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Publicado: Domingo, 07 de julio de 2013

León Félix Batista


León Félix Batista (Santo Domingo, República Dominicana, 1964), ha publicado seis libros de poesía: El Oscuro Semejante (1989), Negro Eterno (1997), Vicio (1999), Burdel Nirvana (2001, Premio Nacional de Poesía "Casa de Teatro"), Mosaico Fluido (2006, Premio Nacional de Poesía "Emilio Prud Homme") y Pseudolibro (2008, Premio Nacional de Poesía "Universidad Central del Este"). Existen varias ediciones de algunos de estos libros: Se borra si es leído, poesía 1989-99 (2000); Crónico -segunda edición de Vicio- (Tsé-Tsé, BsAs, 2000); Prosa del que está en la esfera (Tsé-Tsé, BsAs, 2006, Universidad Autónoma de Santo Domingo, 2007); Inflamable (La Propia, Montevideo, 2009), Delirium semen (Aldus, México, 2010), Caducidad (Amargord, Madrid, 2011) y Sin textos no hay paradiso (Gamar Editores, Colombia, 2012).


Está incluido en más de una decena de antologías de poesía publicadas en diversos países, entre ellas Zur Dos (última poesía latinoamericana, Bartleby, Madrid, 2005), Jardín de Camaleones (la poesía neobarroca en América Latina, Iluminuras, Brasil, 2005) y Cuerpo Plural (antología de la poesía hispanoamericana contemporánea, Pretextos, Valencia, 2010). En 2003 se publicó en Brasil la antología español-portugués Prosa do que está na esfera. Ha sido parcialmente traducido al inglés, sueco, alemán, italiano e indi.

Fue director de la editorial "Cantus Firmus" en Nueva York, donde vivió 18 años e hizo estudios académicos en Mercy College y Maestría por la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Poemas de León Félix Batista



Abecedarium




A
anal. (adj., zool., del lat. anus) Procuro franquear su régimen de ser, otorgándole estatuto de liturgia. Mi culto es específico, más alto que la muerte, dominando las demás epifanías. Doble estrato riguroso para darle por ahí, con el fósil dilatando todo el diámetro: se asomará la sima y el torrente jubiloso de sus contracorrientes. Al bajar la corvadura de intervalos de prodigios me aproxima a los espejos de expresar su circunstancia. Asedios a la esfera, ligerezas de la sonda: de más leves hundimientos brotará la subversión. Bajo un código de fe, macerando amaneceres de sus luces gaseosas.
angelical. (adj., del lat. angelus, y este del gr. ???e???, mensajero) Recupero bien el rostro, contumaz en sus manchones, pero más su construcción rudimental. Miradas amarillas tramando red de alambres para frenar mi raudo corazón contranatura. Uno queda en nudo, solo, militando en lo confuso, hasta rehacer los hechos: a la radio fragorosa (proscribiendo el inconciente) se le vio extenderse a todo: licuefaciendo sillas, volviendo masas voces. Oscura luz pillaba, con rudo desbalance, su mazo ya curtido bajo atavío caqui, dos párpados hundidos pintados densamente y haciéndola más hembra con escándalos de plata. Los ácidos regresan en las índoles etéreas de gestos de su mano tomados del común que, vueltos sobre el sino, pero en vórtice de flor, fermentan bajo tierra.
aprendiz. (adj., m. y f., del lat. apprehendere) Oleosas las falanges (designadas a abscribirme) aparentan divergir, mas lo cierto es que atenazan. Así de raro el aire exagerado que me envuelve: caracol adelgazado y entre garras de palmípedo. Es el próspero despliegue, circular y proceloso, que vindica y perpetúa todas las profundidades. Y, febril por lo fusible, también se envuelve el labio, describe escalamientos desasido de la base y apostándose en la cúpula: no estoy en el contexto. Para mí no habrá templanza, renuevos de amapolas, a partir de este disturbio. Me basta procurar no ser el pasto nulo, sin fibra, de esas fiebres.
axilas. (f., pl., del lat. axilla) Acorralo por las costas, bajo sagaz cotejo, la película de babas, celosías infecciosas. Los sentidos son mucosas en un vidrio embalsamado, recayendo en la epidermis secreciones. Es que el órgano vadea los contornos que perturban, cuando se volatiliza entre los visos de las venas: los periplos vigorosos ramifican, aberrantes, pero espesos de emulsiones que erupcionan. Incansables las elipsis, los desiertos sucesivos: los espacios estragados hasta el ras.



