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Publicado: Lunes, 12 de agosto de 2013

Eduardo Llanos

Serie poetas chilenos


Eduardo Llanos Melussa, (Chile, 1956). Es psicólogo y poeta. Ejerce la docencia en Psicología de la Comunicación y de la Creatividad en Santiago. Ha publicado Contradiccionario (Santiago, 1983), obra que consta de tres poemarios: Textos y pretextos, Eros/iones y Pasábamos por aquí. Partes de ese libro habían obtenido el Primer Premio en varios certámenes de poesía: Ariel (1978), Concurso Nacional de Literatura Juvenil (1978), Gabriela Mistral (1979), Juego Florales Semana Valdiviana (1982).


Tiene parcialmente publicado Disidencia en la tierra, libro que (en entregas parciales y participando bajo pseud√ɬ≥nimo) obtuvo el Premio Iberoamericano "Javiera Carrera" (1984), el Premio Latinoamericano "Rub√ɬ©n Dar√ɬ≠o" (Nicaragua, 1988) y el Premio Centenario de Gabriela Mistral (1989). Conserva in√ɬ©dito Como un brasero que se extingue en la llovizna (Premio "Pedro de O√ɬĪa" 1990) y otros poemarios. En 1995 public√ɬ≥ Porque escrib√ɬ≠, antolog√ɬ≠a cr√ɬ≠tica de Enrique Lihn preparada para la Editorial Fondo de Cultura Econ√ɬ≥mica, la cual va ya en su segunda edici√ɬ≥n. Ha publicado adem√ɬ°s pr√ɬ≥logos y estudios sobre Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Jorge Teillier, entre otros, y mantiene parcialmente in√ɬ©dito un largo ensayo sobre los poetas suicidas de Am√ɬ©rica Latina. En el a√ɬĪo 2003 aparece Antolog√ɬ≠a presunta, publicada por el Fondo de Cultura Econ√ɬ≥mica.



POEMAS DE EDUARDO LLANOS



ACLARACIóN PRELIMINAR
Si ser poeta significa poner cara de ensue√ɬĪo,
perpetrar recitales a vista y paciencia del p√ɬļblico indefenso,
infligirle poemas al crep√ɬļsculo y a los ojos de una amiga
de quien deseamos no precisamente sus ojos;
si ser poeta significa allegarse a mecenas de conducta sexual dudosa,
tomar t√ɬ© con galletas junto a se√ɬĪoras relativamente deseables todav√ɬ≠a
y pontificar ante ellas sobre el amor y la paz
sin sentir ni el amor ni la paz en la caverna del pecho;
si ser poeta significa arrogarse una misión superior,
mendigar elogios a críticos que en el fondo se aborrece,
coludirse con los jurados en cada concurso,
suplicar la inclusión en revistas y antologías del momento,
entonces, entonces, no quisiera ser poeta.
Pero si ser poeta significa sudar y defecar como todos los mortales,
contradecirse y remorderse, debatirse entre el cielo y la tierra,
escuchar no tanto a los dem√ɬ°s poetas como a los transe√ɬļntes an√ɬ≥nimos,
no tanto a los lingüistas cuanto a los analfabetos de precioso coraz√ɬ≥n;
si ser poeta obliga a enterarse de que un Juan violó a su madre y a su propio hijo
y que luego lloró terriblemente sobre el Evangelio de San Juan, su remoto tocayo,
entonces, bueno, podría ser poeta
y agregar alg√ɬļn suspiro a esta neblina.

