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Publicado: Sábado, 08 de febrero de 2014

Dos escritos inéditos de Hugo Mujica


TSIMTSUM


Hay en nosotros algo que debe llamarse divino y por lo que permanecemos cerca de Dios: el movimiento por el cual nos borramos: el abandono, de lo que creemos ser, retiro fuera de nosotros y fuera de todo.
Maurice Blanchot


I

El génesis bíblico nos dice que Dios creó a partir de la nada, el rabí de Luria, en el siglo XVI, revierte ese decir: Dios crea volviéndose nada.
Descreándose.

El mitograma de Isaac de Luria será la teoría cabalística del Tsimtsum, palabra que deriva del verbo mezamzen, de "retener el aliento".
Aspirar y contener.

Con sencillez comenta el Tijuné Zóhar:

Cuando se piensa que el Santo, bendito sea, es infinito y que todo lo llena, se comprende fácilmente que toda idea de creación hubiera sido imposible sin el Tsimtsum. ¿Cómo podría introducirse agua en un vaso lleno hasta el borde?

Tsimtsum dice entonces: retraimiento, paso atrás.
Exilio de Dios en Dios.
Su retirarse de sí.

Dios, lo totalmente otro, ahora es totalmente otro de sí.


En adelante, la chekhina, la presencia divina, estará en el exilio en sí, exilio de un mundo exiliado de él.

Exilio que nos reúne.
Dos vacíos transparentándose.


II

Desnudez.
Desnudez tajante: no es estar desnudo, es no estar.


III

Al inicio nada, nada que sea como posibilidad del ser.
Misterio que comienza en Dios mismo.
Que se cumple en él.

La omnipresencia de Dios es su ausencia como Dios, como presencia de sí.
Como ausencia en todo lo que es.
Huella y diferencia con todo lo que es.
También con ser.

Su ser es su no estar, su no estar es su crear.
Su hacerse nada para hacerlo todo.

Hay entonces un vacío, pero que no está vacío: no está.
Es donde todo es.


IV

Lo primero que creó dios fue la nada. Creó lo que hasta entonces no había sido él.

En el principio fue el vacío.
El hueco original.

Ni horror vacui ni benedictus vacui.
Vacío creador.

Crear vaciándose.

Es ahora en la nada de dios
donde todo lo que es
deja de ser dios.


V

Shem Tob ben Shem Tob, del círculo Iyún, se pregunta sobre el Creador y su creación para darnos una imagen sorprendente:

¿Cómo produjo y creó el mundo? Como el hombre que retiene la respiración y se restringe a sí mismo, de manera que lo pequeño pueda contener lo grande.

Dios, dicen los cabalistas, es a la vez e indistintamente En-Sof y Ayin, infinito y nada.

El acto de la creación, el soplo inicial, no es una exhalación sino una inhalación.
El creador no está donde todo es.
No estando hace ser todo lo que es. Hace aparecer.

Dios lo llena todo ahuecándose.
Reteniéndose.

En su hueco, en "lo pequeño", en el punto de fuga de su contracción, en su inhalación, respira "lo grande", inhala y exhala la creación.

En su ausencia la presencia.
El paso atrás del creador abre la creación.
Da lugar.

En el principio, entonces, fue el vacío.
Vacío de dios.
Como en el principio de cada uno: el vacío de un vientre, el espacio para nacer.
Vacío del amor.

(Y así, desde ese nunca en adelante, comenzará toda creación.
Renunciará a sí todo creador.)


VI

Los cabalistas proponen un segundo acto sobre el escenario vacío.
Y para él, como en toda representación, debe encenderse la luz.

Desde el retiro de Dios llega un rayo de luz, de energía, a cuya luz se
encenderá el mundo.
Brillará la creación.

La luz penetra el espacio vacío y, gradualmente, jerárquicamente, a medida que se alejan del arjé, del vacío original, infinito inaugural, se concretan materia: diez vasijas que acogen, contienen y derraman esa luz: las sefirot.

De esa luz crece el árbol sefirótico.
árbol de luz.

Luz: huella de un dios que nunca estuvo presente: huella de la ausencia de una ausencia.
De un infinito que no fue tiempo.
Pasos de quien nunca estuvo aquí.

Huella en hueco: resquebrajamiento, hendija.
Nacimiento.


VII

Dios se retira para dejar lugar al hombre, lo divino se nihiliza humanidad.

Dentro del espacio abierto por el retiro de dios, la primera creación: el Adam qadmon, el hombre primordial.

Creado y quebrado.
Parto y partida.

Adam qadmon: hombre primordial, primera imagen de la luz divina.
También de la sombra de toda luz: incapaz de soportar tanta luz el hombre estalla y desde él estalla la creación
los recipientes se quiebran, la quebradura se extiende.

Desmesura del no ser de Dios.

Estallido inicial, ruptura primordial.
Todo se parte, el mundo se inicia: se da a iniciar.
A reparar.


VIII

Y queda el acto final de la perenne tragedia humana: -el tikkun-, la "reparación", la "restauración", la "reintegración"...
El restablecimiento de lo inicial.

