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Publicado: Domingo, 09 de junio de 2013

Rei Berroa


REI BERROA (Gurabo, República Dominicana, 1949). Es autor de 35 libros de versos, antologías poéticas, traducciones y estudios de crítica literaria.


De sus libros de versos destacan: Son palomas pensajeras (de próxima aparición, México, 2013); Libro de los dones y los bienes (México, 2013; Caracas, 2010), Eufemistica per vivere tranquilli (Trieste, Italia, 2011); Otridades (Zamora, España, 2010), elegido entre los 10 libros de lectura recomendada por la Asociación de Editores de Poesía de España; De adinamia de mente de umnesia (Villahermosa, 2010) premiado en el Primer Concurso sobre el Azheimer y la Memoria, en Murcia, España; Libro de los fragmentos y otros poemas [Caracas, 2007, agotado el mismo día que salió a la calle] y Book of Fragments [Calcuta, India, 1993] (traducción de su Libro de los fragmentos [Buenos Aires, 1988]). De sus libros de crítica sobresalen: Ideología y retórica: las prosas de guerra de Miguel Hernández(México, 1988) y Aproximaciones a la literatura dominicana. 2 volúmenes (Santo Domingo, 2008 y 2009).

La Editorial Ma�cho (Villahermosa, México) editó en 2009 el CD Jerarquías con una selección antológica de su poesía. Ha participado en festivales internacionales de poesía en México, Medellín (Colombia), Cuba, Recife (Brasil), Salamanca (España), Esmirna (Turquía), Granada (Nicaragua) y Caracas (Venezuela), entre otros países. En 2011 recibió el Premio Internacional Trieste de Poesía por el conjunto de su obra poética y en 2012 el Premio Mihai Eminescu de Rumanía.


Poemas de Rei Berroa



UTILIDADES DE LA RISA

Desde ques mar el agua,
desde ques tiempo el ahora
y desde ques también vida el sueño
con sus verticales coordenadas
de llanto y de ternura,
sus horizontales herramientas
de alivio y de dolor,
de lo real amarilleando
entre lo espeso y lo fluido,

la risa

ha puesto sus huevos en la arena
movediza de la lengua,
estruendosa se dispara por los huecos
bien abiertos de la boca y el gaznate,
arruga las esquinas de los ojos, los obliga
a prestarle atención al desahogo,
se hincha imprevisible en los carrillos,
en las narices del barro en el que estamos contenidos,
nos libera de la ira y del espasmo de la hora
y nos saca de los miedos en que quieren que vivamos
los que ostentan el poder y lo blanden
ante el ojo del votante o parroquiano.

Aunque dure solamente
unos minúsculos segundos destilados
a esta frágil existencia que parece interminable,
la conciencia de la risa
fortalece las paredes en que habita nuestro pulso,
nos ablanda el nervio adolorido de la angustia,
las terribles soledades que sufrimos a veces sin saberlo,
le quita máscaras al río crecido del orgullo,
nos descuajaringa, corta la ceguera irreductible
que marchita la flor del loto en la laguna
y a su modo nos lima sutilmente a los humanos,
todas las aristas del cuerpo y de la idea,
del tiempo y de las mañas que maneja cuando pasa.

Antídoto que limpia de inmundicias las arterias de la vida,
la etapa de la risa es señal inconfundible
de que es el hombre, no los hados o el omnipotente,
quien fabrica los telares de su propia humanidad.

Por ello, no hay que fiarse nunca de los dioses
que no quieren o no saben o no pueden reír o sonreír
aunque sólo sea un breve instante iluminado.



EL íNDICE DEL CIEGO
Para Louis Braille, visionnaire

Como si toda la realidad no fuera
nada más que puntos en relieve,
el índice del ciego es un ojo
que, tocando las simas de lo ignoto, se acomoda
y está a sus anchas en la cima del saber.

El ojo del ciego es un índice
que va de lo tangible no vivido
a lo intangible ya intuido y descifrable,
haciendo de sus dedos instrumentos
que le llevan al gozo de aprender.

Es un bastón el índice del ciego
que golpea los valores de la bolsa en el oído
e inventa en las finanzas del buen juicio
imposibles inversiones hasta entonces ignoradas
por la ciencia, el alquimista o quien se lance hacia el azar.

Compañero inseparable del pulgar gracioso,
el índice del ciego es una física posible
que discierne con la punta de la lengua
qué hace la mano en el papel o qué es el tiempo,
qué hace el humano al querer o cómo se enamora.

Es una lengua el índice del ciego
que con sólo seis puntos cotidianos
irriga en sus papilas las vocales,
más de veinte consonantes y el almario
de todas las palabras con que armamos el vivir.

Al girar con el pulgar la página del día
buscando alivio en la sutura de la hora,
el índice del ciego, a veces anular, a veces medio,
se desliza por los impuros filos del alfabeto alado,
abriendo puertas con las llaves de su luz.

Son tan sólo seis irrelevantes estaciones
que clavan sus puntas geométricas en el ojo
táctil del leyente y 60 y pico veces se combinan
para darle al invidente la esperanza, la delicia
de hacer el mundo y sus relieves a su imagen y color.

