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Publicado: Miércoles, 17 de julio de 2013

Columbrando en el aporte que hace Jorge Sanjinés


Llegue al poblado de Totora cuando estaba de fiesta por sus 137 años de creación como municipio y me puse a meditar en la lozana y pintoresca estampa barroca del pueblo, que pese al terremoto registrado aquella media noche del 22 de mayo de 1998 continúa como aquel junco que se dobla, pero sigue en pie y porque sus moradores y el eco solidario de los coterráneos dispersos por todos los confines de esta orbe, le dieron el hombro para restaurarlo y en esa suerte de capricho existencial, reconstruyeron sus moradas con tejados de arcilla y mampuestos de vasta envergadura en su lugar de siempre. Sus calles angostas y sinuosas nos siguen conduciendo a su plaza de cúpulas y arcos, donde reside la administración pública y la atractiva iglesia recompuesta que continúa cobijando a sus parroquianos.


En estas calles del pueblo, se rodó la película del cineasta Jorge Sanjinés "Insurgentes" como alegoría al levantamiento indígena en las calles de La Paz del siglo 18. Me quedé absorto y silente vagando por estas callejuelas del pueblo y recordé la apología que hizo Sanjinés después de presentar su último trabajo cinematográfico en el Palacio Portales de Cochabamba.

Para Jorge Sanjinés este proceso de luchas a lo largo de las rebeliones indígenas, culmina con la ilusión de un aymara y la asunción en el poder político actual, este periplo de luchas viene de lejos, con más de 220 años de recorrido, para los pueblos indígenas era una lucha por la soberanía perdida y para nuestros días una carencia entre los bolivianos porque primeramente se tuvo que recuperar el respeto a nuestra existencia y sanar los problemas del racismo y el desprecio a los indios, esta hojarasca de elucubraciones no solamente es un problema boliviano, sino también mundial. A las luces de estos tiempos, es inaudito e increíble pensar que el mundo aún no reconoce el aporte de nuestros antepasados a la humanidad, quienes dan crédito a estas aseveraciones son los antropólogos, los especialistas y estudiosos. Al contrario ese manto oscurantista de calumnias coloniales manejó de manera peyorativa y discriminatoria al indio como sinónimo de flojo, sucio e incapaz, sesgando la verdad y ocultando el aporte que nuestra civilización hizo al mundo.

Podemos decir con vehemencia que tres quintas partes de los alimentos que se siembra y se cosecha viene de nuestros antepasados, los incas. El 64 % de los medicamentos que se utiliza en el mundo proviene del conocimiento herbolario y si hablamos de lo tecnológico, aportaron a revolucionar el conocimiento agrario de los cultivos de papa con el método Sukakollu (camellones o canales que produce el fenómeno de nitrogenación) con siete capas distintas de arena fina, de carbón, de greda, de amonio y de tierra con aguas de lluvia donde se puede cosechar en una hectárea de terreno 20 toneladas de papa en lugar de 2 toneladas, es un método de unos mil quinientos años.

En el campo de la medicina, el aporte fue patético, cuando los españoles llegaron a nuestra América se vinieron con una medicina primitiva basada en la brujería, en la alquimia y las sanguijuelas (que se utilizaba para extraer la sangre podrida de las heridas) cuando en el Perú se trepanaba cerebros, en México se amputaban, se hacían operaciones y drenaban la sangre con manguerillas de goma de caucho porque ellos ya manejaban el caucho, ellos sentaron las bases científicas de la medicina moderna, tenían el poder de curación de cinco mil a seis mil plantas para todas las enfermedades que se conocían en este lado del mundo, excepto las que trajeron los españoles que fueron las que diezmaron la población.

En las ciencias políticas lo propio, si nos ubicamos en el tiempo y el espacio la historia oficial nos enseñó que Grecia fue la cuna de la democracia, cuando Sócrates vivía, Atenas bordeaba los 90 mil habitantes y en todo Grecia había 380 mil esclavos. En el siglo 18 los americanos, inmigrantes ingleses, tuvieron contacto con los indios iroqueses y descubrieron que tenían una constitución más avanzada del mundo, porque los principios de libertad, igualdad y confraternidad no eran postulados, sino una práctica cotidiana, esa constitución rechazaba la esclavitud y le daba a la mujer el mismo lugar que al hombre, los norteamericanos que copiaron una buena parte de esa constitución para escribir la propia, no se atrevieron a hacer una constitución avanzada porque conservaron la esclavitud como sinónimo de poder y a la mujer no le reconocieron sus derechos. Esas ideas democráticas que se practicaban cotidianamente influenciaron en Europa.

Se cuenta que en 1721 Jean-Jacques Rousseau asistió entre el público a ver una obra de teatro llamada "El Arlequín Salvaje" en cuyo libreto se narraba el amor de una india con un inmigrante, en la obra estaba implícito los mensajes de libertad, igualdad y confraternidad, se cree que Rousseau salió emocionadísimo del teatro y corrió resuelto a su casa para escribir "El contrato Social".

Cuánto le debe la humanidad a los indios, pero nadie lo conoce, nadie los enseña y eso nos pasa también a nosotros en la sociedad boliviana, vivimos al lado de culturas milenarias que tienen una sabiduría extraordinaria y no solamente la desconocemos sino que las marginamos y estigmatizamos. Pero cuando de pronto viene un proceso político postergado desde hace más de 220 años y lleva al poder a un indio como parte de la sociedad, se enojan porque tienen esa idea preconcebida y mentalizada hasta la médula, de que el indio no está para el poder.

Hoy en día están copando más espacios políticos y como nunca se ve una variopinta identidad. Jorge Sanjinés cuenta que cuando vivió en el altiplano, vio cómo se organizaba y vivía la comunidad aymara y se sorprendió que esa comunidad estaba practicando ideas revolucionarias sin haber leído los clásicos del materialismo, porque cuando Marx habla del comunismo superior, sin estado, sin propiedad privada, habla intrínsecamente del ayllu del mundo aymara, porque el poder está en la comunidad, en la asamblea como base del pueblo, porque no puede firmarse algo si no hay consenso y afecta a la mayoría, esta práctica es revolucionaria, ojalá todos podamos tener esa capacidad de decisión y pudiéramos vivir en igualdad y respeto mutuo, sostiene Sanjinés.

La cosmovisión de la comunidad aymara se basa en el principio de "primero nosotros y después yo" y esta práctica nos cuesta asimilar porque nos colonizaron el alma y nos enseñaron el individualismo como visión. Ese es el contenido de "La Nación Clandestina" y que hoy es "Insurgente".

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