JORGE LUIS BORGES EN EL SALóN DE HONOR DE
LA UNIVERSIDAD DE CHILE

Con el atraso de rigor, nuestro hombre llega guiado por elegantes lazarillos.
La concurrencia estalla en aplausos que ensordecen.
Un profesor tartamudea solemnemente un discurso
y el homenajeado escucha con enternecedora paciencia.
Despu√ɬ©s lo conducen al p√ɬļlpito, y √ɬ©l inicia por fin su Clase Magistral.
Sus ojos ciegos chocan contra el techo
y de su boca salen palabras, alondras enlutadas, friolentas,
que se despluman sobrevolando el abismo de la literatura.
Entonces uno descubre que a pesar de los focos y de los micrófonos
y a pesar también de la imprudencia de los camarógrafos,
él permanece ajeno a todo lo que no sea el infinito al que sus ojos tienden,
tras vencer la dureza del cielorraso.
Y no hallar√ɬ° refugio en las estrellas, pues ahora y aqu√ɬ≠ la √ɬļnica estrella es √ɬ©l.
Oscuros ratones de biblioteca, nosotros acudimos a su luz,
recluyéndolo en un cepo de conferencias, hoteles y entrevistas.
Desde su soledad invadida por cacat√ɬļas internacionales
y monos sabios especialistas en preguntas que se responden solas,
él comprende que es apenas un pretexto para que nosotros nos creamos cultos.
De ahí la coraza de sus respuestas -acaso más ingeniosas que profundas-,
de ahí el desencanto en su voz, su falsa o verdadera modestia
de abuelo triste, triste y demasiado l√ɬļcido
como para tomarnos en serio.

PARTO CON DOLOR
Bien, acepto tu reto, retórico soneto,
y me meto en tu celda de catorce barrotes
donde las rimas silban como aquellos azotes
que un abuelo ce√ɬĪudo descarga sobre el nieto.
Me someto al dictado de ese viejo son neto
cuyos ecos evocan torturas con garrotes
y entrechoques de grillos que exhaustos galeotes
arrastran como pena por faltarte el respeto.
Tras tus rejas practico, tenaz, esta esgrima
y afilo en tu faja mi mellada navaja
para tajar el verso si en tu caja no encaja.
Con esta áspera rima a manera de lima
(que me arroja en un ojo la herrumbre del cerrojo),
me desenjaulo y parto, tuerto, tullido y cojo.

AMAPOLA MARINA
Ahora que fulguras desnuda en la penumbra
y me roza el murmullo de tu busto vibrante,
ahora que tus muslos son dos auriculares
latiendo en mis o√ɬ≠dos como r√ɬ≠os de m√ɬļsica;
ahora que en mis sienes siento dos mordeduras
y tu aliento me deja en la frente un tatuaje,
ahora que tu blusa y tu falda flameante
hieren mi mano ardiente como al diente la fruta:
deshojada ya yaces, amapola marina.
Pescador capturado, encallado velero,
yo también yazgo ahora en tu arena amarilla.
En silencio contemplo el templo de tu cuerpo,
me afano y me afino de oído y de tacto
y oigo bajo tu piel un canto gregoriano.

MEDIANOCHE
Yo no sé qué amo al ingresar a ti
mordiendo el nudo ciego que hacemos cada noche.
Acaso haya otro en mí que se me oculta
y te busca para prolongarse
y esto que llamo amor
no sea más que una campana oxidada,
√ɬ°vida de ta√ɬĪer en no importa cu√ɬ°l o√ɬ≠do.
Pero cuando te acercas tan suave y desnuda
y me rescatas de esta nube mental, de estas dudas in√ɬļtiles,
ya no me importa ser o no ser amado,
sino aprender a amarte.

LAS MUCHACHAS SENCILLAS
Las muchachas sencillas
dudan que el mundo sea un balneario
para lograr bronceados excitantes
y exhibirse como carne en la parrilla
de una hostería al aire libre.
Las muchachas sencillas
no cultivan el arte de reptar hacia la fama
ni confunden a las personas con pelda√ɬĪos
ni practican ocios ni negocios
ni firman con el trasero contratos millonarios.
Las muchachas sencillas
estudian en liceos con goteras,
trabajan en industrias y oficinas,
reh√ɬļyen las rodillas del gerente,
hacen el amor con Luis González
en hoteles, en carpas, en cerros, en lugares sencillos.
Las muchachas sencillas
se convierten en madres, en esposas sencillas,
luchan largos a√ɬĪos como sin darse cuenta,
llenándose de canas, de várices y nietos.
Y cuando abandonan este mundo
dejan por todo recuerdo sus miradas
en fotos arrugadas y sencillas.

