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Publicado: Domingo, 26 de mayo de 2013

Un homenaje a nuestras abnegadas madres


La efigie de una mujer, el perfil de una madre abnegada protegiendo en su regazo a su pequeña criatura de las vicisitudes y acechos del entorno, es a mi juicio, la exaltación más elevada de la ternura y el amor. La mujer fue siempre la fuente inagotable de la inspiración a lo largo de las épocas, como también el ser casi sempiterno de la indiferencia y la injusticia de su tiempo. Inspiró a Miguel ángel a esculpir la imagen de "La Piedad", retrato de una profunda sensibilidad materna, de dolor y entrega.


También la mujer con el nombre de Pelagia fue el personaje central en la novela de Máximo Gorki "La Madre", personaje que nos conmueve por su convicción altruista y toma de conciencia por la causa del hijo y de un pueblo sojuzgado en la época del zarismo. La madre Teresa inspirada en la fe y la caridad por el prójimo, nos hizo reflexionar que la pobreza no solamente estaba en los tugurios de Calcuta sino en los países más ricos carentes de solidaridad, de amor, de comunicación, de una exacerbada devoción al individualismo y a la sociedad de consumo.

No deja de inspirarnos Rigoberta Menchú, que ilumina como luciérnaga con esa lucecita tenue y fugaz y señala el camino de una Guatemala aún en tinieblas, tan postergada y colonizada por las dinastías de siempre. Cómo no va a inspirarnos el realismo y la fuerza simbólica de la lealtad y el compromiso de nuestras cansinas abuelas de la Plaza de Mayo que se resisten en aceptar el genocidio de sus hijos en aquel pasaje aciago de la tiranía Argentina. Cómo no recordarnos del dolor que sintió Domitila Barrios cuando nos contaba que había perdido a su hijo en su vientre por los avatares de la persecución política de la dictadura de entonces. En este día de las madres, recuerdo a mi madre Josefina Hidalgo Zurita, mujer revolucionaria y luchadora que amamantó a sus nueve hijos con todas las vicisitudes del tiempo y se fuera tras las huellas de su esposo, mi padre, exiliado a la dictadura de Pinochet para ser ejecutado en aquel horrendo Plan Cóndor que confiscó muchas vidas de revolucionarios que luchaban por sus pobres.

Del tiempo pretérito a nuestros días, hemos avanzado a pasos agigantados por éste proceso de cambio que lleva en su seno el epíteto de revolución cultural y democrática. Por ley de la naturaleza y como referente histórico, tenemos una sociedad incluyente, donde la mujer dio un salto cualitativo, del anonimato histórico machista, a un ser que está registrada en las páginas de la nuestra Constitución Política del Estado Plurinacional como sujeto de cambio. Como muestra tenemos el modesto apoyo del subsidio Juana Azurduy de Padilla a nuestras madres.

No hay mejor inspiración que la imagen abnegada de una madre y en este día consagrado a nuestras madres bolivianas por aquel hito histórico del 27 de Mayo de 1812, cuando retumba el cielo por esas voces mustias de nuestras heroínas de la Coronilla: "Si no hay hombres, aquí estamos las mujeres" para luchar contra el yugo español. Esa figura valerosa e ineludible de la historia, de tantas mujeres anónimas de todas las clases sociales comprometidas con la lucha libertaria, son una fuente de inspiración a raudales en un país que aún le cuesta despojarse de sus ataduras machistas y de toda esa hojarasca de valores que aún persiste en nuestras mentes, porque a decir verdad, nos confiscó en mente y alma ese desaforado sistema capitalista que aún sigue lucrando con el cuerpo de la mujer, que la sigue explotando y degradando. Aún nos cuesta aceptar el poder de la ternura, la tolerancia y la ecuanimidad que irradia el aura de la mujer, entender que es la simbiosis incondicional del hombre y la compañera codo acodo por cambiar este mundo injusto. Nuestras mujeres están ahí, en la lucha diaria, dividiendo el pan en partes iguales a sus hijos, haciendo milagros en las ollas vacías y están ahí porque conocen de las necesidades y la economía de un hogar sin ser eruditas ni académicas de la escuela de Chicago.

Es ejemplar la participación de la mujer en estos tiempos de cambio, como la presencia de la mujer en las esferas de gobierno, pero no sólo basta la forma, el sitial, sino también el contenido, de asimilar y tomar conciencia de la lucha de este ser tan noble que en silencio hace historia. Tenemos que seguir abriendo senderos y promoviendo más espacios democráticos de discusión, sobre los derechos y el rol de la mujer en nuestra sociedad.

Por: Ernesto Joaniquina Hidalgo

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