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Publicado: Martes, 21 de mayo de 2013

La muerte sólo existe con el olvido y a los nuestros no los olvidamos


Hablar de los hombres en su justa dimensión es a veces quijotesco porque podemos caer en la tentación de encumbrarlos o ahondarlos en sus miserias, pero lo que sí se registra en el repaso colectivo del pueblo, es aquella vocación inclaudicable de altruismo, extraña sensación que sólo se lo siente con los latidos del corazón y con la férrea coraza indomable cuando existe actos de injustica.

Domitila Barrios de Chungara

Este espíritu partisano de justicia al igual que la utopía es ligera, das unos pasos hacia ella y la escurridiza utopía se aleja en la misma dimensión, sólo está ahí como un remanso de inspiración que nos sirve para caminar resueltos hacia nuestras quimeras.

Muchos son los mártires que dieron su vida por este cambio que hoy transita el país, algunos se quedaron en el rincón del olvido tapiados en el anonimato y otros aún ausentes reclaman su mortaja como Marcelo Quiroga Santa Cruz. Es larga la lista de los que un día se encaminaron por este sendero.

Retraído en mis adentros veo aquel campo santo, donde cobija a los notables rebeldes, bajo la quietud de sus álamos y su silente espacio. Yacen enmudecidos nuestros mártires que en un tiempo pretérito consagraron su vida a la causa de los más humildes y como adalides se enfrentaron a la antropofagia y los ruidos de sables.

Están ahí, los nuestros, pero extrañamente su ausencia física es más simbólica que real, porque su generosa obra de vida, hoy cohabita en la memoria colectiva del pueblo, es más, están más vivos que nunca, porque sólo la muerte existe con el olvido y a nuestros mártires jamás los olvidaremos.

En este rincón de los notables donde muere el silencio yacen Gregorio Iriarte, Domitila Barrios de Chungara y José Luís Núñez entre otros.

Como no recordarle al padre Gregorio Iriarte, sacerdote católico perteneciente a los oblatos de María Inmaculada con ese su lucido libro "Análisis Crítico de la Realidad", cuando compartía con nosotros, sus alumnos por entonces, en aquellas acertadas reflexiones de vida que de manera ilustrativa demostraba lo perverso e inhumano que era el sistema capitalista en detrimento, generando la pobreza a borbotones, lo recordamos así modesto y parco dedicado a la acuciosa lectura con aquellos lentes de cristales espesos.


A nuestra compañera revolucionaria Domitila Barrios de Chungara, quien fue el icono de una generación de mujeres revolucionarias, que puso en vilo a la dictadura de Banzer con aquella histórica huelga de hambre junto a sus tres compañeras mineras en la navidad de 1977 y que como torbellino de conciencias se multiplicaron por miles por todo el país pidiendo valientemente la apertura democrática en Bolivia. Recuerdo cuando llegada con sus hijos al gélido invierno de Hallstahammar Suecia producto de la diáspora del exilio, época cuando los Luises tomaban el cielo por asalto con "el testamento bajo el brazo", la recuerdo humilde de andares cansinos y siempre risueña organizando el retorno clandestino a nuestro país. Su testimonio de lucha está en las páginas de sus dos libros "Si me permiten hablar" y "Aquí también Domitila".

En aquella losa fría de José Luis Núñez, líder del magisterio urbano se registra el manifiesto de Bertolt Brecht grabado a fuerza de combo y martillo: "Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, esos son los imprescindibles". Estas palabras en su justa dimensión lo comparten sus compañeros de lucha, lo recuerdan en diferentes momentos históricos como la Guerra del Agua, la expulsión del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y la nacionalización de los hidrocarburos. Jaime Onofre dirigente de la COD al referirse a José Luís Núñez le expresaba: "él es el artífice de la recuperación de una democracia participativa en Bolivia".

Estas modestas palabras tal vez no sean suficientes para hablar sobre la envergadura de nuestros mártires pero salen del sentimiento rebelde que sólo es perceptible por la conciencia:

"Que culpa tengo yo de tener la sangre roja y el corazón a la izquierda".

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