A LOS COMPA√ɬĪEROS DE UNA GENERACI√ɬ≥N PRESUNTA
Colegas, cohabitantes de la misma caleta, malabaristas
del mismo circo pobre en que hoy yo desnudo mi rostro:
afinemos y afilemos este idioma
para el poeta que vendrá
y que será más grande que nosotros
-nosotros los que extraviamos el camino a cada rato,
los que escribimos en vitrina sin siquiera darnos cuenta-.
Trabajemos, hermanos, por el poeta que vendrá,
dignifiquemos este oficio
que también es más grande que nosotros.

TESTAMENTO DEL PATER FAMILIAS
Yo, Anastasio Rencoret Iriarte, natural de aqueste reyno de Chile,
hijo lejítimo del mui mucho amor de entrambos mis santos padres,
estando enfermo en cama de la enfermedad que Dios nuestro Se√ɬĪor
se ha servido en darme,
i creyendo como firmemente creo en el Alto i Divino Misterio
de la Santísima Trinidad i Padre e hijo i Espíritu Santo,
tres personas distintas i un solo Dios verdadero,
i en todos los demás misterios i artículos de fe que tiene, cree y confiesa
nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana,
bajo cuya fe i creencia he vivido i espero vivir i morir,
temiéndome ahora de la muerte, que es natural a toda humana criatura,
envío mi alma al cielo, de donde me fue dada,
i el cuerpo a la tierra, donde fue criado,
i vengo en testar mis bienes, modest√ɬ≠simos comparados con el reyno de Dios, nuestro Amo i Se√ɬĪor.
A ti, primogénito mío, traspaso los yacimientos de oro i plata,
i encomiéndote brindar trabajo a los menesterosos mineros
i a la vez dar ocasión a sus mujeres i proles
para que así puedan cumplir el mandato divino de ganar cada uno su pan con el sudor de la frente.
Mas cuida, hijo, no holgarte mui a menudo con las mozas,
ni menos con una sola, pues siempre se ceba quien se amanceba.
A ti, hija querida, l√ɬ©gote las tres vi√ɬĪas del Sur,
no sea que te sorprenda sin dote la edad de merecer.
A ti, fiel i dócil esposa, dejo aquesta hacienda entera, incluyendo animales, inquilinos i el polvo de mis huesos.
Por √ɬļltimo, queden a mi contador i albacea todos mis pa√ɬĪuelos i polainas
i esa Biblia empastada en que cada noche yo nutría mi fervor
i cuya lectura le ense√ɬĪar√ɬ° a no codiciar bienes ajenos
i s√ɬ≠ a juntar tesoros en el cielo, de donde le ser√ɬ° dado por a√ɬĪadidura lo dem√ɬ°s.
Os encarezco observancia estricta a las reglas que siempre prediqué i practiqué.
para as√ɬ≠ allegar m√ɬ°s honor a nuestra estirpe i a nuestro Padre Com√ɬļn,
a cuya diestra os esperaré, enternecido i anhelante.

MALVERSACIONES DE FONDOS Y FORMAS EN HOMENAJE A JACQUES PRéVERT
Un boxeador impresionista y un crítico federado
un balance de toros y una corrida de bancos
un alza de las musas y un susurro de los precios
una actriz en expansi√ɬ≥n y una financiera que sobreact√ɬļa
una biblia deportiva y una delegación en latín
una misa universo y una miss de réquiem
una muchacha en escoba y una bruja en bikini
una papa con resfrío y una tos con mayonesa
un asado ecuménico y un concilio a las brasas
una aldea de luto y una viuda recién inaugurada
un baile de elección y un gobierno de disfraces
un juzgado teatral y una obra de menor cuantía
un curso para torturadores y un interrogatorio de perfeccionamiento
un abogado que pesta√ɬĪea y un inocente que pierde
un sumario con santos en la corte y un asesino secreto
un libro interruptus y un coitus prologado
una cámara de ideas y un intercambio de gases
un cabo suelto y un subalterno ahorcado
un juez haciendo una huelga de hambre y un reo la vista gorda
un ministro se autofinancia y un estudiante controla la inflación
un fallo de canciones y un festival de penas capitales
diez promesas despedidas y diez mil obreras no cumplidas
unos poemas malversados y unos fondos bien escritos
y un camarógrafo apuntando a once futbolistas
mientras once fusileros enfocan a un poeta.