Exitus y reditus, salida y regreso.
Salida del origen, alienación y multiplicación, nudo trágico a desatar, y regreso, no ya al uno inicial excluyente de todo lo que no sea él, sino a la unidad recolectada, a lo múltiple congregado.
A la no dualidad.

La creación humana no será ex nihilo, será desde lo ya creado y descreado, desde lo partido.

La creación ahora será humana: será encajar los pedazos.
Simbolizar: unir las mitades.
Erigir lo caído.

El hombre, responsable ahora de la historia, con la luz de su inteligencia deberá buscar la luz en el caos, la comprensión en la oscuridad, la creación en el vacío.

La luz, aunque la mayor parte volvió a su origen, al infinito abismal, algo de ella quedó entre los escombros, pegada a los fragmentos, perdida en los intersticios.
Ya no la luz, la insoportable luz, ahora son chispas: es nuestra dimensión.

Todo está ya atravesado por una fisura, todo respira por su grieta, respira sus posibles y su deseo de luz.
Toda fisura puede ser camino hacia la luz, andadura hacia una chispa del rayo inicial.
Reflejo, imagen o proyección de otra chispa, la de la búsqueda de la propia que hace humana a la humanidad.

Chispas de la inapagable divinidad, señas de las sombras, presencia de la ausencia.
"Cáscaras" o "corteza" que no nos dejan ver.
Esa corteza de todo que debemos rasgar. Esa cáscara que debemos partir.

Crear, como debemos crear al mesías.
Creándonos a imagen del otro lado, el lado del dios vaciado de sí. Vaciándonos de nosotros.

Ese hueco de sí que es el sí a toda creación.
Ese vacío que se abre luz.
Que se enciende creación.


(IX

Hay que redimir a dios de dios,
hay que devolverle
su ausencia:

borrar los bordes
de los que nos aferramos a él.
)





LOS PARAíSOS PERDIDOS


El paraíso está clausurado y el querubín se halla tras de nosotros; hemos de dar la vuelta al mundo para ver si quizá se encuentra abierto aún en algún lugar por el otro lado, por detrás.

Heinrich von Kleist


I

NOCHE ADENTRO Y NO DUERMO

A lo lejos, en un atardecer
en que el otoño
es un lugar en mi pecho,
comienzan a encenderse las ventanas,

mi nostalgia
por estar donde bien sé que al llegar
volvería a estar afuera.

duelen los ojos de soñar tan a lo lejos

la frente de pensar
lo impensable de tanta vida
que no he abrazado,
tanta deuda de lo que no he nacido.

Poco a poco se apagan las luces,

es el lindero de una noche y otra noche,
la frágil vecindad
del miedo y la esperanza.

El último día podría ser éste que termina,
esta noche
en la que aún escribo

igual, pero sin una ausencia nueva
para seguir esperando.



II

No somos pecadores sólo porque hayamos comido del árbol del conocimiento, sino también porque no comimos del árbol de la vida.

Franz Kafka


La vida es vida generándose, fecundándonos, y en la vida de cada uno se cumple rebasándose. Ese rebasarse es nuestra sed, nuestro deseo de ser allende donde estamos, más allá de lo que somos. Sed por no haber sido en un pasado lejano y ya perdido, sed por ser lo que no seremos en el futuro inalcanzable que nos falta y nos faltará vivir.

Nuestra libertad es más ancha que el mundo que habitamos y nuestro deseo más hondo que la tierra de la que brotamos, a ese desfasaje, a esa herida fundante la llamamos finitud, otras veces trascendencia o libertad, siempre más, siempre por ser. Finitud sentida como impotencia de concretar en una vida la temporalidad que se conjuga en el verbo vivir; como deseo e imposibilidad de abarcar la alteridad, lo inagotable de nosotros mismos pero no en nosotros, en la errancia sin horizonte del trascender que nos constituye desposeyéndonos de todo aquí, quitándonos techo, llamándonos a seguir.

Tanto en el ingenuo deseo como en la exacerbada exigencia de que las palabras coincidan con la realidad o que el silencio las revele -para ponderar un ejemplo-, se repite un rasgo perenne de la condición humana: medir las cosas, y a uno mismo, con lo que ni fue ni es ni será, con ese arcano Pardés, Edén, Valle de jade o Jardín de las Hespérides, con esa mítica edad de oro o ese corazón de la realidad del que in illo tempore fuimos arrojados, el que nunca pisamos pero del que nos sentimos exiliados.

Cifras del deseo, íconos del inabarcable plus de los posibles sobre lo real, de lo potencial sobre lo actual, de la irrupción de un sentido que el significado no puede contener. Figuras de lo que nos falta encarnar, lo que gime por ser Todo lo que sentimos que nos falta, la imaginaria pero sentida deuda de lo que no llegamos a ser.


Apenas una brisa,
un estremecimiento en las hojas del roble,
un temblor que la piel acoge.

También la ausencia
es huella,
pasos sin pisadas y,
no obstante,
insoslayable camino.


Por algo de esto, todo narrar suele comenzar contando una pérdida, la pérdida inaugural, la que inicia la búsqueda de lo perdido, la ausencia tras la cual se parte; el duelo que pone en marcha al deseo, la falta que le faltará siempre a la identidad, la hendidura que la fisura alteridad de sí, posibilidad. También fracaso.

