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Publicado: Viernes, 12 de julio de 2013

Hernán Bravo Varela


Hernán Bravo Varela (Ciudad de México, 1979). Poeta, ensayista y traductor. Ha traducido La balada de la cárcel de Reading, de Oscar Wilde (2000; prólogo de José Emilio Pacheco) y, junto con Marco Antonio Campos, El hombre redivivo (2001), poesía reunida del poeta quebequense Gaston Miron. Ha publicado los libros de poemas Oficios de ciega pertenencia (1999), Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino; 2ª. edición, 2004) y Comunión (2002).


Junto con Ernesto Lumbreras realizó El manantial latente (2002), muestra de poesía joven mexicana. Fue becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA, en el área de poesía, y de la Fundación para las Letras Mexicanas, en el área de ensayo. Letrista de la banda sonora de la película Frida (2002), ganadora del Óscar. Actualmente es el Encargado de Prensa de la Casa del Poeta Ramón López Velarde en Ciudad de México.



Poemas de Hernán Bravo Varela



POÉTICA

“Eras la piedra,
aunque me parecías
llamar como una boca:
seguidilla
tu círculo cerrado,
aparición del agua
que te gritaba esposa.
Sin ser guijarra,
te creí encinta.
A pleno sol,
entre palomas
que salen al campo,
la piedra —tú—
había estado sola,
solamente.
Fácil el día en que el cielo
sea azul
(decirlo, decir algo)
con levantar el vuelo
de la vista.
Quien camina tu ruta
debajo de la nieve
no ve claro;
el silencio que bate
cardinal,
sin centro, todavía.
El alma de lo dicho
no es un pájaro.
Apenas frío, busco
tu dicha, enmudecer.
¿Cómo llegar a ti
sino callando?
Pero si dirigiera
mis pasos a tu inicio
dejándote de hablar,
me mentiría.
Quiero decir ahora,
destemplado,
el bosque al que me invierno.
En la nevada tanta
se hizo noche,
oscura la blancura.
Parvaba alrededor,
de blanco, como nieve.
Adidía.”


VEINTICUATRO

…y esa vela velándote
la demasiada sombra
para verte,
tendida ahí,
en un aparte níveo.
Indecididos,
indeterminados,
no sé si el corazón,
corazonada,
o si exterior bodega,
como suele
pasar al dividir
la noche sobre dos.
Memoria mía,
están por apagarse
los pabilos posibles,
y esa muerte
va de pedir
a despedir
—se nos agotan olas
para romper con eso
que solía
hundirse en una trama—;
de cortar a cortar
por el camino
más largo hacia la sombra
en lo que vuelves
de no volverme a ti;
va de clavarse
a desclavarse,
y esa vela
te aluza muellemente
los ojos del dormir,
y el 24 en puerta,
el cuarto 24,
a las afueras
de cuanto nos fantasma,
no sabe ser un día
después
ni sus contadas horas.*
*José Alfredo Jiménez, “Las ciudades”.


FABLILLA
A Amalia Bautista

HACE ya mucho frío,
en un reino lejano
a quien, por tu cesura,
viene y versa
un ayer en plural
-pasado el tiempo-,
vivía la música
al margen del oído.
En tu patio
de dulces disyuntivas
-el manto
de hierba o la corola,
peras o manzanas-,
donde un alcázar
interior te diera
alcance,
ya queda sólo
la sordina inmensa.
Ventanales abiertos
y círculos (no sé)
cerraron
como si, más o menos,
dos que tres goznes fueran
gozo mío.
Érase un azulejo
que no jugó a trinar
con fuego. O sea, a dúo
junto al fénix,
por dos montes (de veras)
y un canto por camino.
De noche,
movidos por el cielo
del amor
que se pone en Oriente,
tuvimos una fe
de lirios y astromelias,
un origami
en práctica de vuelo.
Pero en ausencia nuestra,
se calca el desenlace
-colorín...-
de lo que estuvo unido
-...colorado-:
Y el cuento es cierto:
quien te escuchó callar
oyó el invierno.
 

CHILLIDA
A Nicolás Pinkus

ENTRE que fue
para nosotros tanta
la puerta que se nos
habría de haber
abierto encima, estamos
aquí en medio,
llegados. Ven,
que no se cierra el aire
a sostenerse en pie,
a dar con una casa
donde sobre el espacio
para mover las cosas
del lugar que ocupaba
su vacío;
para quitar los ojos
de la llave
que abría el agua
en dos, los que quedamos
desviviéndonos
por llegar a salir.
Consistiera el quehacer
en no tapar el sol
con la palabra
que tuvo a bien
darnos en sombras
su acero sin forjar,
la voz de su incendiarse.
Ayer,
no movimos un dedo:
el alabastro estaba,
el peine que peinaba,
ese camino
de volver
a tomar el camino.
Ahora
que se le hace de noche
al mundo y a la puerta,
pasa de largo, estate
tú también,
como una aldaba. Pasa.


RESACA
A Washington Cucurto

“En cuanto a ti, el desierto.
Suelta la música,
ábrete la carencia,
dolor, la duna franca;
cansado de pensar
lo húmedo y lo seco,
separados;
la playa o la creación
y tu cabeza.
¿No escuchas
las reverberaciones,
la bilis en el blanco
por obra de la luz
o de su espectro
que no alcanzas
porque lo de la abuela
no se toca?
Pues sí, lo que parece
un vómito
común, tu soledumbre,
su nana por la noche
del lavabo
—así de blanca y doble
tu desaparición,
así
de inútilmente puros
cráneo y hemisferios
que a fuerza de pensar
te brillan fuera—,
tan sólo fue
tu propio llamamiento.
En cuanto a ti,
que confundes
escala y escalera,
lo único
posible es el comienzo.”


HISTORIA NATURAL
"...blocks of blackness..."
H. Melville
Para Marisol Robles

Una espalda repentina, una sombra en
las ramas del árbol se confunde con sus
nidos. Juega la mano a que cruce el
viento por sus surcos, amarras de noche
en ausencia del velero. No el subra-
yado con que tu dedo índice acentúa el
aire, linde para ciegos entre una hoja y
otra, entre temblor y giro; no el asom-
bro de unas ruinas levantándose en lo
oscuro, la columna donde la transparen-
cia se permite la labor de una gresca sin
testigos.

.....El blanco aquí, en espera de la
flecha. Allá, las voces centro y pálpito,
punto de partida de tu reciente mirada.

.....Dime qué ves en la suposición
del árbol. Un sauce muestra cabellos
que se agitan desordenados ante su din-
tel que reverdece; el pino, un yelmo
triangular de luz que asciende para
nombrar al cielo "tierra firme".

....Secuoya, olmo, tule: árbol a secas,
sin vocales. Cinco colores se desaperci-
bidos mientras ves nacer una raíz, crecer
un tronco, morir un follaje como dicha
que busca la flor del eco que se abre.

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net