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Publicado: Viernes, 20 de diciembre de 2013

Un reencuentro con los músicos en tiempos de paz


Por: Ernesto Joaniquina Hidalgo.

En la Casa del Pueblo más conocido como la Gobernación de Cochabamba, el miércoles 18 de diciembre del 2013 se llevó a cabo el reconocimiento de nuestros artistas de la música nacional, un reencuentro con los trovadores y vates del pueblo que interpretan en sus notas musicales los sentimientos más nobles y nos invitan a sentir el ritmo cadencioso de nuestra música nacional. En acto protocolar recibieron sus reconocimientos a la ardua labor artística y un simbólico canastón navideño para la noche buena.


En este remanso de paz, de músicos reunidos en el hall de la Gobernación, estuvo presente Celima Torrico en representación del Gobierno Autónomo Departamental de Cochabamba, mujer de pollera que viste orgullosa su atuendo en estos tiempos de cambio, se contó con la presencia del Oficial Mayor de Culturas del Gobierno Municipal Ubaldo Romero, estuvo presente Arturo Conde presidente de la Sociedad Boliviana de Autores y Compositores de Música (SOBODAYCOM) y su vicepresidente el consagrado músico orureño Yuri Ortuño, en la testera igualmente se hallaba el cantautor Raúl Ibarnegaray.

Fue una mañana de cúmulos encapotados pero de un cálido ambiente festivo en el corazón de los músicos, un reencuentro henchido de sentimientos que se las sentía a raudales y difícil de evitar una lágrima discreta por la emoción del reconocimiento a la labor artística de nuestros intérpretes. Ramillete de artistas consagrados como Boni Alberto Terán, Dexter Pérez aún convaleciente por su crítica salud, el chaqueño Yayo Cuellar, Alfredo Coca, Alejandro Cámara, Julio Rodríguez Barrios, Betty Veizaga, Basilio Vargas Rios, Ricardo Parra Jiménez, Sabino Orozco, Sinforeano Jiménez Pinto, Edgar Rojas Casazola y Jorge Antonio Alvarado Benavides entre muchos otros artistas presentes.

Si Heráclito enunciara que nadie bajaba al río dos veces, porque las gotas se suceden, es porque el tiempo es implacable con los mortales, este reencuentro con artistas y compositores bolivianos fue un cofre de sorpresas, porque entre los presentes a este acto de tributo a los artistas, se encontraba Ruffo Zurita, integrante del conocido grupo Pukaj Wayra invitado a esta ceremonia, se le sentía sirueño como siempre, pero con un perfil cansino, pues el tiempo que pasa a galope de caballo, había dejado su huella indeleble, al verlo, me invocó a tiempos pretéritos cuando le conocí por primera vez en aquella estampa medieval y renacentista de Gamla Stan , la ciudad antigua de Estocolmo, hace más de tres décadas atrás cuando Ruffo, joven por entonces, exponía nuestra música en aquel paraje retirado, muy lejos de nuestra Pachamama, que como premonición a ese encuentro, un año antes, en ese mismo lugar, mientras caminaba por sus angostas y sinuosas callejuelas de aquella vetusta y bella urbe, me topé con una tienda de instrumentos musicales de otras latitudes, en cuya estantería se exhibía junto al Cuatro venezolano y la Balalaica rusa, el singular instrumento de diez cuerdas construido con el caparazón de un escuálido quirquincho, que al sólo verlo, musité al Charango, otro simpático reencuentro en aquel rincón del olvido.

Con Ruffo Zurita y un puñado de compatriotas que llegaban del exilio, conformamos un grupo musical, que después de muchos ensayos nos presentamos en las radios suecas de Estocolmo, aquel charanguito bullanguero que pagué por su cautiverio, nos acompañaba en nuestras coplas y la interpretación de aquella cueca inolvidable "Bandera Roja" de Nilo Soruco que la cantábamos briosamente al unísono en tiempos en que se escuchaban los ruidos de sables en nuestra amada Bolivia.

A nuestros artistas y bardos del pueblo se los debe de reconocer y homenajear en vida y darles el sitial que se merecen, cuando sus perceptibles sentidos están vitales y no cuando la parca se nos adelanta.

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