La religión, en su acepción de religare, con su prefijo "re", atestigua un intento de recuperar lo que se tuvo, la pertenencia, la ligazón que ya no se posee, o se tiene pero como nostalgia, anhelo de lo perdido, carencia que llama. La filosofía, ese amor a la sabiduría, o ese eros por el saber, testimonia en ese aspirar, en esa conciencia desdichada, que no tiene lo que se desea y, lo que se busca, es lo que alguna vez tuvieron los "siete sabios de Grecia", mítica figura de un saber perdido, de un sapere que era un saber y un sabor, un gustar la vida, una experiencia y no un mero pensar. Por su parte la música y la poesía, la estética, tienen en Orfeo, canto y lira, su arquetipo, su origen. Orfeo funda su canto en la pérdida, desciende al Hades, sombras allende toda luz, toda razón, intentando recuperar a Eurídice, la amada y, como tal, el amor. Orfeo, sabemos, la pierde, de esa pérdida nace su canto, el canto que da voz a la ausencia, que busca volverla a abrazar.


III

La marcha desde el árbol del conocimiento al árbol de la vida tiene algo de inquietante. Pero no podía retroceder al desierto que quedaba a mis espaldas.

Ernst J�nger


Occidente es la estela de una pérdida, pérdida original, ancestral, y por eso mítica y poética, también filosófica y religiosa. Ausencias que nos constituyen: Occidente parte perdido, pero esas pérdidas son su Oriente, lo orientan, orientan nuestra errancia, señalan.

Paradoja y finitud de lo que sin haber sido sigue estando, sigue midiendo y juzgando la realidad: el trasfondo idealista con que solemos pesarla y en consecuencia devaluarla, sentir que nos defrauda. Paradoja tan real, en su incidencia existencial, como la más estricta lógica a la que nos solemos aferrar. Quizás porque la paradoja, lo que la lógica no abarca y desde donde rebasa, sea la figura del conocimiento que corresponda a lo que de trágico tiene la vida, al no coincidir nunca el deseo con la necesidad, la mano con la mirada, la sed con el agua, el límite con lo inconmensurable.

La realidad no se agota en lo que es:
ni la palabra en lo que dice,
ni la vida en quien la vive.

Ni todo en todo ni nada en nada.
La realidad no es lo que ya es,
la realidad es creando.



Y esos paraísos, como toda tierra o todo sueño, también tuvieron su lenguaje, su parresia: rimados y en versos, como cuentan las leyendas o piado por los pájaros como narran otras sagas más audaces; de humanos o de aves pero también él, aunque perdido, sigue siendo anhelado, buscamos saber decirlo.

Lenguaje edénico en el que el nombre y lo nombrado, la palabra y lo mentado, fueron identidad sin residuo, sin desborde ni sustracción, sin herida ni sutura... Sin contradicción. Jardín del Edén sin la sombra de Babel: sin sus plurales, sus posibles y sus fisuras, sus erratas y balbuceos... Jardín sellado, identidad replegada sin su temporalidad errante que exiliándolo de sí lo conjuga narración, lo abre historia, lo obliga a la traducción, lo llevan más allá de sí. La fecunda polifonía que hace del exilio un jardín y del sembrar un camino.


Tiempo
de bajamar

algunos graznidos,
lo que el mar abandona
en la arena
y esta soledad de ser
solo a medias.

Es la hora
de la melancolía,
la de la ausencia
de lo que nunca estuvo
y lo sentimos más propio:
lo que todavía de nosotros
no dimos a luz en la vida.







Hugo Mujica nació en Buenos Aires en 1942. Estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Esta gama de estudios se refleja en la variación de su obra que abarca tanto la filosofía, como la antropología, la narrativa como la mística y sobre todo la poesía.
Entre sus principales libros de ensayos se cuentan "Kyrie Eleison" (1991), "Kénosis" (1992), "La palabra inicial" (1995), "Flecha en la niebla" (1997), "Poéticas del vacío" (2002), "Lo naciente" (2007), "La casa y otros ensayos" (2008) y "La pasión según Georg Trakl" (2009). "Solemne y mesurado" (1990) y "Bajo toda la lluvia del mundo" (2008), son sus dos libros de cuentos.
Su obra poética, iniciada en 1983, ha sido editada en Argentina, España, Italia, Francia, México, Estados Unidos, Chile, Eslovenia y Bulgaria. En 2005 Seix Barral la publicó en "Poesía completa. 1983-2004", en 2011 se editó su último libro de poesía: "Y siempre después el viento". Su vida y sus viajes han sido el material principal de su obra, hitos como el haber vivido y participado de la década de los 60 en el Greenwich Village de Nueva York, como artista plástico, o el haber callado durante siete años en el silencio de la vida monástica de la Orden Trapense, donde comenzó a escribir, son algunos de los mojones de su historia.
En 2013 recibe el premio Casa de América en España por su obra "Cuando todo calla".

Preguntas, sugerencias y colaboraciones enviar al correo-e:     pcnetinfo@panoramacultural.net