EXPIRACIóN
Esta es una grabación
que se autodestruirá
un d√ɬ≠a en que su √ɬļltimo verso
se acalle con el gran estallido.
Esta es una grabación,
la idea fija de alguien en cuyo cerebro
se enmara√ɬĪaban en nudos ciegos los cables de √ɬļltima hora
y los versículos del Apocalipsis.
Esta es una grabación
que √ɬ©l escribi√ɬ≥ con su pen√ɬļltima hilacha de neuronas,
con el √ɬļltimo cuajar√ɬ≥n que pudo desgajar de su pecho
poco antes de tumbarse en el planeta calcinado.
Esta es una grabación,
una historia que se repite, se repite y se repite,
mientras los √ɬļltimos sordos discuten estrategias
y se lavan las manos con lágrimas de viudas.
Esta es una grabación,
pero dentro de poco será polvo en el polvo,
ecos de una oración para que los cielos se abran
y se oiga al fin el rumor del universo, ese √ɬļnico verso
......................... sin principio ni fin.

A UN CRíTICO QUE SE DA AIRES DE CENSOR
√ā¬ŅQuieres saber qu√ɬ© pasa con tus cr√ɬ≥nicas
cuando usas de abanicos nuestros libros?
Doblamos bien el diario del domingo
y después... lo usamos de matamoscas.

RENOVACIóN DEL ESTADO DE PELIGRO DE LA PAZ INTERIOR
Las metáforas y demás expresiones emitidas aquí
no representan necesariamente el estilo del hablante lírico.
Los versos presentes son de exclusiva responsabilidad
de cierto pulso alborotado, de cierto ahogo
producido por bombas lacrimógenas y balas
que unos policías dispararon al aire, al aire, a ese aire
que iba huyendo hacia los pulmones de un cesante a√ɬļn no identificado,
al aire, al rumor que un poblador estaba propagando en su garganta
y que fue oportunamente desmentido por el plomo patriótico.
Los versos presentes no guardan el debido respeto
a los abnegados guardianes de la paz y del orden
tan peligrosamente amenazados por aquella estudiante
a quien se sugirió continuar su protesta en el más allá,
con los sesos salpicados en las paredes de su casa.
Estos poemas no representan el dolor de las viudas, el sollozo
entrecortado de aquellos hu√ɬ©rfanos de costillas transl√ɬļcidas,
las llamas de una choza incendiada en la noche
mientras sus ocupantes so√ɬĪaban con un plato de arroz
..................... o una sopa caliente.
Este poema está tergiversado: se inclina
descaradamente en favor de los caídos
y no refleja ni la menor serenidad de espíritu.
De seguro su autor lo escribió mientras volaba bajo, demasiado bajo,
como ave carro√ɬĪera
.....................sin más perspectiva
.............................que la fosa com√ɬļn.



DESAPARICIóN DE RODRIGO LIRA

"Alg√ɬļn d√ɬ≠a se sabr√ɬ°
que hicimos nuestro oficio el más oscuro de todos
o que intentamos hacerlo
Algunos ejemplares de nuestra especie
reducidos a unas cuantas se√ɬĪales
de lo que fue la vida en estos tiempos
darán que hablar en un lenguaje todavía inmanejable
Las profecías me asquean y no puedo decir más."
(Enrique Lihn: La musiquilla de las pobres esferas, 1969.)


