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Publicado: Viernes, 23 de enero de 2004

Con César Terán de Radio Andina (3)

Permisos y carnet de identidad falsos


- Los chicos de la radio me llaman y me dicen que hay una mujer chilena en el hospital de Huddinge que tiene problemas. Según ella, la estan tratando de manera injusta y quiere hacer una denuncia. Eran cerca de la cuatro de la tarde.
Llamo al hospital pero no la puedo ubicar. Voy entonces para allá y por ella me entero que le habian hecho un aborto. Y el problema era que no la dejaban salir de alli. Ella queria irse a su casa pero le decian que no, que alguien tenia que pagar la cuenta. La mujer chilena se empecinaba en que no tenia porqué pagar lo que le exigian, pues – según ella – tenia todos sus documentos en orden y legales. ¡No; usted no está registrada en ninguna parte! Y ella, sin entender nada. Y no la dejaban salir.

Le pregunto entonces que qué pasaba y me cuenta que le exigian que pagara 11.000 coronas en vez de las 250 que le cobran a cualquier persona que viva legalmente en Suecia.
Según una enfermera, tenia que pagar esa suma pues su nombre no lo encontraban en ningún registro. Le pido a la chilena su carnet de identidad sueco y veo que es completamente legal. Comprobamos una vez más con la computadora y nada aparecía.
Me fijo entonces que una cifra de su número personal estaba errada: el año era correcto, el mes era correcto, pero el día en lugar de ser desde el 1 al 31, era 63 ó 91 o algo asi. ¡Aquí está la falla! ¿Qué día nacistes? Le pregunto y me dice que un diecinueve. Percibi entonces que había algo raro.

La mujer estaba desesperada pero no contaba nada y me decía que estaba legal en el país. Le pregunto que como habia obtenido ese carnet, porque habia una falla y entonces me dice que lo habia comprado en la estación del metro de Skärholmen! Le pido que se tranquilice, pago la cuenta del hospital con una tarjeta mia y la saco de alli.

Ella estaba muy triste por muchas razones: Primero; habia perdido a su hijo en el aborto. Segundo; el padre del hijo la habia dejado. Tercero; se da cuenta que el permiso de trabajo que tiene no le servía para nada. Cuarto; se endeudó conmigo. Y lo único que quería era irse a Chile. Yo le digo entonces, que es importante que me cuente lo que habia pasado porque quizás como el caso suyo, hay muchos más.

Nos fuimos a una pizzeria aqui cerca de la radio, comimos algo y me contó todo. Había pagado quince mil coronas por el permiso de trabajo. Me describe al tipo que se lo habia vendido y me vuelve a decir que lo único que quiere es irse a Chile. ¡Teniamos entonces, que ayudarla en eso!

En ese tiempo, nosotros le haciamos publicidad a una empresa que vendia pasajes y que no nos habia pagado desde hacian varios meses. Llamé a esa agencia y les propuse condonar la deuda a cambio de un pasaje a Chile. Aceptaron y la mujer viajó, pero nos dejó con la deuda. Esto fue un poco antes del verano.

En el verano vino la "Copa Fittja" y como yo soy entrenador del Rapa-Nui, estaba todos los días alli. Un día escucho que en ese mismo recinto se vendían permisos falsos! ¡En la cancha! Y me empecé a dar cuenta que el río traia muchas piedras. ¡Aqui hay algo, algo que no encaja!

Yo me fui de vacaciones y cuando volví a la radio, empezaron a aparecer personas que nos contaban que habian pagado por un permiso y que todavía no lo recibían y que qué podían hacer? Querian además ubicar a una persona que se habia hecho humo y la describían.

¡O sea, eso confirmaba que existía venta de permisos de trabajo! Pero lo que no estaba confirmado era si esos permisos eran legales o no. Yo razoné asi: si los permisos hubiesen sido legales no me habria interesado. No es que yo fomente la corrupción, pero yo prefiero el bienestar de un latinoamericano.
Entonces, en ese sentido, yo hice lo salomónico cuando vi que la cosa era grande. Contácto a Migraciones y les pregunto cuales son las reglas para obtener un permiso de trabajo. Concerté una cita con ellos, vinieron tres personas y me dieron toda la información necesaria.