B
bizarro. (adj., del it. bizarro, iracundo) Se ven algunos brotes. Parece que hay escarcha. Acceso de las carnes por el extrañamiento. La vista necesita (sacándose las nieblas) fijar, tejer sentidos: realidad exagerada. El mismo filo débil de sol que los desuella va haciéndose notorio en su constancia, les da razón de albur y derrotero y forma, pellejo correoso sin sujeto que exaltar. El desperdigamiento, las conexiones libres, en favor de una armonía degradada. Registro paranoico que -en dispersión perpetua- multiplica todos sus antecedentes. Volverán de nuevo al humo regresiones infinitas o en el tedio de un futuro previsible, pero austral.
braguitas. (f., del celtolat. braca, ú. m. en pl.) Los hilvanes en los montes ramifican ricamente. La pirámide reclama su respiro por un páramo, porque en su transpiración sacarosa hay asechanza, suscitada por el eco y calistenias de galope. Las sienes no descansan cuando ejercen la censura sobre el cráneo traspasando turbulencias. Y la conexión no es clara, pero engendro de un esquizo (que cunde cuando llena con más sed su circunstancia).
brutal. (adj., del lat. brutalis) Desarticular un nudo por redefinir el ego, los fragmentos que no han sido formulados en un todo. Dar al busto y a los brazos cuadratura duradera, como ofidios que yo mismo formulé. Cuántas siegas minuciosas de charquitos en reposo, y entre estrías de moluscos, de terrenos bajo un manto. Sólo excavas, raspas, roes, el tapete minucioso y supliciado de la carne -el que te victimará, drenará, dará declive.



C
carnal. (adj., del lat. carnalis) Demencia entre los cuerpos de sablazos de luz negra. Bailamos una escena de safari de un tapiz. Rudo ruido de metales, tenaz entre las cuerdas, sobreviene por encima, cuando instala en los cerebros la vacancia de su espacio. En el drama la mudez, purgación sustituida por un acero raudo, sucesivo y contundente. Frente a mí su cabellera, la morfina de un estuario, repetibles sus arcadas contra los desfiladeros. Tantos arcos inauditos y despliegues de una elipse, mutaciones en zigzag a las que no sé dar réplica. La violenta anatomía y el alcohólico estupor descalabran ambas sienes. Sólo el vértigo es (entonces) sostenible.
colegialas. (adj. f. pl., del lat. collegialis) Predispuesto a la emisión que su timbre animará, bajo el galpón, inerme, aspiro a no que escampe sino a que se encarnice con tronidos caudalosos. Caminan y deslumbran (lábil red en movimiento) a la vez que desbordando: como un arco en la fisión de este muslo con el otro, los goznes y costuras, dulces vafos. Al aire medias malva, recóndita rasilla, charoles que fermentan con chispazos. Allá los subproductos de sus exudaciones, detritus de una axila, con címbalos por labios. Las vierte el campanazo, parvada sin solaz: burbujas al estanque sumando mi inmersión. Cuadriláteros plisados, que vela el uniforme, como cuanto me demuele: bicho único que ve. Y la hidra del deseo que se enrosca con prudencia, no imagina ya qué asir. Garfio tan rudimental.
condón. (m., del apellido de su inventor, el inglés Condom) Escribo en crudo, así, episodios a editar, de pronto con engastes, serpientes en suspenso y légamos que extienden su eficacia. Tan vano es el montaje que aromas se abren paso por esta cornucopia de calor. Texturas satinadas, deliciosamente frías, se adhieren con ventosas a toda cavidad. Y salta, granuloso, lo críptico a volumen, transpira en la penumbra su furor por superficie.
cuatro. (adj., del lat. quattuor) Derrape de cuadrúpedo: me da una esfera en dos. Las flores del vestido ceñido a tres dobleces sobre el cabo de la raquis: crepúsculo de perros. Será mi gran velamen, convexo por mi empuje: cavernas que balbucen oráculos eléctricos. Volcado en pleno el músculo -de todas cavidades-, con garfios las muñecas, induce alternativas. Sujeto sin historia, disuelto entre sus pifias y falso oficio escénico: no quiere no ser yo. Aunque se dispusiera para amalgamarse en uno cuando el péndulo le dé su madreperla.
cuero. (m., del lat. corium) Derrame intermitente por círculos acuosos, como transpiraciones del ribazo climatérico: tejido que, nublado, replica imponderables, los reinos de aberturas turbadoras. Después se contradice y (en una esfera exacta) perpetra el almanaque: lo puede hacer brotar. Pero las percepciones -parece- no progresan ni habrá desplazamiento del humo entre las cosas. Lo que sostiene al ego, la pura piel voluble, discurso del vestido y asilo en su fisura: desde su núcleo espléndido el ángulo del tronco bajando se bifurca -para delimitar. Vendrá la oscuridad de cuervo en cuervo, carnosidad que ensancha al cataclismo.

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