Para despedirme de ti, Rodrigo,
me asomo a esta hoja en blanco
en que tu rostro aparece de repente
como un expósito tiritando a la intemperie.
Qué hemos de hacer sin ti, Rodrigo,
sin esas cartas que nadie jamás te respondió,
sin aquella sonrisa desolada
que ni diez mil psicoterapias cambiarían.
Con qué norte vagar ahora por Santiago,
con quién beberemos el café que nos dejaste
sin az√ɬļcar y helado como este vientecillo
con que la noche va tatuándose en nosotros.
Que me patee Dios, hermano,
si estoy haciendo retórica con tu nombre
así como la prensa hizo crónica roja
con tus venas cortadas en el ba√ɬĪo.
Te escribo este adiós
con las manos chamuscadas y torcidas.
No siento ni mi cuerpo ni mi sangre.
Mi cabeza quedó dando tumbos allá en el crematorio.
Alguien viene horadando nuestras gargantas hace tiempo.
Pero no importa.
Nosotros quedaremos en silencio
para que tu voz
haga vibrar entera esta ciudad.

ENRIQUE LIHN ENTRA Y SALE DE LA PIEZA OSCURA
Ahí va, sentado junto a la ventanilla de un tren inexistente
que cruza en cámara lenta los andenes del recuerdo.
Ahí va, rumbo a la estación definitiva
donde lo esperan los poetas de otros tiempos, como
a un hermano menor que se internó en el bosque del lenguaje
y terminó convertido en guardabosque,
ebrio de oxígeno, ese otro modo de asfixiarse.
No levitó sobre la geografía de América
ni descubri√ɬ≥ alg√ɬļn nuevo elemento qu√ɬ≠mico o alqu√ɬ≠mico,
mientras practicaba ese equilibrio inestable de la tinta y la sangre,
golpeándose la frente contra un muro de incomprensión,
como un adolescente que enciende su primer cigarrillo en medio del temporal
con la vaga esperanza de iniciar un incendio,
pero que termina inventando un nuevo c√ɬ≥digo de se√ɬĪales de humo.
No aduló ni anuló a sus interlocutores;
polemizó de frente, sobre todo con él mismo,
y resultaba contuso, pero rara vez confuso, menos todavía
cuando había que jugársela por la liberación creadora
sin por ello convertirse en faro o en faraón de este desierto.
Más bien fue farero o alfarero de esta isla de arcilla,
sin otra obsesión que dar forma a una sombra que huye en las tinieblas,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Al fin andará liviano por los aires,
integrando el jurado del Premio Nobel Póstumo
o haciendo una novela-comic con los dioses del Olimpo como protagonistas
o deambulando alucinado por los museos cinerámicos del Paraíso
o pidiendo consejos a Freud y a Fourier
para evadir la condena de ser un Sísifo
que eternamente
.... resbala
........ . y resbala
............ . . por el monte
............ ........ . . de Venus,
igual que una semilla que reinicia el ciclo entre el cielo y el suelo
o como esos charcos de agua pantanosa,
agua, agua, Enrique, agua que ma√ɬĪana ser√ɬ° lluvia,
tembladerales donde serán una sola cosa tus lágrimas de cocodrilo
y los reflejos de las estrellas más inextinguibles.

TELEGRAMA A RUBéN DARíO
En la laguna de nuestra memoria
aparece el cuello interrogante de tu cisne.
Y henos aquí, sin saber responder,
jugando cada cual a ser un patito feo
que chapotea en el barro americano
y salpica uno por uno a los vecinos.
Perdona, abuelo Rubén, si no hicimos lo que pudimos:
aquí y ahora ser poeta
es como haber nacido
canoso o lisiado
y nuestra poesía es apenas
un rubor a solas,
algo así como lanzar brochazos en la noche
para pintar consignas libertarias
en el muro del patio de la propia casa,
sin contar siquiera con la ayuda de la famosa luna.

