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Publicado: Martes, 21 de enero de 2014

El mestizaje es parte de la dialéctica


Por: Ernesto Joaniquina Hidalgo

Si tan sólo intentáramos ver a nuestro entorno, estoy seguro que nos reconoceríamos en aquellos a los cuales despreciamos, pues todos absolutamente todos somos parte de ese complejo y variopinto mosaico de la diversidad, todos habitamos bajo un mismo firmamento, un mismo sol y una tierra que nos vio nacer, somos como ese abanico de colores que tiene el arco iris, pues no hay colores estancos ni nada en estado puro y porque las leyes del movimiento en la naturaleza desde el mismo instante en que hubo vida fueron inexorables con el cambio.
La dialéctica como ciencia rompe todas esas elucubraciones y rarezas que la ceguera del hombre ocasiona y conjetura respecto al linaje, al absurdo concepto de la raza pura, de la supremacía de estas, el prejuicio al color de la tez y todas esas desatinadas monomanías que llevamos consigo cuando salta de súbito el desenfreno y brota a flor de piel la discriminación y el racismo, como las tirrias que aún se polarizan entre oriente y occidente y nos conturban el ánimo como la sal en la herida.


Desde aquellos debates de la Junta de Valladolid en 1550-1551 donde cuestionaban si los indígenas de América eran seres humanos con almas y pese haber pasado varias centurias de exterminio y de explotación esta pregunta por demás irracional y reduccionista ha tenido sus gregarios como el entonces historiador y ensayista cuya universidad de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra lleva su nombre, Gabriel René Moreno sostenía con soltura que "los indios eran asnos que sólo generaban mulos cuando se cruzaban con la raza blanca", la misma injuria por el mestizaje la tenía Alcides Arguedas autor de "Pueblo enfermo" (1937), el desprecio a la mezcla racial y su visión jerárquica de las razas fue radicalizándose a lo largo de sus trabajos literarios y cuyos textos eran material pedagógico en los liceos para la formación de los estudiantes en Bolivia. Tiempos de adormecimiento colectivo, de una colonización en mente y alma.
Este ser, de extraña figura para Castilla pero legítimo morador de estas tierras desde que irrumpiera en su mente la cruz y la espada, estuvo predestinado a obedecer y servir como animal de carga en el largo peregrinaje de la mita y el pongeaje, vilipendiado, marginado y catalogado como el paria destinado al último peldaño social de la colonia, más bajo de la plebe a la par del esclavo negro llegado de Guinea, pero pese al sometimiento supo resistir con estoicismo siglos a su suerte, esta nación clandestina de secreto a voces, hilvanaba su cultura solariega y narraba sus historias en onomatopeyas. Las mujeres que perdieron su virginidad y su deshonra por el abuso del patrón y los sacerdotes, las mujeres indígenas fueron pariendo criaturas y así nos fuimos poblando en una suerte de compuesto, muchos escritores tomaron esta temática en su narrativa como "Hijo de opa" de Gaby Vallejo Canedo, premio nacional de novela Erich Guttentag 1976 o como declamara el poeta peruano Nicomedes Santa Cruz: "Las mismas caras latinoamericanas de cualquier punto de América Latina, indoblanquinegros, blanquinegringos y negrindoblancos, rubias bembonas, indios barbudos y negros lacios".
El mestizaje no fue más que el resultado de esta historia que ya todos reconocemos, para el filósofo Heráclito natural de éfeso del siglo V antes de Cristo el fundamento y el meollo de todo, está, en el cambio incesante de la naturaleza y cuya fuente de este movimiento es la lucha de opuestos y lo ilustra con esa célebre frase:"nadie se baña dos veces en el mismo río".
Si bien todo cambia, es porque no hay nada en estado puro, excepto la materia bruta, todo fluye y cambia como cambió ese viejo orden con el advenimiento del Voto Universal en 1952 y la Reforma Agraria un año después dándole la oportunidad de no ser más un ser invisible sino un ser con derechos y obligaciones, aunque sólo haya sido hasta hace poco en las buenas intenciones de las leyes, porque aún subsiste el concepto peyorativo de indio y esto nos cuesta cambiar, ya que permanece de manera escondida y latentes a punto de brotar. Eduardo Galeano no se equivoca en sostener que para cambiar esta realidad se debe de empezar por asumirla: "Este es el problema en América Latina. No podemos verla todavía. Estamos ciegos de nosotros mismos porque estamos entrenados para vernos con ojos de otros. Por ello el espejo nos devuelve una mancha de azogue y nada más que una mancha. (Galeano "Del sueño y la vigilia").
El cantautor argentino Piero años atrás nos cantaba: "Bolivia sangra entre el oriente y el occidente" y tenía razón porque son verdades que aún quedan y nos laceran porque nos cuesta entender que somos diversos y a la vez hijos de una misma historia, que todos tenemos algo en común y que nos falta vernos con los ojos de nuestra conciencia, sólo así ubicaremos la causa y por ende aplacaremos el efecto. Hoy se lucha por democratizar aún más los espacios, para que esas mayorías que siempre estuvieron postergadas también tengan posibilidades de bienestar.
Bolivia no está fraccionada, la que está anquilosada es esa oligarquía reduccionista que caben en los dedos de la mano, porque los demás están repantigados en sus cómodos refugios amparados por los Estados Unidos, lejos y frustrados de no haber logrado el desmembramiento del país, pero no hay que subestimarlos porque siguen tozudamente queriendo dividir esa verdadera unidad en la diversidad, recurriendo a las perennes cruzadas entre hermanos donde el pueblo siempre cuenta sus muertos y en plena batalla uno no sabe quién es quién porque todos nos parecemos y gritamos injurias al indio.
Por estas razones es histórica la conmemoración de este 22 de enero de nuestro Estado Plurinacional de Bolivia, una criatura constitucional que nació con buena salud hace 4 años y se muestra gallarda de unir a los bolivianos y en sus primeros pasos camina resuelta dando ejemplos de desarrollo y progreso.

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