Sueña el índice del ciego que es un ojo
y que todo, si está escrito,
lo puede introducir en su memoria digital.


BAILA ARAñA QUE EN EL LABERINTO ESPERA

Enmarañado mar el de la araña
que hila, huele y hala su donaire
y es dueña de su tela y su talante tierno,
de su espeso salivero
y su desnudo nudo hexagonado,
labio que labra la casa del destino
en donde habita el minotauro,
monstruo que devora el mismo centro de los años.

Bailaba Ariadna desnuda a la entrada del palacio
cuando vio venir entre el grupo de aquel año
al joven Teseo y quiso poseerlo.
Le ofreció una espada con el signo de la muerte
y la llave del regreso le entregó
atándole la punta de un ovillo
a la punta debajo del ombligo
para poderlo controlar mejor y a su manera.

Esperó paciente la araña al otro lado
del abierto muro
hasta que regresó Teseo herido
arrastrando la cabeza ensangrentada.
Ariadna entonces atrapó el cuerpo del muchacho,
devorándolo como una mosca imbele
en la trampa de las cuerdas que había tejido.

Para poder vivir
hay que saber tejer
y luego hay que esperar,
esperar todos los minutos
que requiera el visitante.


EN BLANCO Y NEGRO

Ya no está Dios en los colores de la tele.

Cambiándole sus sexuales orientaciones,
con lo divino se han quedado los políticos
y algunas viejas escuelas horoscópicas
que atan los vejámenes del día
con sus dioses de baraja o pacotilla.
Siguen los pobres aferrados al Mesías
que aliviará, quién sabe dónde o menos cuándo,
las infinitas adversidades
que otros dioses en batola
les rociaron de soslayo.

En los templos se burlan de Dios los que predican,
haciendo de él o de Ella una humilde
servidora del talego, de acuciados
intereses que jamás revelarán al feligrés
o a los recaudadores de impuestos del Estado.

De repente en el tímpano del hombre
cae un rayo que estremece su fémur invencible
y entonces se hace Dios enunciación voraz
en la lengua, el ojo, el gesto despojado.

Afortunada o desafortunadamente
ya no aparece en la tele y sus colores
y anda desorientada su figura
paseándose por las ondas de la radio,
por los bosques o en los polos,
buscando la compaña inevitable
de la hormiga o de la oveja,
de la foca o las termitas,
del zorrillo, de la cebra, del pingüino,
en cuyas formas de ébano y marfil
se encuentra Dios en su asamblea,
pues ahora sólo existe en blanco y negro
y es una masa inmaterial de ficción descolorida.


PROMETE O LLEGA REALMENTE A CREAR
EL MUNDO CON SUS PROPIAS MANOS


. . . Y se te pasa en el horno
la masa que has dejado en cocimiento,
de donde pensaste sacarle provecho
a ese barro o esa harina que mezclabas
haciendo con ella figuras que serían
pan para el consumo de los que aprecian
tu función en la tahona de los sueños.

Pero luego, ya horneadas,
al querer acariciarlas con tus manos al querer
consumir tú mismo el producto de tus quimeras,
no pudiste advertir que ese toque
era, en verdad, caricia hacia la vida, impulso
que a todas hacía vitales, respirosas
y ellas se iban corriendo de ti
buscando escaparse de alguna manera,
de tu ley liberosa, igualante, fraternada.


ADáN ATRAPADO EN UNA NUEZ

Esta es la garganta del humano,
con ella ríe y con ella se alimenta
o mantiene libre de deshechos
el imprescindible orificio por donde emite las palabras.

Adán ha quedado reducido ahora
a la insignificancia de un monosilábico sonido,
sorprendido en medio de ella y sin embargo . . .
Sigue el hombre abrazado a los amigos,
y lucha con ellos cada día
buscando amaneceres, despertares
que se le queden atrapados en sus pupilas,
en los dolores asumidos al cruzar husos horarios,
en el polvo que levanta con los pies y sus zancadas.

Monstruos nos persiguen que quieren arrancarnos esa nuez,
arrebatarnos la verdad que se humedece en la garganta,
despojarnos de los sueños que evocamos
en las ingles polvorientas,
en la ausencia del amor reconvenido,
en la palabra de todos siempre remojada,
paradigma que tenemos que vivir
prisionera, amordazada,
a pesar de haber nacido en nosotros
el verbo y las ideas libremente,
beso que se planta en la saliva del sentido,
hasta hacer de nosotros nuevamente
una hoja de metal que parte el tiempo en dos mitades
y las guarda para siempre en las bodegas del recuerdo,
hasta aquel día no lejano en que todo,
hasta su nombre se le olvide.


ESTIGIA

Ese lugar que usted busca no es
ni casa, ni lago ni río, ni es hombre o estatua,
ni un cacao caído del cielo ni es arce ni ceiba:
sólo un sueño fugaz en el ojo perdido
de algún parque central en medio la ciudad.

