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Publicado: Viernes, 31 de enero de 2014

El poeta Marco Fonz se suicida


Por Héctor Palacio

Un impacto es el suicidio sobre los que quedan vivos. El de un poeta o un verdadero artista, nos produce una abrumadora desolación. Y también acaso una vergüenza ineludible, la de estar vivos todavía. A menos que se haya respondido convenientemente la pregunta esencial propuesta por Camus, ¿vale la vida o no la pena de vivirse?

Marco Fonz

Cuando a los 24 años ingirió Manuel Acuña el cianuro de potasio, causó su muerte un estremecimiento brutal entre el círculo de las letras. Y la autoaniquilación no fue a causa de Rosario, lo ha confirmado su amigo, el poeta Juan de Dios Peza: "Acuña fue víctima del hastío, de la nostalgia moral, de esa enfermedad sin nombre que marchita las flores del alma cuando apenas están en capullo".

Y una valentía y un pesar, son algunos suicidios. Distinto al que se ejecuta por desesperación o enfermedad, la claridad del suicida que va aun contra la natural biológica propulsión de vida, adquiere el intenso tono brillante de la conciencia.

Jorge Cuesta se colgó de unas sábanas a los 38 años en un supuesto acto de locura y en segundo intento. El poeta poco conocido aún, Marco Fonz, acaba de colgarse entre el 22 y 23 de enero (en el transcurso de la noche, quizá), en Viña del Mar, Chile, a los 48 años; todo indica que con plena conciencia.

Conocido más bien entre el círculo de su generación (la muerte le dé acaso el impulso de la "celebridad"), una lectura breve de su poesía habla de la muerte como una constante.

Según las notas periodísticas, llevaba un año de gira por Sudamérica empezando por Ecuador buscando llegar a la Argentina. Chile fue la estación final. Allí presentó el 12 de enero pasado, Infrarrealistas/Poetas, antología de una veintena de éstos comentada por él mismo.

Entre los más célebres de la generación que trató de romper con el stablishment literario de mediados de los setenta en México (y ya lo ha logrado), Roberto Bolaño, chileno muerto prematuramente a los 50 años a causa del hígado. Y su cercano amigo, Mario Santiago Papasquiaro ("Si he de vivir que sea sin timón y en el delirio"; frase atribuida por Bolaño), muerto arrollado en una madrugada en las calles de la ciudad de México a los 44 años.

Un poemario reciente de Fonz, Kocyzs (deja 4 inéditos, dicen las notas), imagina un diálogo entre Jorge Ibarg�engoitia y Manuel Scorza en el último minuto antes del avionazo de Barajas en 1983.

Una revisión de los días finales de su cuenta de Facebook (cuya foto final de portada es un autorretrato de Francisco Goitia, quien pintó "Los ahorcados") lo expresa en una dinámica que va de las referencias a los compromisos profesionales y los comentarios amables, a lo taciturno. Al parecer, incluso, encuentra un nuevo amor; y lo registra.

¿En qué instante se decide la muerte? Misterio. Las notas refieren a una amiga que declara haberle escuchado hace pocos días la idea de quitarse la vida. Desde Ecuador, sin embargo, el 3 de octubre de 2013 bromea y anota que regresará a México después de llegar a La Patagonia. En realidad, es prolífico, tiene proyectos, invitaciones, reconocimiento, "carrera" ascendente.

Y sin embargo, el 22 de enero, una línea: "Que al final estoy tan solo como un verso"; y luego dos canciones:

"Esta como mi última canción: VIVA MéXICO CABRONES Y TODO DESDE LA POETADA VIDA". Se trata de la melancólica "Borrachita de tequila", cantada por Lucha Reyes.

Pero agrega una más como verdadera última (al menos, así expresada incluso con un pequeño descuido ortográfico):

"Y esta sera mi última canción". Subida al YouTube el 23 de noviembre de 2008. Doliente, melancólica, desoladora, "Yo ya me voy a morir a los desiertos". Canto Cardenche del norte de México (Cardencheros Coahuiltecas de la Laguna), bucólico, a varias voces y a capella acompañado con imágenes también desoladoras del Ejido Providencia, de Galeana, Nuevo León (cuando él vivió 20 años en la antípoda, en Chiapas).

¿Curioso?, dentro de la antología presentada en Chile, Roberto Bolaño es el más célebre de la generación Infrarrealista. El novelista-poeta que combatió el stablishment mexicano de la literatura (objetivo compartido por Fonz) valoró a pocos poetas mexicanos mayores, al que más, José Emilio Pacheco, quien muere este 26 de enero a los 74 años. Y Fonz se cuelga días antes en Chile, la tierra de Bolaño. Hay un vínculo entre los tres poetas.

La poesía de Marco Fonz estaba hecha ya; tal vez había expresado todo lo que quería. La muerte la extiende y aviva su lectura. Como conclusión, no añadiré un poema suyo, sino su última canción desde "la poetada vida", como solía decir o anotar.


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