ángeles en la niebla,
demonios de la violencia contenida.

Mi axila emerge de una espacio sin nombre
y se pierde en el marasmo de tus pechos
delgados y temibles. Mis piernas suben y bajan
entre tus nalgas adheridas a mi piel, desbordados
en un ritmo vertiginoso que nos incendia
y luego el rugir del mar, el río que sube hirviendo
y se aleja con un vago estertor, una columna de tiempo
que mueve nuestros labios, mi pesada cadencia entre tus muslos,
tu mano que me eriza los cabellos
y lentamente se posa en la lejana línea del recuerdo
hasta rozar la lluvia y meterla en la piel con un escalofrío,
un pliegue de los cuerpos casi en éxtasis, detenidos, expectantes,
tal vez a la espera de una nueva mirada desconocida,
tu rostro cayendo en el mar o vibrando entre las algas,
aguardando esa hoguera tenaz de tu noche en reposo.





MEDUSA Y YO O LA MORTALIDAD DE LO IMPOSIBLE

Fuimos ciegos o solo el tacto de una vida invisible, de una
lengua sin voces, de un estigma incierto
en el foso de la tierra.

Las aguas me reclaman. Vuelvo a ellas como la isla
soñolienta de tu cuerpo y me vierto en el zumo
de mis piernas líquidas, de hendido cuerpo
sumergido en el moho y la locura.
Soy el tatuaje indescifrable de un amor incestuoso
entre padre y hermana, entre hija y abuela,
entre el tritón andrógino y celeste de las cavidades viscosas
desgarrado por serpientes salvajes y la ola seductora
empapada de lujuria y miseria, con su fogata de lágrimas
y su cetro de llamas arcanas.

No es eso lo que dije, lo que dijimos. Ya no importa.
Es el fin de la tierra amarilla, el fin de todo.
Alguna vez el monótono círculo de las aguas
nos acogió con sus girantes aspas de demencia,
en su turbiedad de ira y esperanza morimos y resucitamos
como dos escualos de tiza y barro, algas de leche tibia
en la carne incesante, amasijo de pechos y caderas.
Luego vivimos en corrientes emponzoñadas como lagartos ebrios
copulando en los salares viscosos, encabritados
por los alaridos de un placer sin nombre. Me pregunto
como hicimos para salir del tiempo y de la muerte. Me pregunto
por mi cansada lujuria y tu miedo milenario al contacto terrestre.

Te internarás de nuevo en los laberintos de fango oscuro
para vivir postrada en el légamo de los cauces secos
en el instante que cierra tus ojos
y los deja titilando
bajo el insomnio que alimentan las tormentas y los ríos
donde la luz dormita sin medida y las algas pacen
su agonía en los lechos de fieltro y sangre.

Volverás a ser la sin amor ni tristeza, la fiera hirsuta y ambigua
que sigue esperando la señal de los astros
en ese amor imposible y transitorio
atravesado como daga entre los muslos. Y a veces
serás otro, rota y desordenado, polvoso y densa,
algo de piel que permanece oculta en la tiniebla
de los mares corruptos, esperando
el leve sudario de otro mundo soñado, un poco de aire
que saque del exilio la secreta materia de la vida.

Así es la carga de las medusas, frágil, susurrante, inútil
como la nostalgia del fuego y de la tierra; el chorro hirviente
de las estrellas o la añoranza de ese momento en que los cuerpos
vuelan y estallan en su empecinada labor de perderse,
inexplicable como los remolinos o los muertos que se sientan
en medio de la cama entre un acto y otro,
como los vínculos meteóricos que buscamos
cuando estamos empapados de miseria y agarrados
al desolador impulso del deseo.

El fuego no se extingue, aunque el puerto siga siendo
un paraíso perdido y la morada un ceremonial de espasmos
y canciones dichas al azar entre las hirsutas cavernas de un mar
sin velamen ni cielo; sólo la noche de las noches tenebrosa
y olvidada por los oráculos, húmeda y devastada
por vientos subterráneos que probablemente nadie conoce,
aunque mi memoria también está exiliada de las otras memorias.

Yo no sé quien estaba allí varado ese día.
El leve rizamiento de las aguas, la presencia marina de una estirpe
violenta y maldita, el grito escalofriante de la pasión y el odio,
la ceniza insaciable que se enciende y sangra con la espuma,
las serpientes que semejan pezones en la arena y la lluvia
que arde con el sudor de las bocas entre las maravillas de la noche.

Yo no sé como seguir viviendo. El, ella, los dos
en el amasijo de esta sierpe insomne que se mueve y deshace
sobre la tierra yerma bajo los espasmos del terror diurno:
una pura arboleda rizomática de puntos infinitos.
Hablo desde mi boca impura, desde mi cavidad sedienta
que quiere ser llenada y vaciada una y otra vez
sin parar, hasta que la cera solidifique
lo que seremos, sin brecha ni orificios,
sólo la arena turbia de un deseo sin límites:

una ameba híbrida, una mancha viscosa y aterrante
que seguirá moviéndose lentamente incolora entre las algas
en lo más profundo del océano;
que seguirá esperando unirse
como una trenza fatal, un macho-hembra de sí misma
que busca en la oscuridad ese cuerpo gemelo
que le devuelva la fascinación por la vida
esa entrañable,
tiránica, desgarradora...

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