Pero como usted ha mencionado ciertas guerras
y los muertos contados uno a uno
por las calles, en los campos o en la intimidad,
debe saber que hay una barca todavía
que nos lleva al otro lado del lago sin dolor.


NO LE PARECE APROPIADO AL PARECER
EL MOTE DE SEGUNDóN QUE LE HAN COLGADO


Todos me han tenido siempre de segundo.
Sus intenciones claramente definidas,
me han mirado cuando menos de reojo,
sospechando de mí no sé qué cosas
-"engañan las apariencias," dicen-
y me ponen en la lista de lo prescindible,
como si el vestido, el rostro, los modales,
sólo fueran ocasiones de un minuto
y el resto de la hora hubiera que entregárselo
a mi némesis, el Ser,
que nunca tuvo que hacer nada
para llegar a ser el hijo predilecto
del humano y sus asombros
(al menos así me lo parece).

Hubo sí ocasión fugaz,
débil esperanza de mi medro
-si hubieran visto qué alboroto
en el mundo desvirtuado de lo que aparenta-
cuando logró por fin Descartes señalar
-perdonen el empaque dieciochesco-
que el oficio del pensar mayéutico
estuviera por encima del Ser estático
o de la inanidad del Estar,
envés de su moneda.

Pensé yo entonces que el partero
de esta modernidad que desde entonces nos apremia,
amigo de reinas, algo galileante, y por ello
sospechado del romano tribunal, daría
otro salto en el método de examinar las apariencias,
haciendo vital la instancia de la idea
de que lo que aparece
puede también ser si yo lo pienso.

Pero el pobre se murió de frío relativo
en una cama nada cogitante de Estocolmo
y yo he tenido que seguir aquí de segundón,
acostumbrado a los axiomas
de la fe, de la filosofía, y deseando vivamente
que un músico quizás,
tal vez algún poeta del índico o el Caribe,
me ponga en mi lugar, mejor,
espero, del que aquí me asigna Rei Berroa,
me saque oportunamente
de este estado segundino
del que estoy ya bien cansado
y me eleve a la condición
que me tengo, creo yo, bien merecida,
después de tanta espera.


CAPITAL DEL MIEDO

Sería bueno que no olvidaran los humanos del XXI
que después de los tres días angustiosos de septiembre
que sufrió Manhattan,
ha vivido Bagdad víctima del miedo
tres mil trescientos treinta y tres días
con sus horas, sus minutos y segundos,
con medio millón de ataúdes
esperando su turno justiciero, y con la muerte
genocida sembrada para siempre
en las entrañas de la vida, la cual
se les quedó por hacer irremediablemente.

¿A quién le tocará,
¡a quién
le tocará
regar mil y una vez
las cenizas de todos esos sueños!?


QUé HACER CON UN EGUITO
RECIENTEMENTE ADQUIRIDO EN EL MERCADO


Es un eguito conveniente de segunda mano
que, pujando, he logrado comprar
muy barato en el mercado.

Tuve mucha suerte
pues hoy día los que podían
habérmelo quizás arrebatado
pujan en la Red por cosas
de mucho menos monto
y aumentan sus ofertas en sumas
cada vez menos sumarias.

Ellos ni siquiera se toman la molestia
de quitarse el pijama al esclarecer la hora,
pues quieren cañerías como la del agua,
la del gas o sus desechos,
como el hilo que les trae
la voz de sus amigos al oído
o la imagen del vacío ante los ojos,
que les lleve a la casa y les sirva el café
caliente, con leche desnatada
abriendo simplemente una llave
instalada en la cocina de la casa.

Yo, en cambio, me tiro de un golpe de la cama
en donde el amor a veces, pocas veces ya,
debo confesarlo resignado,
me entrega sus campanas.
Sin preocuparme demasiado de si luzco
débil, pobre o descuidado,
camino con mi eguito a cuestas
de la casa al mercadillo,
saludo a mis congéneres,
que sé no han tenido la ocasión
de lavarse bien las manos,
les huelo el mal aliento de los vivos,
descubro que tienen ojeras como sacos
de tanto desearse mejor suerte
y regreso a casa a preparar
el capítulo que me toca de mi historia,
seguro de que nada será como aparece
en los libros que hoy estudian
mis hijos en la escuela.


DE CONCUBINADO SUEñO CITADINO

Este es un lugar lleno de ruidos,
pero la mayor parte de la gente, como sus deseos,
está tranquila en cada etapa del vivir y no lo nota.

La ciudad, sin embargo, trajina al otro lado,
y dentro de muchos de estos mortales,
ignora las señales de carga y descarga
que necesita su corazón para cumplir condena.

El resto dilata la mañana
bajo sábanas que no le pertenecen,
suma encuentros, les resta los minutos
y abrevia la noche cuando abre
de par en par su torso alado
como ventanas generosas que dejan penetrar
toda la luz que quepa en la pupila del deseo.

A lo lejos suena el mar y a los amantes
les queda todo ese cielo azul que se han imaginado
para acallar el ruido de la luz cuando nos saca tempestuosa
del concubinado sueño citadino de la noche que nos hemos inventado.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net