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Publicado: Miércoles, 13 de noviembre de 2013

La fuente inagotable de Willy Claure


Al igual que ese imaginario Valhalla, sublime limbo de la mitología nórdica reservado a los buenos guerreros del dios Odín, existe un edén florido sin necesidad de transitar el enigmático trance postrero o cruzar el umbral de la parca, doy fe de que existe un jardín terrenal de eterna primavera que embelesa los sentidos y repara las dolencias del alma, un lugarcito sosegado y reservado en armonía con la naturaleza. Ahí en ese vergel encantado, asediado por los ríos San Mateo y Espíritu Santo, a escasa distancia del pueblo de don "Pilunchi", un pionero y auténtico Arcadio Buendía de estas fértiles tierras, en este paraíso terrenal, conocí a mis mejores amigos y en sempiternas tertulias junto al aleteo de los guácharos nocturnos, hablábamos de utopías y quimeras.

Willy Claure

En este mismo refugio solariego junto al frondoso árbol de siete copas y de las balsámicas cucardas, conocí a un singular concertista que hacía llorar a su guitarra con la destreza de sus manos y en aquella velada junto a ese concierto natural de la biosfera le cantamos a la luna, a las espigadas valquirias nórdicas y a las ninfas de Jaime Saenz con ese aderezo musical de la cueca boliviana No le digas. Este amigo de las manos mágicas con el cual compartimos este fortuito e inolvidable encuentro era Willy Claure autor junto a Jesús Durán de la musicalización de esta preciosa poesía en la novela "Felipe Delgado".

"Si te encuentras con la Ninfa
No le digas que he llorado
Dile que en los ríos
Me viste lavando oro para su cofre
Si te encuentras con la Trini
No le digas que he sufrido
Dile que en los campos
Me viste buscando lirios para sus trenzas

Si te pregunta la Flora
Acordándose de mí
No le digas que me has visto, no le digas que la quiero
En un rincón del olvido no le digas que la espero".


(Felipe Delgado de Jaime Saenz, pag.33 Editorial Plural)

José Wilfredo Claure Hidalgo más conocido como Willy Claure nació en Cochabamba el 12 de octubre de 1962, es uno de los consagrados artistas bolivianos que dio el país, nació con el don del arte musical. A la tierna edad de la adolescencia sintió ese singular y mágico encanto hacia la música folclórica boliviana, revelándose así que esas diestras manos habían sido creadas para deslizarse por las fibras íntimas de la guitarra algo así como un amor a primera vista y desde entonces el embrujo fue eterno y la tuvo siempre a su lado entregándole los mejores arpegios al arte. Conformó agrupaciones musicales de renombre como el grupo Khanata, posteriormente su guitarra acompañaba a la sonora voz de Emma Junaru, de José-Joselo y Marcelo, fue componente del inolvidable grupo Los Jairas y compartió los escenarios junto al charanguista William Ernesto Centellas. Su insaciable amor al arte musical le condujo a seguir instaurando más novedades musicales dentro y fuera de nuestras fronteras junto a los grupos de Jacha Marka, Savia Nueva y Ruphay.

Esta fuente inagotable de creatividad, alberga en sus registros importantes composiciones y partituras como el libro editado "28 piezas musicales para guitarra "con la adaptación y transcripción musical del cubano Gerardo Pérez Capdevilla.

Willy Claure es un compositor por excelencia y autor de la innovadora y nueva forma de interpretar nuestra cueca boliviana, trabajo importante que fue presentado en concierto junto a un puñado de notables guitarristas bolivianos y se resume en su obra fonográfica "Alternativa".

Pero más allá de su monumental obra y del periplo cultural que ya había recorrido, queda grabada en mi retina aquel mágico encuentro del 27 de septiembre del 2007, en aquella estampa de la jungla boliviana adornada de las más exóticas flores silvestres junto a esas empinadas y gallardas palmeras. Su guitarra interpretaba a raudales los sentimientos nobles que albergaba y nos permitió conocer de cerca esa faceta humana preñada de mucha modestia y talento. Comprendí que la inspiración sabe mejor cuando se vive y se palma el entorno, como ese sentimiento singular que se siente cuando exuda la tierra, cuando percibes sus olores y cuando descubres que hay más tonalidades de colores de las que conocemos, percepciones que no se las puede registrar en su justa dimensión si no se cohabita en ella.

Su guitarra sabía de los amores contrariados, le cantamos al unísono a "Alfonsina", le dimos "Gracias a la vida" a Violeta Parra por su circunstancial visita en aquella peña Naira de la ciudad de La Paz allá por los 60 cuando conoció a su "gringo bandolero" el suizo Gilbert Favré. Le cantamos a "ese fueguito muerto de frio" de nuestra entrañable Matilde Cazasola y nos quedamos suspendidos con el embrujo de su canto cuando interpretó de su propia composición la cueca "Cantarina" dedicada a todas las "misk`isimis" (bocas dulces en romance quechua) y cuyo trabajo está registrado en la película de Antonio Eguino, basada en la novela de Adolfo Costa Du Rels "Los andes no creen en dios", cueca que canta Joaquín (el actor beniano Milton Cortez) con la guitarra en la mano a la Claudina (la hermosa Carla Ortiz).

"Desde que me vi en tus ojos
voy de desvelo en desvelo
con la ilusión de que un día
puedas llevarme a tu cielo.

Por besar tus labios rojos
por ser parte de tu aliento
dejaría todo, todo
porque vengas a mi encuentro"


(Fragmento de la cueca "Cantarina" de Willy Claure)

Willy Claure está ahí en el cofre de los buenos recuerdos, en ese néctar de aquel elixir prodigioso de la buena vendimia que humildemente compartimos, está ahí en el bisbiseo de los manantiales, en el arrullo de la amazonia y en el donaire de la cueca.

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