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Publicado: Martes, 02 de abril de 2013

Zulma Yugar la musa del arte boliviano


Hablar de la brisa andina que entre torbellinos se retoza con la paja brava, hablar de muestro medroso quirquincho de los arenales, de nuestra telúrica y silente meseta andina, de sus desmontes de minerales, de sus bocaminas que engulle a mineros y palliris, hablar del sincretismo religioso, del culto a la pachamama, del tío de la mina, deidad de las tinieblas y la lujuria. Hablar del ChiruChiru, de la virgen de la Candelaria, hablar de los batracios, del cóndor y la víbora petrificados, de las gigantescas hormigas invasoras convertidas en arenales o hablar del carnaval de Oruro, es mencionar el canto y la obra de Zulma Yugar.


Desde que tuve uso de razón y con el oído pegado a un vetusto radio transistor, de esos que me hacían creer que en cuyo interior había locutores diminutos amenizando el día, la radioemisora San José, la radio El Cóndor de los ferroviarios entre otras, nos complacían con veladas artísticas en vivo, ramilletes musicales del folklore boliviano interpretadas por toda esa generación de artistas que hicieron historia, tiempos en que el folklore era visto más abajo del hombro. Recuerdo como si fuese ayer cuando Bolivia se despojaba de su mordaza cultural y gracias a todos sus hijos del arte de aquella constelación de estrellas de primer nivel que interpretaban los sentimientos del pueblo en las cuerdas del charango, de las zampoñas y la quena que hasta ese entonces eran relegadas a los parias, a los indios y los pobres de nuestra nación. Gradualmente Bolivia fue recuperando su dignidad, su autoestima. Estos aires de nuestra tierra eran interpretadas en la voz inconfundible de la hija predilecta de estas tierras. Zulma Yugar.

Hablar de Zulma Yugar es hablar de la historia de la música boliviana, fecunda artista orureña de sentimientos nobles, con un corazón enorme del tamaño de la geografía boliviana. Desde sus incipientes balbuceos por las candilejas de Oruro, el país se percataba que había nacido una virtuosa doncella para narrarla su historia con cantos. Desde entonces Zulma Yugar entregó su vida al arte y la cultura de nuestro pueblo, tan comprometida como aquella musa Polimnia del olimpo.

Los galardones a la mejor voz vocalista boliviana desde su tierna edad no se dejaron esperar, fue reina del folklore boliviano y las distinciones trascendieron más allá de nuestras fronteras, infatigable defensora de la unidad de nuestro pueblo, del derecho del autor y el patrimonio cultural de nuestro país. Suficientes dotes para ganarse el sitial de delegada exclusiva de la UNESCO formando parte del jurado internacional para las Obras Maestras del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad en representación del continente y el caribe. Fue también nombrada por este organismo Embajadora por La Paz Mundial.

Desde el Vice Ministerio de Cultura por entonces, trabajó e institucionalizó el arte en el país y fue gestora del Encuentro de "La paz del Chaco" sublime gesto, donde nuestros excombatientes de ambos países se dieron la mano.

Su reciente trabajo "Compartiendo talentos" junto a Rafael Arias es una nuestra más de esa fuente inagotable que es Zulma. Se registra en mi recuerdo esa fina estampa de musa al presentarnos su reciente trabajo en el atrio de la gobernación de Cochabamba el día jueves 14 de marzo del presente año 2013, la cual me motivó a escribir esta nota, porque a nuestros exponentes del arte se los tiene que honrar en vida, como tributos a la savia de la tierra, se los tiene que homenajear a viva voz para que sus perceptibles sentidos reencuentren el amor de su pueblo como tributo a su vida y su obra.

Lic. Ernesto Joaniquina Hidalgo
(Comunicador Social de la Gobernación de Cochabamba)

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