SUPLEMENTERO
Te encontramos de madrugada
vendiendo periódicos por un dinero miserable.
Nos remuerden, nos zumban las verdades que aullaste,
esas que ning√ɬļn soci√ɬ≥logo sabe ni sabr√ɬ°.
En nuestros ojos son vidrio molido tus harapos, tu tajo en la cara,
tu √ɬļnico diente, tus cincuenta a√ɬĪos de implacable agon√ɬ≠a,
los titulares para ti tan espantosamente ajenos:
FAMOSO ACTOR DE T.V. ERA EL ASESINO DE DOCE MUJERES.
EUFORIA EN EL CARNAVAL DE RíO

Porque aquí, a la salida del Mercado, bajo tu nariz,
hay hombres desayunando desperdicios en los tachos basureros,
sin que las bellas en bikini de la fotocolor lo imaginen siquiera.
Y nosotros mismos quedamos aturdidos frente a tus ojos,
tus ojos que preguntan cuál, cuál borracho delirante hizo el mundo.

VERDADERO-FALSO TESTIMONIO
Hombres ranas venideros que buceen en algunas
lagunas mentales de críticos y antólogos de estos días perdidos
en el polvo y el ruido de milenios que chocan: créanme
si digo que nunca usé la poesía como garrocha
para batir el record mundial del salto o del asalto cualitativo
ni tomé a los colegas por colchonetas que amortiguarían mi caída
ni me erigí en cometa ni en aerolito
ni orbité en el cielorraso de nuestro Parnaso prefabricado
ni adulé a burócratas ni a burrócratas encargados
de accionar las catapultas sobre los tinglados culturales
ni maquiné enroques entre la Torre de Babel y la Torre de Marfil
ni tend√ɬ≠ puentes levadizos ni cav√ɬ© t√ɬļneles secretos
para traficar alegremente entre el museo y el supermercado
ni limosneé patrocinios entre hombres de empresa o de pre$a
ni cultivé el arte de sentarse entre dos sillas mascando a dos carrillos
ni me arrodillé ante los pontífices de la estética estática y estítica
ni rogué que me dispensaran sus aguas bautismales
ni ofrecí mi boca de alcancía para recibir sus hostias narcotizantes
ni practiqué la picaresca de hacerme hospedar en sus conventos
para reptar de noche hasta las despensas
y embriagarme con sus vinos a√ɬĪejados desde la Edad Media.
No evité polemizar con los capitanes de la intelligentsia
mientras patrullaban nuestras revistas y exposiciones
y nos escup√ɬ≠an en franc√ɬ©s alg√ɬļn consejo para dejarnos al d√ɬ≠a
con la √ɬļltima moda de Europa o Nueva York.
No confundí el análisis semiológico con el análisis semilógico
ni construí mis poemas como puzzles para dos o tres profesores
que pasaron por la universidad sin que la universidad pasara por ellos
y que terminaron doctor√ɬ°ndose en alg√ɬļn caf√ɬ© cercano a La Sorbonne.
No confundí la alambrada histórica con la alumbrada histérica
ni a los hombres de letras con los hombres de palabra.
Ni creí en los abismos con que la prensa separaba a preferidos y preteridos
ni lanc√ɬ© salvavidas de plomo sobre las cabezas de mis compa√ɬĪeros de naufragio
ni supuse que la Vía Láctea fuera una nodriza
contratada por el Padre Cósmico para mi amamantamiento.
......... Pero es cierto también que ahora, al balbucear
......... y bucear en mis propias lagunas mentales,
me sorprendo in fraganti a mí mismo proclamando
ideales libertarios en un tono impositivo, igual
......... que un almirante jubilado que se desga√ɬĪita
......... arengando a una tripulación inexistente,
poniéndome y sacándome y poniéndome de nuevo
......... la máscara del desenmascarador.
Así que ya no sé quién soy ni quién no soy
y prefiero interrumpir aquí este verdadero-falso testimonio.
De: Disidencia en la tierra

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