En ese momento, mi sueño era poderles demostrar que habian permisos que estaban siendo vendidos por Migraciones. Pero, cuando llevo la conversación para ese lado me dicen que "ya lo sabemos y eso no tiene nada que ver con nosotros. Ya lo hemos detectado."
¿Pero, porqué no hacen algo? les pregunto yo. Y me responden que ese es un problema de la policía. En Migraciones no se venden permisos y adios. ¡Y nos dejaron la pelota a nosotros!
Yo empecé a notar que ya venía un éxodo desde latinoamerica. De Chile, de Argentina, de Bolivia, de Venezuela. Nosotros hemos detectado dos mil quinientos setenta y dos permisos vendidos, pero por lo menos circulan unos cinco mil.

- ¡O séa que esto es algo muy bien organizado!
- Si. Pero hasta por ahi. Y aqui viene lo interesante de esta investigación.
Como Migraciones me habia dicho que esto era un caso policial, pues voy a la policía y pido que se investigue este asunto. ¡Y yo todavía pensaba que se trataba de corrupción!
La policía me dice que no tiene recursos y nos deja en el aire. ¿Pero, cual era la verdad? Estas personas que tenian permisos falsos, cada vez que peleaban en fiestas o subian al metro sin pagar, eran controlados por la policia que no solamente miraba sus cédulas de identidades sino que tambien las comparaba con la computadora central y cuando detectaban que eran falsas, hacia lo más fácil: expulsarlos del país. Lo correcto es que en un caso asi tienes derecho a un abogado, tienes derecho a un juicio y luego de la sentencia viene la condena, que puede ser de tres meses en la cárcel o multas y después la expulsión. Pero como todo eso es un costo, optaban por lo más practico: ¡fuera!
Pero mientras tanto, los mafiosos seguían generando y generando. A mi me molestó esa actitud de la policia.

- ¿Tú estás enterado de quién está tras todo esto? Esta es una historia completa! (risas…)

- ¡Pero bueno! Para ese entonces yo no tenia la tarjeta de periodista. Es decir, no podia pedir conferencia de prensa. No podia obligar, no podia poner el micrófono. ¡Nada de eso! Empecé entonces a conseguirme la tarjeta de periodista y la conseguí.

Luego me fui a la Oficina Central de la policia y pedi hablar con el jefe de informaciones y pedi una respuesta oficial sobre todo esto.
Una policia mujer – Margareta – me dice que ellos no saben nada al respecto y que es lamentable si se está expulsando de esa manera a esa gente, pero que en esos momentos ellos no tienen los recursos necesarios para investigar y que espera que esto se pare, que esos delincuentes no se sigan aprovechando de la gente pobre. Entonces yo le dije:
"Mira Margareta, ¡tú nos estas obligando a que nosotros hagamos la investigación!" A lo cual ella me dice que no me meta en eso, que es muy peligroso. Le digo entonces que este es el trabajo de ellos. Que yo pago impuestos como todos los que trabajan y que tienen la obligación de investigar.

Por mientras la pirámide de delincuencia en esto crecía y los precios aumentaban. Decidimos entonces tomar el toro por las astas: ¡nosotros nos encargamos de hacer la investigación periodistica!
Comenzamos a trabajar con tres teléfonos y grabaciones clandestinas. Yo llamaba al último "pinche" - el de más abajo - y le decía que necesitaba un permiso. ¡Todas esas grabaciones las tenemos guardadas! Ellos me llamaban y yo todo lo grababa. Y cuando los hacia reconocer que estaban vendiendo permisos, yo cambiaba mi rol y me presentaba como César Terán, de Radio Andina.

"¿Cómo es posible que hagas esto?" les decia, y se enojaban y todo eso. Y cuando me cortaban el celular los llamaba a sus casas y se asustaban.
Lamentablemente tuve que recurrir al chantaje: "o te denuncio o me dices quién está detrás de todo esto" y entonces me decian quien era el próximo en esa pirámide. Llamabamos al siguiente, grababamos de la misma manera y asi fuimos escalando. Son casi diecinueve horas de grabaciones telefónicas que tenemos.

¡Bueno! Teniamos un camino ahi y ya habiamos encontrado las hébras de la pirámide y todas tenian que conducir a un mismo lado. ¡Esa era la idea!
Pero lo más gravitante, fue un caso con un chileno. El estaba más o menos al medio de esa pirámide y no era más que un distribuidor. Lo llamo y le digo que estoy interesado en un permiso. Me pregunta que quien me habia dado su teléfono, porque el solamente le vendía a ciertas personas. Le respondo que tal y cual y me responde que no quiere hablar por esa via y concertamos una cita.

Mi temor era que me reconociera por eso del futbol. ¡Pero igual habia que jugársela!
Quedamos de juntarnos en VÃ¥rby GÃ¥rd y en una tienda cercána instalamos unas cámaras con micrófonos escondidos. Me encuentro con él. El tipo no me reconoce y me pide ocho mil coronas por el permiso. Le pregunto que qué garantías tengo y me responde enojado que si quiero, bien y si no … ¡se va! ¡Pero espera! ¡Espera Pancho! (asi se llamaba) le digo utilizando un español de ese que usan los campesinos netamente indígenas. ¡Qué por favor! ¡Que tengo familia, mi mujer, mi hermano, que tal y cual! Y él, muy arrogante. Le entrego las ocho mil coronas, le pido un recibo y enfurecido, me lo niega. Mientras tanto ¡todo se estaba filmando!

Me pidió mi pasaporte y yo le di una fotocopia de un pasaporte que yo habia manipulado. Es decir, con otro nombre pero con una foto mia.
Esperamos durante dos semanas con las grabadoras listas, hasta que llamó un día avisándome que el permiso ya estaba listo.
- "¿Vas a invitar a algo?" me dice. " Vas a invitar a comer?". Le digo que si y nos encontramos en el mismo lugar. ¡Perfecto!

Instalamos tres cámaras, me encuentro con él y me pasa el permiso en un sobre oficial de la Oficina de Migraciones.
Teóricamente yo no entendía nada de lo que alli estaba escrito pues se suponía que yo no sabía el idioma. Ahi estaba mi nuevo nombre y el número de "mi" pasaporte.
Pero yo tenia que seguir jugando. Le doy las gracias y me informa que el permiso no es suficiente: con ese tienes que obtener tu número personal y luego la cédula de identidad. Y ese es otro proceso.
- " ¿Pero entoces, qué hago ahora con ésto?", le pregunto. Me responde que primero tengo que ir a la Oficina de Impuestos Internos.
- "¡Pero, cómo lo hago si yo no entiendo nada!", le insisto. Me dice entonces que él me puede acompañar, pero que eso me cuesta quinientas coronas.
- "Tienes que llevar además un certificado de trabajo de alguna empresa. Yo te puedo conseguir uno, pero te cuesta mil coronas."

Pasan un par de días y nos vamos a Impuestos Internos en Huddinge. El me ayuda a llenar unos formularios y me doy cuenta que no sabía mucho sueco. Concluí entonces que no llevaba muchos años en Suecia. Pero, "por suerte" esos formularios estan también en español y no habia más que poner unas equis por aqui y otras por allá.
Me dice que el número personal me llegará a la casa y efectivamente al cabo de unos cuantos días, me llega por correo con el nuevo nombre que ahora tenia.

- ¿O sea que todo esto funciona!?
¡Si! ¡Funciona, funciona!
Voy entonces al correo acompañado por él. Esta vez fuimos a Hallunda y en las afueras de esa oficina, montámos nuevamente unas cámaras.

(Un teléfono suena por algún lado y César excusándose, nos pregunta si podemos interrumpir la entrevista por un rato. Le aseguramos que no hay inconvenientes y aprovechamos esa pausa para recapacitar un poco sobre lo que estamos escuchando. ¡Vaya historia!)

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